Recientemente el ex presidente Andrés Pastrana presentó el libro "El trapecista" sobre el secuestro y fuga de su amigo, el ex canciller Fernando Araújo. Intrigada por leer las experiencias de este hombre lo compré y le pedí a Araújo, a quien no conocía, que me lo firmara. Me sorprendió, la amabilidad, el calor humano y sencillez del ex Ministro.
Esa noche comencé a leerlo y en dos días terminé sus 388 páginas. No fue posible dejarlo de lado, ni demorar su lectura. Leí durante todos mis momentos disponibles, hasta tarde en la noche y temprano en la madrugada. El libro, escrito sin pretensiones literarias, pero de una manera clara y precisa, es un reflejo de la voluntad, resistencia, disciplina y paciencia de Araújo. No puede uno menos que conmoverse con su valor y su confianza en Dios.
En la madrugada del segundo día terminé con su lectura, y debo confesar que lloré. Lloré de alegría por su fuga, de dolor por los 6 años que perdió al lado de sus hijos, por el sufrimiento de sus padres, de sus hermanos, por la pérdida del amor de quien fuera su mujer y por todas sus penalidades y humillaciones. Lloré por las injusticias cometidas contra él y contra todos los secuestrados a manos de asesinos, llámense, Farc, Eln o paramilitares.
Estos terroristas están cegados por odios pretéritos e ideas anticuadas, por décadas de selva, que les ha corrompido la mente de tal manera, que ya no sienten, ni oyen, ni ven, el mal que le han hecho a su patria. Son indiferentes al dolor del pueblo colombiano que quiere ante todo la paz. Todos añoramos el día en que se termine el derramamiento de sangre, el secuestro, las minas quiebrapatas y toda esa crueldad tras la cual estos asesinos se escudan. Como Fernando Araújo lo dice en su libro: "Colombia es una democracia abierta y pluralista, donde las ideas se pueden debatir ampliamente. Señores terroristas de las Farc, paren la violencia. ¡Colombia se lo exige!".
Este libro, al igual que "Mi Fuga", de Frank Pinchao, y otros escritos por secuestrados que han logrado salir con vida de su cautiverio, deben ser constantes recordatorios de lo que sufren los que aún se encuentran privados de libertad. Si queremos saber de su dolor, entender su sufrimiento, hay que leerlos, compartirlos y comentarlos. El secuestro es una tragedia nacional. Como también lo es el abandono en que se encuentran los desplazados por la violencia.
La sociedad civil colombiana no es indiferente. Su protesta contra estos crímenes se ha oído en el mundo entero. Mas no podemos detener nuestros esfuerzos hasta que todos los secuestrados y desplazados estén de regreso en sus hogares.
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