Léalo exacto, sin parar: dicenquemuchosnoleen, quenolesgustayquecuandolesdaporleertampococomprenden,quenotienentiempodedetenerse,devolveraltextoyentonces haypreocupación.
Tal vez le va a tocar devolverse para hacer las pausas y comprender. Releer. Porque aunque muchos expertos coinciden en que no estamos bien en los niveles de lectura, si bien estamos en un proceso, hay una preocupación más: leer, sin comprender.
"La lectura desarrolla el cerebro, porque hay que crear imágenes y entender el contenido que se está leyendo. Esa es la parte en la que más fallamos los colombianos: en comprender los contenidos. Es posible que nos estemos iniciando en la lectura, que la promoción nos tiene animados, pero no es solo pasar por encima del significado de las palabras", señala Enrique González, presidente de la Cámara Colombiana del Libro.
En Colombia las pruebas Saber-Icfes sirven de instrumento para diagnosticar el estado de la competencia lectora. Según Saber 2011, el promedio de los estudiantes de Medellín es de 47.4. "Resultado evidente de que aún estamos por debajo del nivel medio de lo que se espera, aunque en términos generales, en lenguaje se ha avanzado en los últimos años", comenta Alexándra Peláez, subsecretaria de Calidad de la Secretaría de Educación de Medellín.
Los jóvenes son los primeros a los que se mira. Es constante la queja de los profesores: lo experimentan en las clases. Los docentes de la universidad les tiran la pelota a los del colegio y unos y otros van señalando. No es de culpables. Además, no es un problema de los jóvenes solamente.
Comprender es un proceso psíquico superior, señala Sonia López, magíster en lingüística. Saber leer no es solo discriminar fonemas sino hacer relaciones entre las palabras y su significado, encontrar qué dice el texto, más allá de lo evidente.
Comprender implica, como proceso, niveles: conceptualizar, crear hipótesis, indagar, hacerle preguntas al texto, debatir y revelar lo que esconde. Detenerse.
No se puede seguir en un texto si hay una palabra que no se entiende, una frase que no se reconoce, pero "uno de todas maneras sigue leyendo y empiezan a generarse vacíos conceptuales que lo que finalmente producen es una incomprensión del tema. Jamás se dice no lo leí bien, sino que está muy difícil", explica Sonia. La comprensión no es compatible con el afán. La compresión de lectura está mediada por la economía de tiempo.
No se comprende porque no se lleva el proceso fielmente. No se busca, no se espera, no se le da su espacio. Hay dispersión: está el teléfono, el computador, el trabajo. Todo al tiempo.
Ahora bien, no es que esté mal ser multitarea. Es, incluso, fundamental entender que los jóvenes de ahora tienen una forma distinta de leer, dice Patricia Pulgarín, profesora de Análisis Textual de la Universidad Eafit, y, de esos nuevos lenguajes, que incluyen las imágenes, los videos, por ejemplo, hay que ocuparse y revisar si ha cambiado la manera de conceptualizar.
No obstante, la preocupación no puede irse, porque lo uno no excluye lo otro: las responsabilidades laborales siguen, los informes no desaparecen, las lecturas hay que seguirlas haciendo. "El mundo -añade Patricia- no se puede reducir a un mensaje de texto, a las redes sociales, porque la vida no transcurre solo en ese espacio".
Quizá el reto actual es en doble vía: comprender los nuevos lenguajes y comprender los de siempre. Didier Álvarez, profesor de la Escuela de bibliotecología de la U. de A., expresa que el problema es que la gente no es capaz de hacer algo con la lectura. "Despúes de leer, el lector no puede ser el mismo".
No comprender supone distorsiones. Decir que los textos dicen cosas que no dicen. No poder argumentar, ni interpretar, ni validar.
Tampoco es pensar la lectura solo en términos académicos. Eso no ayuda a la comprensión. No hay que comprender los textos para una tarea. No se puede seguir relacionando la lectura solo con el estudio. Es una alternativa nada más. Disfrutar es una opción.
Además, no puede ser una labor de los profesores de español, de literatura, de análisis textual. La responsabilidad está, cuenta Patricia, en todas las materias. En cultivar la lectura y la interpretación en los niños y no olvidar a los adultos. También supone crear espacios: leer, y, comprender especialmente, necesita una silla. Sentarse con esa lectura y no ser infiel n
"El mundo no se puede reducir a un mensaje de texto, a las redes sociales, la vida no transcurre solo en ese espacio".
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