¿De dónde son, dónde viven y dónde funciona la oficina de Envigado? En pancartas, los habitantes de este municipio del sur del Valle de Aburrá se hacían ayer estas preguntas, durante la marcha de la dignidad, de duelo por la masacre del primero de julio y por la celebración de los 235 años de su fundación.
Envigado fue una sola voz por la paz. Al acto concurrieron unas 5.000 personas, entre dirigentes políticos, trabajadores, empleados, amas de casa, organismos de socorro, profesores y alumnos de todas las instituciones educativas de la localidad, quienes, en medio de una llovizna, caminaron desde el parque infantil de El Dorado, hasta el parque principal, batiendo banderas blancas de la paz y de barras naranja y verde, del municipio, y haciendo sonar vuvuzelas.
El ex alcalde y actual concejal de Envigado, J. Mario Rodríguez, uno de los organizadores, dijo que con la marcha buscaban mostrar la cara amable y de progreso de la población.
"Es injusto que se estigmatice a Envigado y por eso les pedimos a los periodistas y autoridades que nos ayuden a mostrar la verdadera imagen, porque fuera de la masacre del primero de julio, hemos tenido este año unos índices muy bajos de criminalidad.
"La masacre ocurrió porque desde Itagüí perseguían a una persona y los que murieron fueron habitantes muy queridos de Envigado. Somos más que el nombre de la mal llamada 'oficina de Envigado'. Por eso nos preguntamos: ¿de dónde son, dónde funcionan y dónde están?, ya que aquí sólo tenemos oficinas bancarias, municipales y de distinguidas empresas", concluyó.
El futbolista y ex jugador de Nacional, Víctor Hugo Aristizábal, asistió a la marcha, en compañía de su colega Diego Osorio. Indicó que lo hacía por el cariño que le tiene a Envigado donde vivió ocho años, por lo cual se siente como uno de sus hijos.
"Hay que acabar con el estigma. Aquí hay problemas como en todas partes y no se pueden ocultar, pero no es justo señalar a toda una población como Envigado que en la realidad es otra cosa muy diferente a la violencia. Hay que cambiar esa imagen que nos afecta a todos los antioqueños", concluyó.
Teresa Jaramillo, estudiante del grado 11 del colegio Atardecer y abuela de un joven de 18 años, dijo que estaba muy triste con la masacre, pero que este hecho no podía opacar a un municipio transparente, solidario, pujante y uno de los mejores vivideros del país.
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