Los pronunciamientos de dos presidentes latinoamericanos movieron ayer los hilos del controvertido litigio entre Colombia y Nicaragua. Por un lado, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, presentó ante la Corte Constitucional una demanda contra el Pacto de Bogotá, para que ese tribunal se pronuncie con respecto a la tesis de que el fallo de La Haya sobre límites con Nicaragua no se ajusta a la Carta Magna.
Según Santos, "hay dos artículos de ese tratado que violan claramente una disposición de nuestra Constitución porque dicen que el país tiene que cambiar los límites, las fronteras, en virtud de algún fallo de la Corte Internacional".
La decisión de denunciar la supuesta inconstitucionalidad del Pacto de Bogotá forma parte de la "estrategia integral" anunciada el pasado lunes por el mandatario en respuesta al fallo de la CIJ que otorgó a Nicaragua derechos económicos sobre 75.000 kilómetros cuadrados en el mar Caribe.
De otro lado, El presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, dijo ayer que su Gobierno también hará frente a las pretensiones territoriales de Nicaragua, uniéndose no solo a Colombia, sino a Costa Rica y a Jamaica, que también se han sentido afectados por esa política.
"No podemos permitir que Nicaragua, que está lejísimos de aquí, quiera coger los mares territoriales panameños", declaró Martinelli.
El gobernante panameño confirmó que su país suscribirá junto a Colombia, Costa Rica y Jamaica una carta que expone esa situación, y que el presidente Santos entregaría a finales de este mes al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.
Pero, ¿de qué sirve presentar una carta de protesta ante la ONU? El internacionalista panameño Julio Yao precisó que "un fallo de la Corte no se puede afectar sino por la Corte misma, por lo que cualquier otra acción por fuera, como la entrega de la carta, es a título de denuncia y nada más.
El excanciller nicaragüense Francisco Aguirre coincidió con Yao en que la carta "es una jugada política de países aliados que no va a llegar a nada".
Para el politólogo costarricense Claudio Alpízar, las disputas fronterizas entre Nicaragua y sus vecinos solo evidencian una debilidad en Latinoamérica desde la época de la colonia en cuanto a la definición de los límites entre los países: "En las últimas décadas se ha vuelto muy importante tener más espacio marítimo por diversos intereses", por lo que las controversias "son reacciones nuevas de viejas rencillas".
"Lo que hay son intereses económicos escondidos bajo la sombrilla de la política", añadió, al negar que se pueda calificar a Nicaragua de país "expansionista", pues "no es una potencia económica, militar ni política".
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