En su reunión del pasado lunes, la Junta del Banco de la República ha dado señales claras de que, en un ambiente externo que todavía no se aclara del todo y uno interno en el que la inflación no sólo está controlada sino que se mantiene en niveles bajos, le preocupa lo que está pasando con el sector real y quiere que las políticas monetaria y cambiaria ayuden a recuperar el crecimiento.
Como se sabe, y tal como lo habían anticipado los operadores del mercado, el Banco decidió reducir la tasa de interés de referencia en 25 puntos básicos ubicándola en cuatro por ciento. Esto significa que, frente a un debilitamiento del crecimiento en el tercer y el cuarto semestre de 2012, se continúa aplicando una política monetaria expansiva que, al tiempo que apoya la dinamización del PIB, ayuda a la política cambiaria a controlar la revaluación de la moneda.
De igual manera, la Junta del Emisor decidió enfrentar de manera más decidida la apreciación del peso ampliando el programa de subastas a mayo de 2013 e incrementó el volumen de compras diarios a niveles no inferiores a 30 millones de dólares.
Hasta no hace mucho, el Banco se mostraba reacio a cambiar su programa de intervención a cuentagotas, pues consideraba que el mismo había sido exitoso. Además, sostenía que mientras no hubiese un mayor ahorro fiscal, no había espacio para ampliar la intervención. Sin embargo, el pasado lunes la Junta cambió su posición y ahora se lanza de manera más agresiva a comprar dólares.
Si el objetivo central es devolverle a la economía su dinamismo las medidas adoptadas por el Banco tienen un efecto limitado si el Gobierno no hace la tarea que le corresponde y actúa en varios frentes.
De una parte, el gasto público en infraestructura y construcción tiene que convertirse en la locomotora que impulse el crecimiento, pues por el lado de la demanda el Emisor está asegurando que el consumo y la inversión no pierdan su dinámica.
El Gobierno, que ha demostrado tener serios problemas de ejecución, tendrá que hacer un esfuerzo mayúsculo para superar esta limitación, pues presupuestalmente están asegurados los recursos para adelantar las obras que por tanto tiempo se han anunciado.
De otra, es necesario que las políticas sectoriales activas se implementen, no tanto con fines proteccionistas, pues con este fin poco efecto generan en términos de crecimiento y desarrollo, sino para fortalecer la capacidad productiva y competitiva de las empresas.
En materia cambiaria, el Gobierno, como lo ha dicho el Ministro de Hacienda, tendrá que adelantar una serie de acciones tendientes a frenar la entrada de recursos externos de origen público, al tiempo que deberá realizar compras de divisas como ocurrió en 2012. Sin este apoyo, muy seguramente los esfuerzos del Banco serán poco eficaces.
Si Colombia quiere hacer del comercio exterior una fuente de crecimiento es imperativo desarrollar la capacidad competitiva nacional, pues es claro que el aparato productivo no exhibe los mayores niveles de eficiencia, y no precisamente por culpa del previsible fenómeno de la revaluación. Por ello la tarea del Gobierno es tan determinante frente a los retos actuales.
Sin lugar a dudas, las decisiones adoptadas el pasado lunes por el Emisor son necesarias para recuperar el dinamismo de la economía. Sin embargo, lo que finalmente está en juego es si realmente el país quiere dar, de una vez por todas, el salto a la modernidad y la competitividad.
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