A casi seis meses del devastador terremoto que acabó con más de la mitad de Haití, da tristeza y desconsuelo, con mucha frustración de por medio, que los damnificados no hayan encontrado sosiego para sus penas y, mucho menos, un lugar digno donde comenzar de nuevo.
Toda la parafernalia que se montó, con razón, días después del mayor sismo en la historia de la región, se fue diluyendo entre el olvido y las promesas incumplidas, pese a los esfuerzos de mucha gente que sigue apostada en ese país caribeño y que se resiste a abandonar a no menos de un millón de damnificados.
El crudo y revelador informe presentado ayer por Médicos Sin Fronteras es un golpe a la credibilidad de la comunidad internacional, que prometió todo para sacar a Haití de su eterno abandono. Los afectados siguen viviendo bajo condiciones extremas, las lluvias de la temporada agravaron los problemas de salud, y Haití parece condenado a desaparecer, hasta de los titulares de prensa.
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