Mujeres desnudas y semidesnudas son lo primero que uno ve al ingresar a la casa de Bernardo Rivera Ruiz. No solo porque es la primera sala de la casa, sino porque él las muestra con orgullo.
Ciertamente son suyas, pero también son de Emiro Garzón, Olga Inés Arango, Jairo Lozano, Cristóbal Gaviria, Jaime Abril... los autores de los cuadros y las esculturas que engalanan la sala.
La historia y el arte han sido los polos a tierra de Bernardo Rivera Ruiz, un hombre que recorrió el aire durante 43 años.
Piloto de profesión, voló diez años con la Fuerza Aérea Colombiana y el resto con Helicol y varias compañías mineras. Cinco años piloteó aviones y los 38 restantes helicópteros. "Siempre me gustó más volar estos últimos porque antes uno podía aterrizar en cualquier parte del país".
Además, los horarios de vuelo le permitían devolverse en el tiempo para compartir con Bolívar, su héroe favorito. "Es una lástima que la educación actual no inculque nuestra historia. Hoy saben más de Enrique VIII, que de Antonio Nariño".
Bernardo fue uno de los 16 hijos de Juan Ángel Rivera y Rita Ruiz, un matrimonio oriundo de Guarne, su tierra natal, donde solo pudo cursar hasta quinto de primaria. "En ese entonces aquí no había bachillerato ni se conocía un médico, solo había curas y policías", recuerda.
Se fue a Medellín a estudiar bachillerato en el Seminario Mayor, terminó luego en el Liceo de Marinilla y de allí lo mandaron a prestar servicio militar a Usaquén, "con un vestidito de dril para enfrentar aquellos fríos".
Una estampita
En su familia no hubo parientes con aficiones culturales. Por eso cuando se le pregunta por está inclinación piensa y responde que de la Primera Comunión.
"Lo más hermoso que a uno le daban era la estampita del Niño Dios, cursi pero bonita. A mí me encantó. Yo diría que desde entonces nació mi amor por el arte".
El Capi, como lo llaman cariñosamente, cree también que todo ha sido posible, en parte, por la buena suerte.
"Empecé a comprar obras con platica que le podía capar al matrimonio; luego conseguí otras cambiándolas por tierra, por unos lotes que tenía". Otras son obsequios de los artistas y algunas las ha encontrado en casas viejas donde no las valoraban.
Uno de esos encuentros fue el de dos óleos del maestro Francisco Madrid, pegados en el techo de una casa y que datan del comienzo de su carrera artística.
Un legado
El arte vive en la casa de Bernardo. Nunca una obra está en el mismo sitio. Él las sube, las baja, las cambia de sala. La suya es una gran colección privada, explica el pintor y escultor José Cirilo Henao Jaramillo, que el Capi quiere compartir.
"Hace varios meses estamos tramitando ante el Ministerio de Cultura la forma de adquirir recursos para construir el museo de arte regional más grande del país", dice Henao Jaramillo.
El proyecto, para el cual el Capi donaría un terreno, requiere también del apoyo del Alcalde de Guarne.
Por ahora, previa cita, el público puede compartir esta colección en la que tienen igual protagonismo grandes como Rodrigo Arenas Betancourt, Germán Tessarolo, Salvador Arango, Omar Rayo, Olga Inés Arango, con nuevas revelaciones como Eivar Moya, los hermanos Pinto y muchos más.
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