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La masa apática e indiferente

04 de octubre de 2013
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Las encuestas centradas en medir la sintonía de las emisoras de la ciudad, y en particular de aquellas que emiten música académica o clásica, ubican esta población de oyentes en, aproximadamente, unas 40 mil personas. Esta cifra de amantes de los sonidos más exquisitos y perfectos jamás concebidos en la historia de la humanidad, parecerían suficientes para llenar los teatros especializados de Medellín. Sin embargo, la realidad es otra, ybien triste. Conciertos y recitales con las más afamadas orquestas y los solistas más consagrados de la escena mundial; artistas en el más estricto sentido de la palabra, con trayectorias históricas, se presentan en escenarios semivacíos ante el desconsuelo de entidades culturales que con profesionalismo y pasión arriesgan todo con el único fin de darnos algo de dignidad sonora.

Si, por ejemplo, el Teatro Metropolitano se llena con aproximadamente 1.200 personas, y si el público potencial de estos espectáculos es de 40 mil, según las encuestas radiales (por citar apenas un parámetro de medición que no es definitivo), resulta entonces inexplicable que el promedio de asistencia a presentaciones con formaciones musicales que llenan salas en Berlín, New York o Madrid, apenas alcance las 500 o 600 personas. Y vamos un poco más allá. Si consideramos la enorme cantidad de estudiantes de música inscritos en las facultades universitarias, institutos o en pequeñas escuelas, la cifra de “tocados” por lo clásico puede elevarse considerablemente. Hay pues público, pero en términos teóricos. Sí hay un público ya establecido, conocido y conocedor que aprecia el valor artístico, que entiende el esfuerzo de quienes asumen la noble labor de educar oídos, acariciar sensibilidades, de llegar al alma a través de sonidos. Ese público, por su tamaño reducido y limitado, es denominado como un “club” -con cierta alegría/desesperanza- por quienes programan música clásica en salas de la ciudad.

Crecer públicos, educar públicos, tarea enorme de medios serios, de padres de familia, de esa maravillosa testarudez con la que trabajan emisoras y entidades culturales como Interdís (que presenta el 10 y 11 de octubre su Noveno Festival Internacional de Música de Cámara Colombiana), Medellín Cultural (que trae a la ciudad al violonchelista Mischa Maisky en noviembre); las proyecciones desde EAFIT, Bellas Artes o la Filarmónica de Medellín, por citar unos pocos.

Alejar la masa de la apatía e indiferencia; orientarla, seducirla… Hay trabajo, y muy duro.

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