Ese hombre de apariencia venerable, con su cabello cano y sus lentes de aumento, que los colombianos conocieron y apreciaron al verlo desde siempre en la televisión, en horarios nocturnos, es el paradigma del periodismo cultural.
La muerte de Bernardo Hoyos el jueves, a causa de una deficiencia pulmonar, tiene al país de luto y son múltiples los homenajes que resaltan su labor en el ejercicio de un periodismo al servicio de las más nobles causas del espíritu.
Nacido en la población antioqueña de Santa Rosa de Osos, en 1934, estudió derecho, pero ejerció el periodismo y su primera escuela fue la emisora de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB).
Su voz grave y de natural modulación, pues en él nada fue impostado, lo llevó a vincularse a las principales emisoras colombianas y también pasó por la BBC de Londres.
Su pasión cultural, su don de gentes y el cuentero que llevaba en la sangre, y que lo convirtió en un gran conversador, le abrieron las puertas en la televisión nacional.
En RTI y en años recientes en Caracol Televisión realizó los programas que hicieron que su figura comenzara a ser familiar en los hogares colombianos, bien fuera que hablara de libros, de cine, de música o del mundo del arte.
En el cierre de su ciclo vital volvió a su origen en la radio universitaria como director de la emisora de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, cargo que desempeñó hasta el fin de sus días, desde hace 20 años.
Exaltado en vida, por su trabajo honesto y su aporte al país, hoy los periodistas y el mundo de la cultura lamentan su muerte y evocan su recuerdo.
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