Al ciclista poco o nada le importa el clima o el terreno. Sólo le interesa montar en la cicla y emprender su "vuelo". Ese lema fue cumplido ayer, al pie de la letra, por cada uno de los más de 700 participantes del ciclopaseo, abrebocas del Clásico 40 de El Colombiano, que tendrá su plato fuerte del 1 al 4 de noviembre.
Y las inclemencias del clima no fueron excepción ayer, porque a eso de las 7:30 de la mañana se vino un tremendo chaparrón que obligó a quienes ya estaban en el sitio de partida (cercanías de la Base Aérea de Rionegro), a esconderse en cuanta carpa se pudo. Muchos aprovecharon el techo de una estación de gasolina ubicada en el lugar para guarecerse.
Y como el agua no paraba, cuando amainó se dio la orden de salida y nadie se le quitó al reto. Cada quien montó en su caballito de acero, cogió terreno destapado y empezó a enfrentar lo difícil que se puso el suelo, porque en muchos sectores el barro se hizo resbaladizo.
"El agua no es impedimento para un ciclista que está acostumbrado a soportar toda clase de climas, sol o agua. Hasta bueno es competir así. Es la primera vez que nos toca un clicopaseo con agua", contó José Gabriel Sanín, quien con 73 años encima, ha corrido todos los Clásicos. Ni siquiera un cáncer de próstata lo ha frenado: "antes, el deporte me ayuda como terapia y esta es una actividad que se vive en familia y se disfruta demasiado. Imposible decirle no".
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