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A Voltaire

27 de noviembre de 2009
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Algunas veces releído y no sé si querido Francois Marie Arouet, alías Voltaire. Y digo que usted es difícil de querer debido a su antisemitismo rabioso, pero al mismo tiempo seduce por su cinismo y por esa vida (la suya) que se mantuvo más en el caos que en la quietud, lo que me lleva a pensar que usted se adelantó a su tiempo.

Hoy el cinismo y el desorden hacen parte del contexto en el que nos movemos, en el que el individuo se ha perdido como persona y lo que se mueve es una masa informe que rabia buscando emociones fuertes, anonimato y un ejercicio violento del estado de naturaleza (egoísmo). Decía Karl Popper, la masa no es la voz de D's sino la de la multitud delirante que, amparada en el anonimato, saca a flote su soledad (en términos freudianos se encuentra mal en la cultura) y chilla. Pero cada miembro de esa masa, a solas, es incapaz de argumentar lo que gritó en grupo.

Pero, amigo y enemigo Voltaire, no voy a hacer ningún análisis de sus creencias, ideas filosóficas o pataletas. Allá usted con lo que vivió, pensó y dañó su sistema orgánico. Lo que me interesa es lo que Curzio Malaparte, en un libro de cuentos titulado Sodoma y Gomorra , escribe sobre su actitud volteriana frente a dos ángeles (vestidos de soldados ingleses y bien armados), y una turba enfurecida.

En el relato (que por el contexto debe darse en 1920-30), Malaparte narra que usted conduce un coche Ford (Henry Ford fue el antisemita más rabioso que produjo Norteamérica) y se dirige a Sodoma y Gomorra para ver qué quedó de estas dos ciudades castigadas por sus iniquidades. A su lado, montando un caballo, va el autor del cuento. Hasta ese punto, todo parece una escena de película.

De Sodoma y Gomorra, para ese momento del siglo XX (a más de dos mil años de la huida de Lot y sus hijas), queda un montículo de sal que representaría a la mujer de Lot y un grupo de individuos rabiosos y nerviosos. Como antes de su llegada (Voltaire) esos hombres han cometido asesinatos y todo lo que ven lo definen con el nombre del enemigo, la aparición de Malaparte y usted (que se ha salido de su época original), exalta a la turba.

Y los dos ángeles (representados por Inglaterra) no pueden sino pedirles que huyan, que Sodoma y Gomorra es tierra que hierve y allí nadie ha leído a Voltaire ni les interesa. Así que, como en el relato bíblico, deben huir sin mirar atrás. Pero usted Voltaire mira lo que le había sido prohibido y queda convertido en estatua. Y su cinismo queda enfrente al fanatismo colectivo. Y no sé si tragado por esa masa extendible.

Francois Marie Arouet, Voltaire (París 1694-1778). En sus escritos filosofa sobre la tolerancia, pero en su vida no la practicó. En el cuento de Curzio Malaparte (Sodoma y Gomorra), Voltaire se convierte en el nuevo símbolo. Convertido en estatua, detrás ruge la turba.

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