El club de fans de Amanda que duerme debajo de los puentes se desvela los viernes cuando ella les lleva serenata.
Su voz les causa sonrisas y, cuando les dedica una canción, los indigentes del centro prefieren dejar de fumar bazuco y subir a la pista para transportarse al mundo musical donde son los protagonistas de la danza.
Abajo la brisa de la noche vuela sus cobijas de periódico y las bolsas negras de basura que utilizan de colchón, mientras arriba del puente los habitantes de la calle se mueven alrededor de los postes de la cuadra que les sirven de pareja.
A otros, el ritmo los pone a bailar con sus perritos callejeros al son de la música de una banda que les produce una sobredosis de alegría.
El combo de la canción
Los demás músicos que se roban el show de la noche en los alrededores de la estación Prado del metro, llegan en bicicleta, caminando o en taxi.
Atraviesan los inquilinatos, los callejones, los parques de ladrones y las plazas de vicio. Pasan por los burdeles, los moteles, las iglesias de garaje y las funerarias para tomar un micrófono, sacar al aire la voz y darle vida a la noche.
Los "superamigos" siempre acuden al llamado de Amanda y algunos viernes del mes ofrecen conciertos de puro corazón a los trabajadores y los andariegos de Los Puentes que conviven tranquilamente gracias a las integraciones de Amanda.
La misión es seguir la pista, darle la espalda al microondas y poner la cara a la calle; esquivar las mesas, no enredarse con los cables ni tumbar las botella de la acera y unir al público de soldadores, pulidores y chatarreros que salen del clóset, la cocina y la cabina de baño que fabrican en sus jornadas diarias de trabajo.
La zona V.I.P.
El público numeroso los aclama en sus banquitas de primera clase, en general aplauden desde la acera, los indigentes tararean el coro junto al puente y todos al final les gritan como a los mejores músicos: "Otra, otra".
El dúo de Álex y Nachy los para de las sillas a dar vueltas de merengue cuando dicen: "El que no baile es porque tiene mal aliento en los zapatos".
Ray Oro los pone a mover los brazos de un lado a otro con sus vallenatos. El tango llega con "El Solitario" y su guitarra y las baladas con "Mileidy", la especialista en microconciertos en pasillos de buses.
Los suspiros salen con los boleros de Luz Marina y las risas llegan con la cara verde de Víctor que imita al personaje de la película "La Máscara". Los entretiene bailando mambo y sacando la lengua, les saca carcajadas cuando dice "A ver pues los que bailan el Aserejé, ja ja, je, je" y aplausos, cada vez que grita "¡Histeriaaaaa!" .
Y antes de terminar la fiesta, los teloneros se sientan junto al público, Amanda sale con su traje de gala y sin el delantal de la fritanga y lanza la voz ronca que desde niña entró cantando el cumpleaños y las mañanitas en las reuniones familiares.
Soldadores, pulidores, recicladores e indigentes se quedan con la boca abierta y con el corazón agitado cuando sale al escenario y escuchan las rancheras de la chica que los desvela.
Amanda es la mujer que vive de la música, sobrevive de la cocina y hace mezclas entre el repertorio de sus canciones y el menú de su cafetería para que el amor que a ella le sale, les entre a sus clientes por la boca y el oído y terminen todos unidos.
La parranda termina a la madrugada del sábado y el lunes regresan a la cafetería usando el pretexto del antojo de fríjoles con queso y jugo de chontaduro con borojó, para escuchar la voz de Amanda que es el plato fuerte que degustan sus corazones.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8