El Gobierno ha dado a conocer el decreto 857 del 2 de mayo de 2014 con el cual se reglamentan, según titular de El Tiempo del 2 de mayo del presente año, página 3, "prácticas de inteligencia". No habiendo sido posible conseguir el texto de la disposición mencionada, no encuentro prudente referirme en extenso sobre su contenido, como sí es manifestar extrañeza ante la ligereza y laxitud con que se manejan materias de muy alta importancia para la seguridad nacional.
Por público el decreto, se pierde la confiabilidad. Habrá debates en el Congreso y en esta época electoral el asunto no puede sustraerse de la utilización política, en esencial contra el presidente Santos, a quien se inculpará por la divulgación de materias confidenciales.
Se advierte una confusión conceptual entre inteligencia y espionaje. Son materias diferentes pero estrechamente enlazadas. El espionaje se ha utilizado desde la antigüedad. La inteligencia es un concepto reciente, surgido en su carácter actual en la Segunda Guerra Mundial.
En Colombia se ha tomado a la ligera, como en general lo atinente a la defensa y la seguridad, al igual que la contrainteligencia. Dos anécdotas ilustran en forma jocosa el asunto.
Los comandantes de uno de los dos bandos acordaron hablar en francés. Discutían sobre la decisión de la ruta por tomar. Finalmente el comandante expresó su decisión nous irons pour Gacarí. El indio que cuidaba las cabalgaduras, impasible ante la discusión, intervino por fin, por Guacarí, como dice mi amo comandante no vayan a coger. Allá están los otros emboscados y los joden…
El otro caso de contrainteligencia ocurrió en el conflicto amazónico. Los pedidos de munición se hacían por telégrafo, de manera que para despistar al enemigo se dieron nombres de frutas. Uno de esos famosos telegramas decía: "favor despachar carácter urgente tres cajas de plátanos, 81 milímetros con sus espoletas…".
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