POR: Claudia Restrepo
rectora universidad eafit
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La educación es una conversación larga y profunda que siempre toca con el futuro, con el poder transformador de aprender y con la difícil pregunta sobre cómo y qué debemos saber los humanos. Este es un diálogo a varias voces, representado en las preguntas, las respuestas y las reflexiones que pueden surgir de una conversación con dos enamorados de la educación y sus miradas diversas: Alejandro Gaviria, rector de la Universidad de los Andes, con su convicción sobre el valor de la educación liberal y la Universidad; y Carlos Mario Estrada, director del Sena y su visión sobre el poder de la educación para el trabajo y la técnica.
POR: Claudia Restrepo
rectora universidad eafit
Alejandro Gaviria
Rector de la Universidad de Los Andes
Parece haber una idea generalizada sobre cómo la educación se ha estancado en un momento histórico. Recientemente un joven me reclamaba que seguía aprendiendo de la misma manera que sus padres, y preguntaba: “¿Cuándo se empezarán a dar pasos para evolucionar en la educación?”.
A propósito de esto, ¿qué tendría que pasar en la educación superior, como la conoce este joven, para que responda a desafíos que no dan espera: el cambio climático, la reflexión ética, los cambios en las profesiones y el mismo desafío generacional?
“Yo oigo lo mismo de muchos estudiantes. Hay una suerte de impaciencia. La entiendo. Yo aprendí programación en la universidad. Ese conocimiento me duró veinte años. Ahora es distinto. El capital humano se devalúa muy rápido. Las carreras son solo un inicio. Yo diría tres cosas para empezar. La flexibilidad es fundamental. Me gusta la educación como autodescubrimiento, como un proceso para descubrir nuestras preferencias, talentos y habilidades. Segundo, yo creo en la educación liberal. La educación no solo tiene un sentido utilitario. Se trata también de un entrenamiento para la vida, para la búsqueda de significado, para el pensamiento crítico y para la reflexión sobre nuestro papel en la sociedad.
Y tercero, las competencias ciudadanas son claves. En momentos de desconfianza, destrucción e intolerancia, las universidades debemos inculcar las virtudes republicanas del diálogo civilizado y la tolerancia. En fin, yo le diría dos cosas al estudiante, primero, que tiene en parte razón, que tenemos que ser más flexibles y pertinentes; y segundo, que recuerde en todo caso que, como leí alguna vez, la universidad es el lugar donde vamos a reflexionar por unos años antes de que el mundo o la vida nos devoren”.
En este contexto, Alejandro, es inevitable preguntar sobre la relación entre el humanismo y la técnica. La Universidad está en el corazón de esta cuestión, por una parte educamos para la humanidad y su florecimiento, eso es ciudadanía, humanismo; y también para el desarrollo tecnológico y económico. ¿Cuál es tu visión al respecto?
“Yo creo que educamos para las dos cosas. La técnica es fundamental. A mí, por ejemplo, como economista, me parecen fundamentales los conocimientos de estadística y econometría. Pero estos pueden aprenderse, en buena medida, por Internet. El papel del profesor debe ser enfatizar, entonces, el contexto, las posibilidades, incluso los límites de las técnicas. Si me quisiera poner grandilocuente diría lo siguiente: la crisis climática, el aumento de la desigualdad (lo de la distribución de las vacunas entre países es atroz, por ejemplo) y el desarrollo de la inteligencia artificial hacen que la reflexión humanista sea imprescindible. Estamos en un momento en el cual la reflexión es fundamental, no podemos decir que necesitamos simplemente técnicos y emprendedores. Las universidades deben inculcar la vida consciente, la vida es también una búsqueda de sentido”.
Pero, ¿qué hacer, entonces, para acelerar la transformación hacia una educación que esté al servicio de estos desafíos que planteas, sobre todo en un sistema que se ha sobrediseñado, hiperreglamentado y ralentizado?
