"Buenas tardes, mi comandante en jefe", respondió el ministro de Alimentación Félix Osorio, un coronel activo del Ejército, al presidente Nicolás Maduro durante la inauguración de un supermercado de la red estatal Pdval en Clarines, al oriente de Venezuela, el pasado sábado. Las alusiones al jefe del Estado por su cargo militar no establecen mayores diferencias con la gestión del fallecido Hugo Chávez. Maduro, un ex sindicalista sin estudios universitarios, luce cómodo y cada vez más se rodea de militares en la administración pública. Como lo hacía su antecesor, el mandatario se presenta en los cuarteles con discursos que reivindican el legado del líder
Maduro no es Chávez, no tiene su talento ni carisma, pero ha preservado el lenguaje militar y sus formas de organización, que han terminado por liquidar la República civil. Su dolor de cabeza es la carestía de productos de primera necesidad y una imparable inflación. En el último año los alimentos aumentaron 70% de acuerdo a los índices del Banco Central de Venezuela (BCV).
El índice de escasez trepó a 21,2% en septiembre. La cifra suele ser un promedio que muchas veces enmascara un panorama aún más trágico. En Caracas 17 alimentos básicos traspasaron el pasado mes del 41% de escasez. En 85,8 de cada 100 establecimientos visitados por el BCV no había leche completa en polvo, en 85,3 faltaba el azúcar, en 84,2 los aceites mezclados, en 71,4 la harina de maíz precocida y en 62,3 la mantequilla.
Esos terribles resultados obedecen al colapso del modelo económico que estableció el chavismo desde 2003, que consiste en un severo control de cambios, que ha multiplicado por siete el valor del dólar preferencial (Bs 6,3 por dólar) en el mercado negro, y la masiva importación de productos para paliar las fallas de producción nacional. Maduro no ha mostrado la menor intención de modificar el rumbo porque hacerlo traicionaría el legado de Chávez. Sin embargo, con el líder fuera de juego sus herederos han mostrado sus cartas y se dividen en un ala pragmática, encabezada por el ministro de Finanzas, Nelson Merentes, y el ala ideológica, cuyo máximo representante es el titular de Planificación Jorge Giordani.
Merentes es partidario de flexibilizar el rígido control de cambios, establecer un sistema que provea de dólares al sector privado para que cumpla con sus obligaciones y continúe importando. Giordani ha visto que esta coyuntura es la oportunidad para seguir profundizando un modelo estatista de inspiración cubana que reduzca la participación del capital privado en la dotación de bienes y servicios.
Una de las preguntas que se hacen los analistas es qué hubiera hecho Chávez en esta situación. El Presidente siempre sabía detenerse frente al abismo y era capaz de retroceder para esperar la mejor oportunidad y avanzar de nuevo. Sus seguidores, imantados por su liderazgo, sabían comprender cada una de sus decisiones debido a la enorme ascendencia que tenía. No es el caso de Maduro, a quien sólo le queda avanzar en el plan de radicalizar la autodenominada revolución bolivariana. Cualquier marcha atrás sería de inmediato interpretada como una capitulación frente a los enemigos históricos del chavismo.
Por esa razón el Presidente ha preferido radicalizarse porque en el fondo se sabe débil. Es en ese marco que debe entenderse la reciente creación del Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria y el nombramiento del mayor general del Ejército Gustavo González López, removido en el pasado del cargo de presidente del Metro de Caracas por supuestos actos de corrupción. Esta instancia podrá requerir información a cualquier ente estatal o privado y estos estarán obligados a entregarla. Asimismo, tendrá la facultad de determinar qué información pública quedará reservada para cumplir su misión principal de monitorear y neutralizar la "actividad enemiga interna y externa".
La primera víctima de ese intento por criminalizar a la prensa es el tabloide 2001, del grupo De Armas, que en su nota principal denunció las restricciones en la venta de gasolina y las largas colas para llenar el tanque de los vehículos. El plan es claro: mientras se soluciona la crisis de abastecimiento, si algún día se soluciona, el gobierno buscará la manera de acallar a quienes lo denuncian calificándolos de enemigos internos. Los herederos no quieren fallarle al maestro.
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