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LAS COSAS NO ANDAN BIEN

  • Paul Krugman | Paul Krugman
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08 de febrero de 2012
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En un mundo mejor, específicamente, un mundo con una mejor élite política, un informe sobre el empleo sería causa de celebración pura.

En el mundo que habitamos en realidad, no obstante, todo hecho rescatable tiene su aspecto negativo. El informe del pasado viernes fue, a decir verdad, mucho mejor de lo esperado, y ha hecho que muchas personas, me incluyo, sean más optimistas.

Sin embargo, existe un peligro real de que este optimismo sea contraproducente porque alentará y dará poder al grupo de las purgas y las liquidaciones.

Así es que, respecto a ese informe sobre el empleo, es genuinamente bueno, desde luego en comparación con la monotonía que se ha vuelto la norma. Notablemente y para variar, el desempleo a la baja fue lo auténtico, que reflejó una disponibilidad creciente de empleos en lugar de trabajadores que abandonaban la fuerza de trabajo y que, por lo tanto, no aparecieran en la medida del desempleo.

Más aún, no es difícil ver cómo esta recuperación pudo llegar a ser autosustentable.

En particular, en este momento, hay en Estados Unidos un déficit de vivienda según estándares históricos porque hemos construido muy pocas casas en los seis años desde que reventó la burbuja de la vivienda. El principal obstáculo del repunte de la vivienda es una caída drástica en la integración de hogares, jerga económica para los montones de adultos jóvenes que viven con los padres porque no pueden darse el lujo de mudarse.

Hay que permitir que suficientes estadounidenses encuentren empleo y formen sus propios hogares, y consigan vivienda para que lo que nos metió en esta crisis pueda impulsarnos a salir de ella.

Dicho lo cual, nuestra economía sigue estando profundamente deprimida. Como señala el Instituto de Política Económica, empezamos el 2012 con menos trabajadores empleados que en enero de 2001, cero crecimiento en 11 años, mientras la población y la cantidad de empleos que necesitamos aumentaban constantemente.

El Instituto estima que incluso con el ritmo en la creación de empleos en enero, regresaríamos al pleno empleo hasta 2019.

Y nunca debemos olvidar que la persistencia del desempleo elevado ocasiona un daño enorme y continuo a nuestra economía y nuestra sociedad, aunque el índice baje gradualmente. Hay que tener presente, en particular, el hecho de que el desempleo a largo plazo sigue en niveles no vistos desde la Gran Depresión.

Así es que este alentador informe sobre el empleo no debería llevar a aflojar ningún esfuerzo por promover la recuperación. El pleno empleo aún es un sueño distante -y eso es inaceptable-. Los formuladores de políticas deberían hacer todo lo que puedan para hacer que volvamos a tener pleno empleo tan pronto como sea posible. Desafortunadamente, no es así como lo ven muchas personas con influencia en la política.

Muy temprano en esta crisis -básicamente, tan pronto como empezó a alejarse la amenaza de un colapso financiero total- una cantidad significativa de personas dentro de la comunidad política empezó a exigir un final prematuro a los esfuerzos por apoyar a la economía. Algunas de sus demandas se centraron en lo fiscal. Sin embargo, también ha habido repetidas exigencias de que la Reserva Federal y sus contrapartes en otros países encarezcan el dinero e incrementen las tasas de interés. ¿Cuál es el razonamiento detrás de esas demandas?

Bueno, sigue cambiando. A veces se trata del supuesto riesgo de la inflación: se han hecho llamados a encarecer el dinero con cada repunte en los precios al consumidor, ahora, ahora, ahora. Y los halcones de la inflación en la Reserva y otras partes parecen no inmutarse ni por la forma en la que sigue sin ocurrir la pronosticada explosión de la inflación, ni por los resultados desastrosos de abril, cuando, en efecto, el Banco Central Europeo incrementó las tasas, ayudando a desencadenar la actual crisis europea.

Pienso en esto como el impulso de purgar, por Andrew Mellon, el secretario del Tesoro de Herbert Hoover, quien lo exhortó a permitir que la liquidación siguiera su curso para "purgar la podredumbre" que él creía afligía a Estados Unidos.

Y cada vez que tenemos algunas buenas noticias saltan los tipos en pro de purgar y liquidar para decir que es momento de dejar de centrarse en crear empleos.

Así es que esto es lo que se necesita decir sobre las cifras más recientes: sí, nos está yendo un poco mejor, pero no, las cosas no están bien, ni remotamente bien. Todavía es una economía terrible, y los formuladores de políticas deberían estar haciendo mucho más de lo que hacen para mejorarla.

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