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Libia no halla su camino en la era post Gadafi

Las milicias se resisten a perder su autonomía y los poderes Legislativo y Ejecutivo son aún muy débiles. Hoy prima la violencia.

  • Libia no halla su camino en la era post Gadafi | Foto archivo
    Libia no halla su camino en la era post Gadafi | Foto archivo
20 de octubre de 2013
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La continua insubordinación de las antiguas milicias libias, los asesinatos en Bengasi, la caída de la producción de petróleo, la debilidad del Gobierno y de las fuerzas de seguridad o el reciente secuestro del primer ministro, Ali Zidán, lo evidencian: dos años después de la muerte de Muamar al Gadafi, Libia no acaba de encontrar su camino hacia la estabilidad.

"Más de dos años después del estallido de la revolución de febrero, las repercusiones negativas de la revuelta continúan, si es que no han aumentado", declaró a Efe Intisar Mubarak al Akili, antigua diputada del Consejo Nacional de Transición, que se encargó de dirigir la Libia rebelde hasta la caída del régimen dictatorial.

El 20 de noviembre de 2011, unas pocas horas después de la toma de Sirte, el último bastión que permanecía en manos gadafistas, Muamar al Gadafi, el hombre que había gobernado el país a fuego y hierro desde 1969, fue capturado por los rebeldes, torturado y asesinado.

Su muerte marcó el triunfo del levantamiento popular armado que había comenzado en febrero de ese año y abrió de par en par las puertas hacia la construcción de una nueva Libia. Sin embargo, la realidad se ha acabado imponiendo y dos años después, el país se ha atascado en las arenas movedizas de la incertidumbre política, económica y de seguridad.

En Bengasi se han contado más de 70 asesinatos, sobre todo de agentes de seguridad, los atentados contra las misiones diplomáticas se repiten y las protestas mantienen bloqueada la producción de petróleo, única fuente de ingresos en el país.

Muchas milicias se resisten a perder su autonomía y numerosas disputas tribales y locales desembocan en enfrentamientos debido a la proliferación de armas, un fenómeno favorecido por la permeabilidad de las fronteras, abiertas también al tráfico de drogas, personas y grupos armados.

Ante esta situación, Al Akili, aunque asegura no haber perdido la esperanza que despertó en ella la victoria revolucionaria, no oculta su amargura.

"La situación no es sombría, pero tampoco augura una pronta solución a todos los problemas", indicó esta abogada, para quien el Estado de Derecho con el que sueñan los libios aún está lejos.

El activista y presidente de la comisión Jurídica del Observatorio Libio de los Derechos Humanos, Al Mahdi Saleh Ahmid, confiesa su frustración por la deriva que han tomado los acontecimientos.

"Dos años después de la revolución esperábamos que la seguridad mejoraría, que la justicia se haría realidad (...), que regresaría el bien y la felicidad, que crecería la economía y que los libios recuperarían su prosperidad. Pero no era más que un sueño. Nada de esto se ha cumplido más allá de un aumento de la libertad de expresión", dijo Ahmid.

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