A veces nos olvidamos, o por lo menos así pareciera, que lo normal en una democracia es el debate político, la controversia, eso sí respetuosa de los puntos de vista del otro -algunos a veces se exceden y terminan usando calificativos para dirigirse a sus adversarios que son realmente descalificadores-.
Sólo en contextos autoritarios no existe ese debate abierto y controversial.
Lo anterior es interesante para referirnos a dos elecciones que, de una u otra manera, nos van a influir con sus resultados: las de Estados Unidos en noviembre, y las de Venezuela, hoy domingo.
Claro que son los electores norteamericanos y los venezolanos los que finalmente deciden a quién van a escoger.
En el caso norteamericano, tenemos una elección que por el momento parece muy apretada, con el presidente Obama buscando su reelección con el apoyo de su Partido Demócrata, y el candidato republicano, Mitt Romney , disputándole esa posibilidad.
En el primer debate televisivo -una práctica muy recurrente e importante en las democracias liberales-, al parecer hubo un triunfo del candidato republicano frente a un rival como el presidente Obama que pareció por momentos a la defensiva, aunque algunos dicen que ese es el comportamiento de un gobernante que conoce los límites del ejercicio del gobierno, a diferencia de un candidato que puede darse licencias en términos de promesas.
Sin embargo, los principales sondeos de opinión le siguen dando una ligera mayoría al presidente Obama frente al rival republicano, pero allí todavía queda un mes de campaña y las cosas pueden variar en cualquier sentido.
En las elecciones venezolanas, ya las cartas fueron echadas sobre la mesa y sólo queda esperar el resultado electoral del día de hoy.
La oposición venezolana logró agruparse alrededor del abogado Henrique Capriles , quien sin duda resultó un buen candidato, con un discurso de tipo progresista -en varios momentos señaló que su referente sería un gobierno como el del Brasil de Lula y de la actual presidenta Dilma-, sin estimular los odios, que ya de por sí son intensos en la polarizada sociedad venezolana.
Capriles ha tenido su base de apoyo electoral especialmente en sectores de las clases media y alta venezolana y en una oposición política que considera necesario un cambio después de tanto tiempo de chavismo.
El candidato oficialista es el presidente Chávez, quien va por otra reelección luego de haber superado el cáncer que lo aquejó en meses pasados, un fuerte candidato, con unas capacidades de liderazgo de todos conocidas, que ha sido hasta el momento bastante eficaz para ganar elecciones, con un respaldo muy fuerte en los sectores populares venezolanos quienes se han visto favorecidos por las llamadas Misiones -la denominación que le ha dado el gobierno del presidente Chávez a su política social- y con el apoyo de su partido el PSUV.
Infortunadamente aquí no hubo debates televisivos que hubieran mejorado la calidad de las propuestas.
Los distintos sondeos de opinión, con variados niveles de diferencia, dan como muy seguro ganador al presidente Chávez, aunque el candidato Capriles va a obtener un muy buen resultado que lo coloca como el jefe natural de la oposición.
Esto lo explican, fundamentalmente, por la capacidad de movilización de estos sectores populares y el carisma que, sin duda, sigue teniendo el presidente Chávez.
Si esto es lo que deciden los vecinos venezolanos, hay que respetarlo y de nuestra parte lo que esperaríamos es que se consolide la cooperación entre los dos países en los distintos campos, especialmente en el económico y el de la seguridad.
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