Antes la cosa era con don Roberto Ripley, cosido entre las bastas de la ya lejana niñez de trompos y otras maravillas. Porque hubo trompos que bailaban... aunque usted no lo crea. Ahora el asunto es con los Récords Guinnes, que no sé si es un señor y si Guinnes se escribe con doble N. Lo que sí supimos y sabemos los colombianos es que no sólo dizque somos el país más alegre del mundo, sino que tenemos un alcalde que soporta 127 denuncias por una cosa muy común y que se llama corrupción, pero que entre nosotros es como tener pecas o sufrir un ataque de dengue.
Pero en una nota de estas, dirigida a nuestras mayorías letradas e iletradas, es decir, a la totalidad de los lectores, es preciso utilizar una palabra que se ha vuelto más común que la corrupción de un alcalde. Esa palabra es SÚPER, y viene como anillo al dedo para decir supercorrupción, porque nada menos es eso de tener en los juzgados más de un centenar de acusaciones, o sumarios o lo que sea. Es importante añadir o anteponer súper porque un Récord Guinnes no se ve todos los días y nuestros podios deben ser mostrados en todo el mundo.
De modo, señor alcalde, que nos sentimos afligidos y avergonzados por esos 127 casos en su contra, pero le recomendamos proyectarse sobre la parte buena y decir a sus amigos si conocen una marca más amplia que la suya. Y les aseguro que el señor alcalde todavía almuerza en su casa y no le pasan el "buey", su sancocho, por entre los barrotes.
PAUSA. Dice el inefable, el inefabilísimo IDEAM: llegó el verano, pero azotado por lluvias.
CONSULTE EL MATABURROS. Así como dice Piero en su canción del sueño que de vez en cuando viene bien dormir, también de cuando en vez conviene que usted amigo que lee o que escucha, consulte el diccionario, al que en otros países llaman mataburros. Y con justa razón. Aunque de verdad no los mata propiamente sino que les da una coz para que, por lo menos, digan menos barbaridades cada día. Y para que no traguen entero y se echen entre las costillas un montón de palabras que no conocen.
Por supuesto que no se puede pedir a nadie que se afrijole entre las neuronas, dendritas y demás "animalitos" cerebrales, cincuenta mil vocablos de los cuales más de la mitad le servirán para maldita la cosa. Pero sí pasar un poco de las dos mil palabras que utilizamos en esta vida para comunicarnos con nuestros demás analfabetos compañeros de planeta.
Hagan al menos lo que hacen con la Santa Biblia. Compran esos inmensos libracos que necesitan atril y que los instalan donde los puedan ver las visitas para que al entrar a la casa se den cuenta que allí hay línea directa con la biblioteca del Señor. Adquieran un Pequeño Larousse o algo que se le parezca y de vez en cuando ábralo como si fuera a buscar el salmo 23. No olvide que los libros no muerden y que si lo hacen dejan una buena cicatriz, así sea del Nuevo Testamento o de la enciclopedia Espasa.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8