“Al hablar de flexibilización en los programas dentro de las universidades, también debemos hablar entre todos de flexibilidad regulatoria. El tema regulatorio es muy complejo, crear nuevos programas, por ejemplo. Es importante llamar la atención al Ministerio de Educación Nacional que es la entidad que regula la educación superior sobre ese mismo tipo de flexibilidad. Lo otro es que las universidades tenemos que ser menos adversas al cambio. Creo que fue Moises Naim en una columna de hace unos meses quien hizo una crítica feroz a la educación superior en la que decía que las universidades viven diciendo cómo se debe cambiar el mundo, pero son incapaces de cambiar ellas internamente. Esto debe ser una llamada que debemos hacernos nosotros como rectores. Es necesario incorporarse al nuevo mundo. Nosotros debemos transmitir esa visión de adaptación a nuestras universidades. Tenemos que sacudirnos al interior”.
Las universidades, más allá de los ránquines y las evaluaciones estandarizadas, cada vez se tendrán que volver más emergentes ante lo que ocurre en su entorno, en su aporte y conexión con la realidad; y la investigación es una oportunidad de conexión con lo que pasa en el contexto. Te he sentido en nuestras conversaciones una preocupación alrededor de la investigación y de los incentivos que la promueven. ¿De qué se trata?
“Yo tengo algo de angustia sobre el impacto de las universidades. Creo que los modelos que hemos venido trayendo, que han sido eficaces para la generación de conocimiento, también nos han hecho hiperespecializados, llenos de parcelas. El profesor hoy en día llega, hace su doctorado, conoce a la comunidad global de investigadores en el asunto, lo evalúan, presenta sus artículos y así avanza en su carrera profesoral; y claro que es importante esa interacción alrededor de esa parcela de conocimiento, pero debemos ir más allá. La investigación interdisciplinar, los grupos distintos y el impacto en la sociedad deben estar en la forma como medimos la educación. Pero la angustia viene de que todos repetimos esto, que debemos tener un impacto mayor, pero los incentivos y las fuerzas endógenas de la universidad llevan a lo contrario. Es difícil romper ese equilibrio que no es ideal y es difícil de romper. Desde arriba en la investigación debemos trabajar para promover centros interdisciplinares, evaluar los estatutos docentes para promover más los ámbitos de divulgación en los ascensos profesorales. Se debe transmitir el mensaje sobre la importancia de la investigación en ámbitos aplicados”.
Y para finalizar, sobre el papel de la universidad en el futuro de la democracia. En el reciente Hay Jericó hablabas del fracaso de la Universidad en la defensa de la democracia americana al asomarse el nacionalismo, el racismo, la xenofobia. ¿Cómo debería ser entonces la universidad?
“Te confieso que dudé antes de expresar esa opinión. Quizás es un poco injusta. Me llama la atención, en todo caso, ese contraste entre la fortaleza de la educación universitaria y los problemas crecientes de la democracia de los Estados Unidos. Revela, en mi opinión, cierta desconexión. Si fuera a responder en una frase tu pregunta diría “tenemos que conectarnos más”. Participar en más debates, trabajar más con los sectores público y privado, escribir más claro, abandonar la jerga por un rato (cada artículo científico debería estar acompañado de un esfuerzo de divulgación), escuchar más a los exalumnos, incluso. Sé que el tema es polémico, ser más activistas, defender algunas causas de manera explícita. Yo soy optimista sobre el papel de las universidades, las universidades seguirán existiendo como espacios para transmitir conocimiento y para reflexionar sobre lo que está ocurriendo. No veo a nadie diferente de la universidad para la reflexión, pero debemos ser más autocríticos sobre nuestro papel. La universidad es un espacio para todos, para la reflexión, la educación para toda la vida. Tener en la clase personas de todas las edades. Hacer una universidad distinta para la reflexión de todo”
Carlos Mario Estrada
director del sena
Empiezo con una pregunta obligada para el Director del Sena: Cuando hablamos de Educación para el trabajo y el desarrollo humano, ¿qué tendría que hacerse para responder a los desafíos que surgen en un mundo, donde aparecen nuevos oficios con la Cuarta Revolución Industrial y reflexiones profundas sobre la ética, la sostenibilidad y el humanismo?
