Bienal es de esas palabras que devuelve en el tiempo. Por lo menos en Colombia. Por lo menos en Medellín. Devuelve a los años 68, 70, 72, cuando se hicieron las Bienales de Coltejer.
No eran tiempos de bienales en el mundo. No había tantas. Tal vez no más de diez. En Latinoamérica estaba la de Sao Paulo y la de Medellín.
"Fueron fundamentales no solamente en la historia del arte de la ciudad, sino también para el arte colombiano, porque fueron la ventana para ver lo que estaba pasando en el mundo en este campo, en unas dimensiones inimaginables", explica Carlos Arturo Fernández, profesor de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia.
La época era distinta. El campo estaba en formación y era muy precario, dice Efrén Giraldo, profesor del departamento de Humanidades de Eafit. No había tantas instituciones, no existía el Museo de Arte de Medellín, el de Antioquia no tenía tanta fuerza. "Entonces las bienales, desde esa visión de Leonel Estrada, vinieron a llenar un vacío, que ahora no se podría llenar, porque es una ciudad más grande, con museos importantes, con un mercado que aunque no es muy fuerte, se mantiene. Hay programas académicos de posgrado y pregrados dirigidos a la comprensión de las artes, con iniciativas de divulgación".
En ese entonces, tampoco, se hacían exposiciones de artistas internacionales, y los artistas que empezaban a hacerse un nombre, como Botero, no estaban en el país. Se habían ido a buscar suerte a otros lugares, donde pudieran, realmente, hacerse artistas.
En el 74 debió haber Bienal, pero por la crisis económica, Coltejer, el gran patrocinador, resuelve que mejor se vuelve trienal, y después se vende la empresa, y no se da ni la una ni la otra. Hay un evento más en 1981, el Coloquio de arte no objetual, que realizó el Museo de Arte Moderno, pero fue lo último, tan grande.
No hubo más bienales en Medellín, pero el recuerdo quedó instalado. Era la importancia. Era esa ciudad, todavía pequeña, que hacía un evento de las artes que permeaba al país y a Latinoamérica. Vinieron artistas internacionales, con obras que permitían mirar al resto del mundo.
Solo que el recuerdo no sirve para nada más que para recordar y sonreír por la cifra. A la Bienal de 1970 entraron 204.577 personas, en un mes y medio que estuvo abierta. Mucha gente, que comprueba el éxito.
Un espacio actual
La ciudad que trae esta vez el nombre de Bienal al país es Cartagena. Un evento que se suma a los de música, literatura y cine que ya se realizan en la ciudad. Catalina Bonilla, la directora de la Bienal, señala que las personas que hacen parte de la Fundación que lo propone, son patrocinadores de los otros festivales que ya se dan y que lo que quisieron fue traer el arte contemporáneo como complemento. Efrén expresa que en la Heroica hay una plataforma de apoyos del sector privado, que confía en la generación de cultura, porque atrae. Es una ciudad abierta y visitada.
El ejercicio de hacer un evento de las artes en el país es interesante y necesario, porque no hay muchos. Está Artbo, la Feria de arte que se realiza en Bogotá, que ha logrado trascender fronteras, pero que es netamente económica. Está también el Salón Nacional del Artistas, que es el esfuerzo desde lo público, con una característica que se repitió en su edición 2013, como siempre: no falta el debate, esta vez, por darle espacio a artistas internacionales, cuando algunos piensan que debe ser nacional, solamente.
Medellín no ha vuelto a tener un evento tan grande como las de Coltejer y el Coloquio, aunque aquí se celebró el Salón Nacional, con apoyo de la Alcaldía, y existe el MDE, del Museo de Antioquia, que se abre camino, que va sumando nombre, pero que todavía tiene críticas y debates y mucho por mejorar.
El profesor Efrén precisa que hay que tener en cuenta que en el sistema del arte hay muchos actores. El mercado del arte, las instituciones de promoción cultural como los museos, la academia. "En ese sentido uno tendría que decir que el formato bienal ha recibido cuestionamientos fundamentalmente de una parte del mundo académico y crítico. Las bienales son muy importantes para el mundo del arte y yo creo que en buena medida para los museos. En última, las bienales les funcionan muy bien a las ciudades que quieren ser conocidas internacionalmente".
Una de las críticas es esa dependencia del discurso del turismo y la espectacularización del arte, porque la bienal se termina y es como si nada hubiera pasado. "El campo del arte queda un poco huérfano. Por eso se ha pedido que se hagan certámenes donde no solamente a través del arte se promueva la ciudad, sino que se pueda conseguir inversiones en infraestructura y apoyos a los creadores locales".
El esquema de la bienal es discutido. Algunos expertos coinciden en que es superficial y que, cuenta Carlos Arturo Fernández, se necesitan esquemas expositivos que sean producto más de la investigación, que vayan en una dirección más profunda de análisis contemporáneo.
Bienal, de todas maneras, lo que significa es que se hace cada dos años. Se hacen de grabado, de fotografía, y en el uso, continúa el docente de la U. de A., ha terminado por significar exposición grande. En el pasado eran más acumulativas, ahora más desde una idea desde la que se invitan artistas. Antes, incluso, había trienales.
La de Cartagena es, precisamente, eso, una gran exposición, con más de 120 artistas, y aún es apresurado pensar en lo que significa o puede llegar a convertirse, y mucho menos hacer comparaciones con lo que fueron las Bienales de Medellín e, incluso, las que se hicieron en Cali.
