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LA SORPRESA ESCOLAR DE MITT ROMNEY

  • LA SORPRESA ESCOLAR DE MITT ROMNEY
01 de junio de 2012
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El discurso de Mitt Romney de la semana pasada, en el cual introdujo su plan de reforma educativa a un grupo de líderes latinos en Washington, llamó la atención más que todo porque criticó a los sindicatos de profesores y apoyó los bonos de los colegios privados. Pero esos aspectos eran perfectamente predecibles para un candidato republicano y no eran especialmente noticiosos.

Pero otra porción de su plan que puede alejarse un poco de los puntos normalmente discutidos por los conservadores casi no recibió atención: Romney le daría a estudiantes pobres y discapacitados el derecho a atender cualquier colegio público o privado en su estado.

Esto puede ser una promesa vacía. Pero al sugerir que, en efecto, niños de la ciudad tienen derecho a inscribirse en colegios suburbanos, Romney está impulsando una poderosa tendencia que lleva unos 50 años y que ha tenido el apoyo de republicanos y demócratas.

Durante el último medio siglo, casi toda reforma educativa, desde la desegregación hasta la elección escolar, se ha cuidado de mantener a los estudiantes de la ciudad y los de los suburbios separados. Los buses para la integración rara vez cruzaban el límite entre la urbe y el suburbio, gracias a una decisión tomada por la Corte Suprema en 1974, lo cual significó que los estudiantes suburbanos no tendrían que participar en la desegregación de los colegios urbanos ordenada por la Corte.

La mayoría de los planes de elección escolar han seguido el mismo modelo al ofrecerles a los estudiantes opciones entre los colegios dentro del mismo distrito. Un ejemplo perfecto es el Acta de No Child Left Behind (Ningún niño se queda atrás), que permite a los niños que asisten a un colegio que está "fracasando" elegir otro colegio, desde que esté dentro del mismo distrito.

Estas reformas coinciden en que han protegido la exclusividad de los colegios públicos suburbanos y se han asegurado que los estudiantes citadinos se queden quietos en los colegios de la ciudad.

La propuesta de Romney, de implementarse, podría cambiar esto. Más directamente, y tal vez más dramáticamente, la propuesta de Romney obligaría, sí, obligaría, a los distritos suburbanos a aceptar a estudiantes de la ciudad, un paso que la Corte Suprema se negó a tomar en 1974. Como lo dijo Romney en un libro blanco revelado la semana pasada, él requeriría que los estados adoptaran políticas de "inscripción abierta que permitan a los estudiantes elegibles asistir a los colegios públicos por fuera de sus distritos".

Al hacerlo, la propuesta de Romney se enfrentaría al verdadero origen de la desigualdad educativa en este país: los límites entre distritos escolares, que aíslan a los sistemas exitosos de los fracasados. Las desigualdades más flagrantes en la educación hoy existen entre distritos escolares, no dentro de ellos.

Si la propuesta de Romney es sincera, lo pondría lejos y bien hacia la izquierda de la administración Obama cuando se trata de oportunidades educativas.

Obama se ha enfocado hacia mejorar las evaluaciones de los profesores, promover estándares académicos comunes, darles la vuelta a colegios que están fracasando y aumentar los colegios privados. ¿Muy bueno y sensato? Tal vez. ¿Audaz? No tanto. Audaz es darles a los niños pobres de la ciudad el derecho a asistir a los colegios buenos suburbanos.

Claro que la aparentemente audaz propuesta de Romney podría resultar no serlo tanto, y él mismo se dio un poco de flexibilidad. Propone que sólo los colegios con 'capacidad' estarán obligados a aceptar estudiantes de afuera, lo que podría darle una disculpa fácil, "lo sentimos, estamos llenos", a los colegios que no tienen interés en recibir a estudiantes pobres.

Además, la propuesta de Romney no ofrece detalles en cuanto a asuntos cruciales como transporte o si los recaudos tributarios locales también seguirían al estudiante. Y puede que sea simplemente una forma indirecta de promover los bonos para los colegios privados: primero sugiere la idea de que los estudiantes pobres y discapacitados deben tener la posibilidad de elegir colegio, pero luego crea opciones realistas sólo en el sector privado.

Pero por ahora, es suficiente reconocer que la campaña de Romney ha introducido una idea intrigante, una sobre la cual ambos candidatos deben ser interrogados: ¿Deben los estudiantes en colegios que están fracasando tener el derecho a transferir a un colegio exitoso, aunque éste quede en otro distrito? De ser así, ¿cómo funcionaría? De no serlo, ¿por qué no?

Respuestas a estas preguntas ayudarían a esclarecer las posiciones de Romney y de Obama en cuanto a asuntos básicos de oportunidad educacional.

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