A sus 14 meses de edad, cuando apenas empieza a descubrir el mundo, Mateo Castañeda Lezcano desconoce que en dos oportunidades estuvo más del otro lado que de éste: cuando recibió su primera dosis de quimioterapia y cuando, por la falta de la aprobación de un copago de 63.000 pesos estuvo a punto de perder su única oportunidad de sobrevivir.
Su drama comenzó a los cinco meses de edad, cuando su madre Luz Denis Lezcano David notó que su estómago estaba "muy grande" y el pequeño se veía amarillento.
Adscrita al Sisbén, lo llevó a unas urgencias en San Antonio de Prado donde le dijeron que no se preocupara, que "todos los bebés son barrigoncitos", y le recetaron solución salina.
Por suerte el instinto materno es, en las más de las veces, más sabio que la opinión de muchos expertos. Luz Denis procedió entonces a pedir la cita de control de crecimiento y desarrollo. A Mateo lo revisaron y le dijeron que todo estaba muy bien. Ella hizo notar el abultado estómago de su pequeño y fue entonces cuando el médico, que no era pediatra, lo revisó y le dijo que el niño tenía "algo grave en el hígado" y decidió hospitalizarlo.
De allí lo remitieron al Hospital San Vicente de Paúl donde fue atendido por un hepatólogo que, tras formular un TAC, encontró una masa grande que comprometía la mitad derecha y parte de la izquierda del hígado. Le hicieron varias biopsias y los resultados confirmaron la malignidad.
A partir de entonces comenzó el calvario para Luz Denis y su esposo Henoc de Jesús Castañeda. Al drama de su hijo se sumó la pérdida de empleo de Henoc. "Fueron meses muy duros, con el niño grave, hospitalizado y muchas veces sin tener siquiera para los pasajes o para comer", recuerda Luz Denis. "Gracias a Dios en el hospital nos colaboran mucho y el equipo médico es excelente. Sinceramente no tengo palabras para agradecerles".
Cuando a Mateo le pusieron la primera dosis de quimioterapia la reacción fue casi mortal, "tuvo una crisis de muerte", recuerda Luz Denis. Por fortuna la reacción a las siguientes dosis fue más tolerable.
La meta de los galenos era controlar el crecimiento del tumor y preparar al pequeño para una cirugía "de vida o muerte".
Pasados varios meses Henor volvió a conseguir trabajo como conductor de taxi y esto le permitió contar tener cubrimiento de salud para él y su familia con Salud Total. Y aunque debería pensarse que era la solución a los problemas, no fue así.
"Lo primero que quisieron fue remitirnos a otra institución médica y me tocó poner un derecho de petición que falló a nuestro favor". Entre tanto el tratamiento a Mateo seguía su curso.
Llegó el momento de requerir una resonancia magnética, la cual fue solicitada por los especialistas con carácter de urgente, necesaria para programar su cirugía.
"Aunque era ya un asunto de vida o muerte, empezaron a hacerme dar vueltas, trámites, demoras, pérdida de idas en busca de la orden. Me decían que primero tenían que atender a los niños que ellos tenían hospitalizados", dice Luz Denis aún con dolor.
Pasó más de un mes en este proceso hasta que los oncólogos le dijeron que si no operaban a Mateo en 20 días moriría. Por fin aprobaron que se hiciera la resonancia pero no reconocieron el copago de 63.000 pesos que, de acuerdo con la clasificación de enfermedad catastrófica y de alto costo se debe exonerar.
La suerte estuvo de parte de Mateo. Hace dos meses lo operaron y sobrevivió. Aún le falta seguir su tratamiento.
Y Luz Denis no sabe cómo hará para cancelar el pagaré de los 63.000 más otro de un millón doscientos que ya había firmado. El drama sigue.
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