"Uno no podría pensar que la promoción del arte dependa solo del Estado. Es necesario que entren a jugar fuerzas del mundo académico, variables del mercado, la empresa privada. Es como un equilibrio de fuerzas. Lo importante es que un gran movimiento alrededor del mercado pueda estar acompañado de reflexión teórica", considera Efrén Giraldo.
Julián Posada, gestor cultural e interesado en el arte, comenta que hay que esperar, para mirar el sentido y la magnitud, sin dejar de hacerse preguntas. "Obviamente la ciudad tiene la magia, pero no sé que pasa en términos de públicos".
Todavía hay que decirlo en tiempo futuro, a manera de buen augurio: puede llegar a ser muy importante. Por lo menos hay un comienzo: una buena curaduría y obras interesantes, de artistas igual de interesantes. Es lo que se ve, a primera vista, en el primer fin de semana en Cartagena.
"Yo sí creo que a Colombia y a Medellín, en particular, les hace falta un evento más grande, muy impactante -afirma Carlos Arturo-. La característica de un evento como el MDE está muy vinculada con una idea, con un proyecto curatorial y eso es muy interesante, pero las bienales lo que se planteaban era abrir el panorama. En un contexto donde se conocía muy poco, plantear el mosaico de cosas que se estaban haciendo. Yo creo que un proyecto como el de Cartagena yo esperaría que funcionara en esa dirección. Me parece que si funcionara en esa perspectiva de mostrarle a Colombia muchas cosas que se están haciendo en la actualidad, sería muy positivo".
Una mirada local
No hay un gran evento en Medellín, de ahora, que se compare con los del pasado. Lo que no significa que la ciudad, en artes, esté tan atrasada como entonces. Solo no se han dado las dos cosas al tiempo: en ese entonces había evento, pero no instituciones fuertes. Ahora hay instituciones fuertes, pero no grandes eventos.
"Fue una lástima que desaparecieran -piensa Efrén-, porque Medellín tuvo bienales cuando otras ciudades del mundo, hoy muy reconocidas, no las tenían, pero realmente era otro momento. Yo creo que pensar en unas como las de Coltejer, para hoy, es muy difícil, porque las circunstancias han cambiado, pero definitivamente es importante que esos espacios existan. Lo que yo no creo que sea correcto es que el único arte que merece tener visibilidad es aquel que tiene éxito en el mundo del mercado".
El Salón Nacional, que se hizo en septiembre del año pasado, demostró la importancia de tener un espacio de grandes proporciones. Curadores importantes, visitantes importantes, artistas importantes. Sirvió, también, para reflexionar sobre que Bogotá no es la única ciudad que debe ser sinónimo de arte en Colombia. El profesor de Eafit indica que Medellín tiene el tamaño y la importancia económica para tener una participación más grande en la discusión sobre el arte, pero se necesita que los actores, públicos y privados, jueguen con más fuerza.
El MDE es la actividad más grande que se tiene en la ciudad, y en sus dos ediciones, 07 y 11, ha demostrado su potencial, pero está por mejorarse. "Yo considero interesante la idea del MDE, pero creo que le ha faltado gente, por decirlo de alguna manera, pueblo y público, meterse más en la ciudad, que creo que las bienales sí tenían eso. Pasa y muchos no se dan cuenta. Tiene mucha presencia en barrios y grupos de personas, pero me parece, puedo estar equivocado, que le falta una cosa de más arrastre".
Ausencia de la que tienen consciencia en el Museo de Antioquia, sobre todo Ana Piedad Jaramillo, la directora, y Nidia Gutiérrez, la curadora, quienes cuentan que ya se está empezando el trabajo del MDE15, permeando los procesos con las comunidades, porque ese trabajo colectivo será el que se muestre en el museo y en la ciudad. "Es un evento del museo, que implica la comunidad y es procesual", recuerda la directora. Le interesa que quede algo, que no se produzca solo por la época del evento, sino que continúe el proceso. Nidia, mientras tanto, comenta que todavía no hay nombre, pero sí ideas: historias locales, prácticas globales. "Qué cosas de nuestra historia local son tan humanas, que resuenan en tantas otras partes del mundo. Nosotros vamos a tener que ser mucho más exigentes, queremos objetivos claros del museo y el artista, a futuro. Deberemos ser menos ambiciosos en cuántos, pero más ambiciosos a futuro".
El docente de Eafit reafirma que el MDE no tenía la intención de ser una bienal, pero sí el hecho de internacionalizarse, y lo que ha permitido es una apertura de la ciudad. El profesor de la U. de A. agrega que el MDE funciona desde el esquema de la bienal, de tener una idea e invitar a unos artistas, pero su componente investigativo es más fuerte y eso lo diferencia. "Los mismos curadores dicen que es una manera distinta de hacer una bienal".
Ahora bien, los expertos tienen un concepto esperanzador, e incluso bueno, del arte local. Para Efrén, el panorama es emergente y en crecimiento. Hay doctorado en artes, maestrías, empiezan a aparecer curadores formados, algo de crítica y hay vitalidad en la producción de los artistas jóvenes que, sin embargo, necesitan más visibilidad. "Es un panorama en crecimiento, al que le falta acompañamiento, cualificación y mayor compromiso del sector privado y del mercado del arte".
Medellín, entonces, ha hecho un recorrido. Solo que los zapatos, todavía tienen mucha suela por gastar. Por volver arte.
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