Por asuntos académicos, alguna vez entré a un caserón para recoger unos viejos textos que no revestían interés para su propietario. Cuando la anfitriona abrió la puerta, dejó ver a su espalda una impresionante obra de arte.
Al pasar al salón donde se hallaba el cuadro (casi tan grande como la pared), le mencioné cuánto me gustaban los lienzos fantásticos y coloridos del autor: Carlos Jacanamijoy .
- “¿De quién?”, preguntó ella con extrañeza.
- Jacanamijoy, repetí.
- ¡Ah!, es que las cosas de la casa me las puso la decoradora”, acotó. Y cambió de tema.
***
El maestro Édgar Negret falleció el jueves, pero en Antioquia ya lo habíamos matado.
Lo asesinamos -lentamente- desde el instante en que instalamos su obra “El Sol” en la glorieta del parqueadero del aeropuerto internacional José María Córdova.
La escultura, compuesta por una serie de láminas gruesas de metal cuya disposición -aparentemente caprichosa- emula los rayos del sol, está instalada sobre un inmenso bloque de cemento.
Empecemos por lo elemental: no tiene nombre, no existe. En la base no hay una placa que identifique la obra y su autor. Los orificios de ensamble de los bloques de cemento tienen pedazos de basura: desde recibos de pago hasta la cabeza de un caballito de juguete.
“El Sol”, como arte público, debería estar expuesto al contacto humano y no aislado, como chatarra: en la rotonda no es posible apreciar la obra de cerca, pues está rodeada de grama, sin senderos peatonales. Los niños y adultos podríamos jugar con ella, observar los haces de luz solar entrecruzarse y luchar con los rayos de metal.
Pero no… ahí sigue eclipsado “El Sol”: en medio de un prado mal podado, con colillas de cigarrillo, botellas de gaseosa y excrementos de animal.
Ah, pero eso sí, con hileras de agapantos para “embellecer” el entorno. Rodeado de flores, como las tumbas dignas.
La escultura ya perdió su color carmesí original. El óxido la carcome. Y cada vez está más desteñida, como si el mismo sol, celoso, se ensañara contra ella.
¿Cómo exhibe, por ejemplo, el aeropuerto Madrid-Barajas las obras de Oswaldo Guayasamín, Joan Miró o Fernando Botero , entre muchas otras? ¡El arte demanda mantenimiento!
(¿Un ejemplo cercano de arte público bien cuidado? Los Propileos, de Ronny Vayda , en el campus de Eafit).
Como la señora de la anécdota, le damos la bienvenida al visitante con una hermosa obra de arte de la cual no sabemos nada. La puso la decoradora. Sí, el colmo del esnobismo: el arte como pose social y no como patrimonio, memoria de la comunidad.
“El Sol” fue la primera -y deshonrosa- muerte de Édgar Negret.
Nada anhelo más en este momento que los administradores del lugar sientan un mínimo de vergüenza y, como homenaje póstumo a Negret, resuciten lo que no puede morir de él: su obra.
Descanse en paz, maestro, su Sol tiene que volver a brillar.
As bajo la manga: ¿Cuántas obras de arte público están condenadas al abandono?.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8