Es una paradoja. Siempre que hablamos de la muerte estamos vivos. A veces, lo hacemos de modo familiar, aunque no sabemos dónde nos espera. En cuál calle, en cuál lecho. En qué dolor, en qué noche o en qué día, en qué apagada duermevela. No sabemos quién la conduce hacia nosotros, tal vez sin darse cuenta.
La de "El Chiqui" pudo suceder una noche en que rodó conmigo por unas escalas. O en un avión, volando sobre las selvas del Chocó. O en un bote, cruzando las aguas tormentosas del río Atrato o el Mar Caribe. "El Chiqui" estaba cansado de morir.
Esto pensé cuando colgué el teléfono, después de escuchar al otro lado de la línea la voz de Víctor Gaviria que me decía, con tristeza, que Juan Guillermo Arredondo, "El Chiqui", había muerto en Quibdó, en forma repentina, cuando ponía fin a los trámites para empezar a filmar su último documental.
Mi mente se devolvió enseguida a otros tiempos, cuando Víctor rodaba en las calles de Medellín su primer largometraje, "Rodrigo D". Juan Guillermo era tal vez el único miembro del equipo de filmación que lo sabía todo acerca de la historia, de los actores, de sus vidas, de su lenguaje. Parecía un personaje más. No paraba un momento de ir y venir, revisando los diálogos, ayudando a poner a punto las escenas, tratando de amansar la tempestad que era cada minuto de rodaje de esa historia. Creo que no durmió durante muchas semanas, al pie de los actores, hasta que Víctor, su amigo y su maestro, filmó el último cuadro. Los dos se habían conocido hacía varios años en la realización de los primeros cortometrajes de Gaviria y habían trabajado juntos en el rodaje de "Los músicos", una de sus mejores obras.
Después, "El Chiqui" trabajó en la película de Lisandro Duque "Visa USA". En 1991, decidió emprender su propio camino. Fundó con Martha Hincapié la productora Luz Artificial y durante cerca de ocho años realizó con ella "Alas sobre la selva", "Un salve a la música", y la serie "Niños Colombia fin del milenio".
"Alas sobre la selva", la historia del sacerdote, misionero y aviador Alcides Fernández, fue su primer encuentro con las selvas del Chocó y sus colonos. Allí filmó años más tarde buena parte de sus últimos documentales. Por esa época, ya vivía por temporadas en la población de Zapzurro, en el norte del Chocó, en los límites entre Colombia y Panamá. De entonces son "Darién, el poder de las aguas", "Entrañas silenciosas", "Saberes" y una serie titulada "Antioquia diversa".
Desde entonces, "El Chiqui" se volvió un trabajador incansable. Entre 1995 y 1999 dirigió tres documentales más de la serie 'Señales de vida' y uno de la serie 'Todos los vientos', para el Ministerio de Cultura de Colombia. En 2008, rodó el documental "Marmato", sobre la historia del pueblo minero situado en Caldas, cuyas minas de oro han sido explotadas desde la Conquista y la Colonia, y hoy está al borde de su destrucción. Luego, filmó los cortometrajes "La mirada de Óscar", "Los caminos de erupuma", "Saberes", "El último viaje de los hermanos" y "Los días del agua", al lado de María Milena Zuluaga, con quien fundó la empresa Manigua Tantán.
En 2009, filmó "Cansadas de tanto morir", un documental que cuenta la historia de tres mujeres indígenas embera -Roquelina, Otilia y Florinda- que luchan para preservar su cultura, su territorio y su autonomía en los resguardos de Jarapetó, Polines y Cristianía, en el departamento de Antioquia. Además, obtuvo un premio en el concurso de propuestas de cortometrajes para la realización de su proyecto "El payaso de Tapartó".
A lo largo de sus 55 años de vida, con sus más de treinta documentales, Juan Guillermo Arredondo obtuvo numerosos reconocimientos otorgados, entre otros, por el Ministerio de Cultura de Colombia y por varios festivales internacionales de cine documental. También ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y recibió una Mención Honorífica en el Encuentro Hispanoamericano de Video.
Las últimas noticias que había recibido de "El Chiqui" eran la del nacimiento de su hijo Agustín y el estreno de "Resorte", su último cortometraje, sobre la historia de un circo. Siempre que hablamos de la muerte estamos vivos. ¡De suerte que este instante es la vida!
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