Cindy Zapata se puso ayer su uniforme pero no para ir al colegio sino para manifestar por el derecho a estudiar en uno en particular.
Al igual que Cindy, los estudiantes acompañados por profesores y padres de familia marcharon por la calles del barrio Fontidueño de Bello hasta la secretaría de Educación de este municipio del norte del Aburrá.
Vestidos con su uniforme, como una señal de lo mucho que quieren su institución y con carteles en la mano la mayoría de los 1.100 estudiantes del colegio Parroquial Juan Pablo II se unieron a la marcha para exigir un pronto inicio de clases.
Para este año la cobertura contratada cubrirá 700 estudiantes, dejando por fuera a 400 que no quieren abandonar su institución.
Carolina Gañán no quiere que a punto de graduarse le impongan un nuevo colegio ya que inició sus estudios en el Juan Pablo desde preescolar.
Los padres de familia y los alumnos quieren que se les respete el proceso educativo que han llevado.
El rector Jairo Alberto Giraldo, quien no dio declaraciones, no ha querido iniciar las clases hasta que no se solucione el problema.
Para Celina Alzate, coordinadora de primaria, todos tienen el mismo derecho y la institución no se siente en capacidad de discriminar a 400 estudiantes.
Los 33 profesores también están preocupados pues dados los cambios quedarían trece por fuera, afirma Juan Manuel Trujillo, docente administrativo.
Octavio Antonio David, secretario de Educación de Bello, considera que el deber de la administración municipal es garantizarle el estudio a toda la población, utilizando primero que todo los cupos en las instituciones oficiales. Según él, en el Juan Pablo hay estudiantes de Copacabana y otras zonas ajenas a Bello, que deben ser los primeros que deben buscar cupo en otras instituciones.
En el Jaime Arango Rojas y la IE Las Vegas hay disponibilidad, dijo. En ellas no pueden devolver a los alumnos que busquen cabida y deben certificar por escrito si no tienen cupo en determinado grado.
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