Íngrid Betancourt, quien fue rehén de las Farc durante más de seis años, defendió ayer en el Parlamento Europeo el diálogo como un arma para acabar con los conflictos, por lo que "hay que hablar con todo el mundo, en particular con los terroristas".
La colombiana pronunció un emocionado discurso ante el Parlamento Europeo, interrumpido en varias ocasiones por su propio llanto, y que provocó también las lágrimas en muchos eurodiputados.
La política, rescatada el pasado 2 de julio, expresó un especial agradecimiento al Parlamento Europeo por su compromiso "cuando el mundo no se interesaba por la suerte de los rehenes colombianos, y hablar de nosotros estaba mal visto".
Relató cómo hace cinco años pudo escuchar por la radio en la selva una crónica sobre el apoyo de la Eurocámara a la libertad de los secuestrados, y esto fue para ella una "primera liberación".
"Gracias a ustedes comprendí que no estaríamos más solos", dijo Íngrid Betancourt, quien consideró "un milagro" poder estar en esa sala.
Por ello, pronunció los nombres de los 29 rehenes en poder de las Farc aún "encadenados como bestias a un árbol", con la esperanza de que también escuchen ahora su discurso y recuerden que "aún están vivos".
Para la ex senadora, "debemos combatir con la palabra, la más extraordinaria de las espadas para acabar con la guerra en el mundo".
"Ya sea en Colombia, Darfur, Zimbabue, República Democrática del Congo o en Somalia, la solución siempre será la misma: hablar. Es indispensable reconocer el derecho de los otros a ser escuchados, no porque tengan razón o estén equivocados, porque sean buenos o malos, sino porque hablando podemos salvar vidas".
Betancourt ofreció una rueda de prensa en la que fue preguntada si en su opinión esta doctrina debe aplicarse a casos como el del reciente proceso que mantuvo el Gobierno español con ETA.
"Sí, hay que negociar, hay que negociar", respondió.
Argumentó que contra el terrorismo "hace falta paciencia y constancia", y recomendó "hablar con ellos" siempre que sea posible.
Betancourt afirmó que ella se dedicará a difundir su experiencia y convicciones donde pueda: "Hay muchos sitios donde me gustaría ir, pero el primero es sin duda mi país".
Pero aclaró que no volverá a hacerlo desde la política, ya que ahora no le parece "el instrumento adecuado para resolver los problemas que nos acechan".
"En Colombia no hay espacio para hacer una política diferente sin quedar contaminado, y creo que yo puedo ayudar a mi país sin entrar en el juego partidario".
Su intención es contribuir a una "reflexión tranquila y no polarizada" sobre cuestiones como la influencia del narcotráfico en los conflictos armados. Abogó por una "reflexión internacional y de fondo en el seno de ONU, sin hipocresía y doble moral", sino "constatando lo que vemos y sacando conclusiones".
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