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EL BAUTISMO DEL SEÑOR

  • EL BAUTISMO DEL SEÑOR | PADRE MARIO ARANGO
    EL BAUTISMO DEL SEÑOR | PADRE MARIO ARANGO
12 de enero de 2013
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Lecturas: Isaías 42, 1-4. 6-7. Salmo: 28. Hechos de los apóstoles: 10,34-38. Lucas 3,15-16.21-22.

Esta fiesta cierra el tiempo de Navidad y nos lleva al tiempo Ordinario, invitándonos por el Bautismo de Jesús a conocer su misterio de salvación como "El ungido" de Dios. Para ser como Él: nueva creación con toda la dignidad de ser Hijos amados -predilectos- de Dios.

Para comenzar, podemos preguntarnos: ¿Por qué Jesús, que no tiene pecado, se deja bautizar de Juan, si su bautismo es de conversión y arrepentimiento para el perdón de los pecados? La respuesta no es tan obvia como parece; hay algunas indicaciones que nos permiten comprender este pasaje por relación a las otras lecturas.

Digamos que Jesús lo hace, para "revelar" el modo de proceder de Dios, para salvarnos. En un gesto de humildad y abajamiento, de solidaridad asume en su propia vida nuestro pecado, se somete a un bautismo de penitencia para llevarnos así, a nuestra verdadera identidad: nuestra condición de "hijos –amados- de Dios", como Él. La escena del evangelio nos presenta dos bautismos en Jesús. Uno exterior -el de Juan- al sumergirse en el Jordán, y otro interior, del "Espíritu", al surgir del río y abrirse los cielos (muerte y resurrección), para que por el amor de Dios por su hijo -y nosotros- pasemos -en Jesús el Cristo, ungido y Mesías- a ser Hijos amados o predilectos de Dios.

Esta fiesta, marcada de gozo y esperanza, nos señala el camino de la vida cristiana que regala el bautismo en el Hijo de Dios. Un camino de entrega de la propia vida, como lo indica Isaías en la primera lectura: el camino de entrega del Siervo de Dios, elegido por el Espíritu, para que sin daño ni violencia pueda restablecer la justicia en toda la tierra, todos los pueblos. Para que sea luz de todas las naciones -todos los tiempos-, especialmente nuestro tiempo hoy, que habitan en tinieblas.

Los Hechos de los Apóstoles (2ª Lectura), nos señalan por el testimonio de Pedro, que en Jesucristo -el resucitado- Dios no realiza distinciones inequitativas o excluyentes entre los seres humanos al ofrecer la Salvación. Eligiendo a Jesús por su bautismo -en la cruz- lo constituyó como Mesías (Ungido), que realiza con la entrega de su vida la liberación del mal y del pecado. Haciendo el bien, sanando a todos los hombres y a la creación.

El bautismo de Jesús por el Espíritu comienza en el Jordán a través de Juan, para que se cumplan todas las condiciones, promesas de Dios, pero concluye al abrirse los cielos, en la cruz y la resurrección de Jesús, Hijo predilecto de Dios. Allí comienza una nueva vida, nueva "creación", la de los hijos amados de Dios.

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