Creo que no es necesario decir cómo es un santo, qué es un santo y cuál su comportamiento en esta tierra. Sin embargo, me atrevo a decir que un santo es la bondad absoluta forrada en carne asediante y perecedera. Hago esta introducción, esta ligera introducción para recordar y exaltar un hombre que pasó oscura y silenciosamente por este planeta pero que en medio de su silencio y su bondad fue alguien que reunió, seguramente sin sentirlo, todas las virtudes posibles en un ser absolutamente humano.
Ese hombre se llamó Carlos Alviar, ingeniero a quien se le veían más las obras del espíritu que las físicas, pese a que trabajó intensamente en pequeños milagros materiales. Nació con la sonrisa puesta y borrada la más mínima huella de rencores, odios, malquerencias. Sus ideas eran de una inocencia que asustaban. Alguna vez me dijo, sonriente: ¿por qué sigue este problema del comunismo y el capitalismo en el mundo? ¿No se podrían abrir fronteras y al que le gustara el comunismo se fuera a Rusia y el que sintiera afecto por el capitalismo se estableciera en EE. UU. o en cualquier otra nación capitalista?
Infantil su propuesta, pero como todo lo infantil llena de paz y de tranquilidad. De inocencia. En la estrechez de esta nota no cabe sino la propuesta para morir, irnos poniendo pequeños, más pequeños, hasta que desaparezcamos y digan: la última vez lo vi cerca de esa hendija. Por allí debió caer... para siempre.
PAUSA. ¿Te cortaste el pelo en la peluquería? No, me los cortaron todos.
CENIZAS. Si a usted, amiga o amigo, le agradan o le emocionan las aventuras espaciales, vaya preparando su último viaje que tiene el precio de unos veinte millones de pesos. Por esa cantidad algunos amigos de USA, esos que llaman emprendedores, pondrán sus cenizas en el espacio. Y no propiamente las cenizas de su cigarro sino las suyas, las que produzca usted cuando lo conviertan en un puñadito de materia oscura, volátil, medio polvo, medio gris y sin olores que espanten a la concurrencia.
Y ese viaje para que depositen su pequeña urna o no sé si desparraman su cuerpo por la honda extensión espacial, le va a costar cerca de veinte millones de pesos. Y qué son veinte millones de pesos para usted... ya no es usted sino algo así como un poco de residuos parecidos al cemento, a raspadura de pared. En fin, nada que sirva. Pero si sus aspiraciones espacio-mortales le permiten un lujo, elija el plan de reposar en su cajita en la superficie de la luna. Ahí le cobran cien millones de pesos, pero disfrutará de algunas visitas gringas, de esas que hacen a veces para ir preparando el terreno a los que algún día se dediquen a destruir nuestro satélite... Porque como dicen que hay oro y petróleo....
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