"Tuve que levantarme de las cenizas y tener el empuje para convertirme, esta vez, en un escalador de sueños". La historia de Nelson Cardona es singular, triste quizás -aunque él poca importancia le da a los sucesos relatados a continuación, porque dice, hacen parte de la experiencia, de la vida-, pero llena de esfuerzo, dignidad, capacidad humana y ejemplo.
En 1997, cuando lo intentó por primera vez, no pudo coronar la cima del Everest (sobre los 8.848 metros del nivel del mar). Incluso, cuenta la historia, estuvo a punto de morir: una de esas normales avalanchas de hielo, lo arrastró varios metros abajo por una de las pendientes de la cima.
En 1998 ascendió al Cho Oyu (situado a los 8.201 metros) y en 1999 al Manaslú (8.156 metros). En ambos casos, con beneplácito porque no fueron mayores los riesgos.
Sin embargo, en un nuevo intento, en el 2001, explica "una gripa me privó de realizar el asalto final al Everest".
En esa época, Nelson disponía de sus cuatro miembros -brazos y piernas- para acceder a esas altas cimas. Ahora no. Le falta la pierna derecha. "Discapacitado y todo, ahora tengo el ánimo suficiente para volver al Everest y salir exitoso".
Hoy va camino hacia ese objetivo, pues el martes pasado arrancó en Bogotá la aventura que lo llevará, inicialmente, al campamento, en el pie de la cima antes de abordar la subida que empezará el 12 de este mes y que, según sus cuentas deberá terminar, más o menos, el 5 de junio próximo.
Lo que comenzó muy de niño cuando su padre, Israel Cardona, lo llevaba a subir el Nevado del Ruiz, se le fue pegando como si fuera una estampilla de correo. "Lo llevo muy en la piel. Recuerdo que subía con él -ya fallecido- desde que tenía cinco años", cuenta Nelson.
De esa época hacia acá ya ha transitado mucho trecho, metido entre montañas rocosas, nevadas, paramunas. Sin embargo, la prueba más grande la vivió en 2006 (el 2 de marzo), durante un entrenamiento de escalada en roca, justamente en el Ruiz, cuando fue sorprendido por una caída de casi veinte metros, que le cambió el rumbo de su vida. Al aflojarse la cuerda de protección, en un repecho, sufrió un mareo y cayó al vacío.
"Pero no el de mis sueños de seguir trepando montañas", advierte, mientras exhibe la prótesis que le dejó ese accidente.
Fue sometido a varias cirugías de reconstrucción ósea y estética; sin embargo, a pesar de contar con un proceso de recuperación rápido y exitoso, su pierna no respondió. Los médicos, entonces, decidieron amputarla.
"La recuperación fue larga. Hice fisioterapias y entrenamientos para volver a caminar. En principio fui consciente de lo que suponía tener que caminar con muletas y, por ende, renunciar a la posibilidad de volver a las montañas", reconoció.
Pero, el paso de los meses y un rápido proceso de amoldarse a una prótesis lo devolvió al sueño, "trazándome nuevas metas con los ojos y con el corazón puestos en lo más alto de las montañas y el tricolor de mi bandera", afirma. De ahí que surja esta gran posibilidad, de mano de la denominada Expedición Epopeya Everest Sin Límites 2010 en la que él es la principal figura, como primer colombiano discapacitado en buscar la conquista del Everest, sin oxígeno. Para ello trabajó duro en una preparación rigurosa de más de un año y con un equipo de cuatro montañistas que lo acompañarán con el reto de poner en lo más alto la bandera colombiana.
"No son las caídas ni los golpes los que hacen fracasar a los hombres, sino su falta de voluntad y, gracias a Dios, yo sí la tengo; por eso voy a cumplir con este sueño que es el de 42 millones de colombianos".
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