Con su voz ronca y sin acento, la representante a la Cámara Ángela Robledo lamenta que durante los cuatro años que lleva en el Congreso, a muchos de sus 165 compañeros parlamentarios, sí, a muchos, no les haya escuchado una palabra, nunca les haya escuchado un debate.
Confiesa que durante estos años comprendió que algunas de sus compañeras representantes y senadoras, están ahí, ocupando una curul, en cuerpo ajeno, cual marionetas. Robledo se desvanece cuando aparece en la entrevista el nombre del ministro Juan Carlos Pinzón. Llora un poco. Confiesa que quiere pasar la página y que fue doloroso cuando Pinzón la llamó enemiga de las Fuerzas Militares.
¿Usted a qué le atribuye su perfil de senadora?
"No, no, yo soy representante".
Si, claro, pero tiene perfil de senadora.
"Ah, ya. La verdad es que creo que la tarea que he hecho en el Congreso ha logrado vincular, desde Bogotá, las regiones del país. Siempre en mis debates, que aunque sí pueden ser más del orden nacional como el de la violencia contra las mujeres, el de los derechos de los niños, la paz; todos estos debates han tenido una dimensión nacional, pero siempre Bogotá está presente en mi trabajo. Creo que venir del mundo de la academia me permite tener perspectivas más globales e integrales de lo que hago. Incluso en muchos lugares del país me dicen senadora. Pero decidí quedarme en Bogotá porque creo que es desde la capital de Colombia desde donde se pueda atar este país".
¿Su trabajo con la Comisión de Paz también fue de carácter nacional?
"Con la Comisión de Paz he recorrido la Colombia profunda. He ido a lugares inusitados donde yo pensé que no iba a llegar nunca como por ejemplo Putumayo y La Chorrera, Amazonas, allá estuve en el cierre de la memoria, que fue un ritual que hicieron muchas de las comunidades después de los 100 años de la masacre de Las Caucherías. El ir a todos estos lugares me permitió atar esta Colombia profunda, de la que habla el padre Francisco de Roux, que no vemos, que no sentimos y que por eso justificamos que la guerra continúe".
Si ve, su discurso es de senadora, habla de Colombia, de los problemas del país. ¿No va a dar el salto?
"(Risas) Mire, no fue fácil tomar la decisión. A muchos lugares a los que viajo la gente me pregunta: ¿por qué no va estar en el Senado? Yo siempre respondo que desde Bogotá voy a poder seguir trabajando para Colombia. Para mí ha sido importante anclarme en Bogotá porque Bogotá para mí es muy especial, es la ciudad que tiene mayor número de personas en situación de desplazamiento, las mujeres que hacen resistencia y que desde aquí tejen relación con sus familiares en otros lugares del país. Entonces, trabajar por Bogotá es también una manera de trabajar por Colombia. Por eso decidí quedarme aquí, trabajar aquí y seguir mirando desde Bogotá el país".
¿Cuándo usted da el salto de la academia al Congreso tenía claro que su voz sería tan fuerte?
"No. Yo llego a la política de la mano de Antanas Mocku s. Empecé con él haciendo talleres, no en grandes plazas ni con arengas. Hasta entonces yo era decana, académica y Antanas me llama y yo lo que le digo fue que estaba muy feliz en la Javeriana con mis clases, pero él comenzó a insistir en que el salto era importante. Hace exactamente cuatro años le dije a Antanas que sí, que arriesgaba todo. Muchos de los políticos más tradicionales me decían que mi forma de hablar era compleja, muy elaborada. Hoy en día esa es mi fortaleza. En el Congreso siempre he trabajado sola e independiente y creo que por eso me he ganado un profundo respeto de mis compañeros. Bueno, tampoco es que sea la sabelotodo, pero mis compañeros me respetan por mi trabajo en la academia".
Pero entonces, ¿cómo le ha ido trabajando en medio de tantos hombres?
¡Muuuuuyyy difícil… Mucho, mucho, mucho. A mí me ha tocado en el Congreso sacar mi lado más guerrero. Tengo un lado más sensible, yo lo llamo de la orfebre, pero durante estos años me ha tocado sacar mi lado guerrero. Claro, hay que hablar más duro, no se puede intervenir igual que en la academia, el discurso cambia, hay que subir la voz. El arte es mantenerme en lo que soy: no comportarme como estos hombres machistas. Sí, claro, a veces regaño, a veces estoy molesta por lo que pasa. Es más, si le preguntas a algunas congresistas por mí, seguro yo les puedo parecer una figura un poco extraña, pero al mismo tiempo les llamo la atención. No me dicen doctora, me dicen Angelita. Pero para ser sincera, no, no es fácil moverse en el Congreso. Por eso necesitamos muchas más mujeres, pero que no lleguen en cuerpo ajeno, sino que podamos interpretar lo que es la perspectiva de las mujeres, que es una forma de mirar el mundo, no solo desde las mujeres, sino desde lo que ha sido la cultura patriarcal que es una cultura que excluye, fragmenta, domina, rompe".
Explíqueme eso, ¿cómo es eso que hay mujeres en el Congreso que están en cuerpo ajeno?
"Sí, claro. Hay mujeres que están en el Congreso en cuerpo ajeno. Es difícil hablar de nombres, pero creería que por ejemplo una Teresita García, que es la hermana del excongresista Álvaro García que está condenado por una de las masacres en la región Caribe. Olga Suárez tiene al hermano condenado por parapolítica. Son mujeres que creo que llegan allí, pero que no renuevan la política, el reto es renovarla y ellas no lo hacen. Y sí, hay mujeres que no lo están haciendo y ojalá no vuelvan al Congreso".
A pesar de eso, ¿hacen alguna labor legislativa importante?
"Yo no sé cuándo al Congreso le harán un ejercicio de alta cirugía y que sea obligatorio rendir cuentas, que no sea voluntario, que exista la posibilidad de evaluar a los congresistas y si después de un tiempo no funcionan, que los revoquen. Tengo compañeros, somos 166, a los que nunca, nunca, les he escuchado una palabra en el Congreso, llegan, se registran y se van y no hacen control político. Por Dios, nosotros tenemos unas funciones que son una obligación, como presentar proyectos de ley, hacer debates de control político y hacer tarea política en nuestras regiones. Debería montarse un mecanismo de evaluación mucho más fuerte de nuestra tarea".
Ya sabemos que llega a la política de la mano de Mockus, aún así quiero preguntarle esto: ¿en estos momentos de qué lado se siente más cómoda: del lado de Mockus o de Iván Cepeda?
"(Risas) Soy de Mockus. Mi ADN es de Mockus. La educación es el camino, el no al todo vale; eso es Antanas. Ese es mi núcleo. Ahora, en mi apuesta social sí soy una mujer que me pueden ubicar en la izquierda porque en Colombia ser de izquierda es pedir que se desarrolle el Estado Social de Derecho, ser de izquierda es exigir que la salud y la educación sean derechos, que no pasen por el filtro del lucro. Con Iván tengo una tarea conjunta frente a la paz y los derechos humanos. A mí es muy difícil encasillarme, tengo un poco de todo, soy una anfibia cultural y me muevo en muchos espacios. Mi vida no me permite encasillarme, soy una mujer que se permite fluir, sin temor, arriesgando un poco".
¿Qué explicación le da usted a que Mockus se haya ido de la Alianza Verde?
"Lo primero que hay que recordar es que la salida de Mockus del Partido Verde está relacionada con la llegada del expresidente Uribe a apoyar la campaña de Enrique Peñalosa, ahí se produce no sólo la salida de Antanas, si no lo que llamo la diáspora de la Ola Verde. Antanas ama la política, pero también sufre mucho por la política. Ahora decide que no es el momento en la Alianza Verde y él tiene el derecho de hacerlo. Por ahí dicen que los amigos no tienen defectos y Antanas es mi amigo. Políticamente, en estos momentos, hay una toma de distancia, pero hay que esperar".
A pesar de esto, usted logró las mayorías en la Alianza Verde, ¿cómo lo hizo?
"Eso es lo que me gusta de lo que hago y es que cuando no se actúa viendo la política como un ejercicio simplemente instrumental, en una relación cruda de costo-beneficio, surgen los resultados. Con la Alianza Verde yo arriesgué todo. Fueron muchas, muchas veces las que fui a Medellín a reunirme con los fajardistas, con los fajardistas no con Sergio (Fajardo). Nosotros nos hemos equivocado tanto que hay que abrir este camino y darles espacio a los jóvenes y a las mujeres. Las mayorías las logré tejiendo, perseverando. Además hay un hecho político y es que Antonio Navarro llegó, esto lo que provocó fue que había unas puertas cerradas que se abrieron. Hoy somos una lista plural y a la vez compleja".
¿La salida del exalcalde Alonso Salazar de la Alianza Verde fue una derrota?
"¡Fue doloroso… Con Alonso habíamos avanzado mucho porque la tarea la hicimos primero con Compromiso Ciudadano. Estábamos a punto de hacerlo y hubo una falta de claridad, en su momento, del presidente vocero del partido que era Alfonso Prada. Es muy claro: Alfonso Prada le faltó a la palabra a Alonso Salazar tras un ejercicio que veníamos tejiendo con mucho respeto. Yo creo que lo que está haciendo Compromiso Ciudadano ahora es un repliegue político para mirar cómo se mueve todo. En nuestro Congreso del 25 y 26 de septiembre se hizo todo para que Compromiso esté en la Alianza, se cambiaron los estatutos, por ejemplo. En este camino de tejer y tejer todos los días hay que entender que no hay que forzar y que hay que dejar abierto el espacio".
¿Con la Alianza Verde no se va repetir una Ola Verde?
"Esperemos que no".
¿No cree que los egos de la izquierda no han permitido su unión?
"Los egos de la izquierda y los de la derecha, los egos de los hombres. Ha sido una enorme dificultad, pero es verdad, en la izquierda es muy difícil sumar, tal vez porque hay muchísima deliberación. En la izquierda se discute hasta el cansancio. Y en esa discusión a veces nos da trabajo encontrar un hilo común. Con Iván me encuentro en que insistimos hasta lo último en trabajar por un proyecto que no aceptó el exministro Fernando Carrillo que buscaba sacar adelante una propuesta de reforma que permitiera listas en coalición".
Quiero terminar preguntándole por alguien. ¿Qué piensa hoy en día del ministro Juan Carlos Pinzón ?
"(Silencio). Juan Carlos Pinzón se equivocó profundamente en calificarme como una enemiga de las Fuerzas Militares, soy una demócrata integral. Él debe salir a decir que se equivocó conmigo porque soy una mujer que si bien no apoya este gobierno, apoya al ciento por ciento el proceso de paz. ¡No, no me puede estigmatizar de la manera en que lo hizo…. A mí me duele cualquier joven que muere en la guerra: un policía, un militar, un guerrillero o un civil. Sigo esperando su aclaración".
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