“Es necesario ser conscientes de los cambios que llegan con la Cuarta Revolución Industrial y la convergencia tecnológica. La desmaterialización y digitalización de los productos, procesos y servicios cambiaron el mundo análogo tal como lo conocíamos, ese está desapareciendo aceleradamente. Nosotros tenemos que lograr que nuestros ciudadanos dominen tres lenguajes: español, inglés y el lenguaje de programación. Esta generación será la primera que va a interactuar el 50 % de su tiempo con máquinas. Por eso deben fortalecerse las habilidades digitales y la ciudadanía digital. Ante estos cambios, somos conscientes de que debemos formar seres humanos integrales, buenos ciudadanos, trabajar en el desarrollo de las habilidades técnicas, emprendedoras y digitales, así como en las competencias socioemocionales y ciudadanas. Debe resaltarse que el Observatorio Laboral del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, concluyó que en los próximos años van a desaparecer 85 millones de empleos en tareas repetitivas y operativas que hoy realizan los seres humanos. Así mismo, sostiene que van a surgir 130 millones de nuevas oportunidades laborales asociadas en su mayoría a todas las áreas que conforman la Revolución 4.0. De igual forma, hacen parte de estas nuevas opciones laborales los profesionales al cuidado de los grupos humanos y del medio ambiente, los empleos verdes con énfasis en las energías renovables no convencionales, la electromovilidad urbana, la economía circular, los emprendimientos sociales y tecnológicos y el desarrollo de código fuente, entre otros. Por esto es tan importante la formación humanista y la actualización constante, pues hoy la tecnología impacta todas las facetas de nuestras vidas y de nosotros depende que logremos adaptarnos, teniendo como principio fundamental el bienestar colectivo”.
A la vez que aparecen nuevos oficios, lo más difícil es hacer las renuncias a los anteriores. En este panorama, ¿qué elementos serían esenciales para acelerar la transformación de la educación y que sea afín con el futuro?
“La gran preocupación es que ambos hechos no van a suceder al mismo tiempo. Mientras las pérdidas de empleo son inmediatas, las nuevas opciones laborales se irán presentando de forma gradual. Ante este exigente panorama, en el SENA estamos acelerando el marchitamiento de los programas de formación del siglo XX y de la era industrial y desarrollando nuevos currículos que respondan con pertinencia a los sectores económicos y áreas que van a generar los empleos formales en esta década. La actualización será constante, el cambio es tan disruptivo que cada cuatro años un profesional deberá volver a pasar por la actualización de conocimientos, será fundamental en el futuro el reentrenamiento, e igualmente el diálogo intergeneracional y cómo en un aula de clase podremos satisfacer las expectativas de un joven de 20 años que se encuentra con un adulto de 50 años”.
En nuestros intercambios y reflexiones te he escuchado decir que se debe dejar de lado la dicotomía entre la educación técnica y científica, y la humanista. ¿Qué se debe hacer desde las áreas del saber aplicado para que, sin abandonar la formación práctica, se puedan sumar al desarrollo humanista?
“La educación tiene que ser integral y debe formar personas creativas, emprendedoras y competentes para desempeñarse eficaz y eficientemente en el mundo laboral y también para ser ciudadanos que se desempeñen correctamente en la sociedad. Debemos dar mucha fuerza a las competencias socioemocionales. Esta tercera década del siglo XXI será la más disruptiva en toda la historia de la humanidad, es una época que se va a caracterizar por la importancia e influencia del algoritmo en todos los ámbitos. Pero debemos enfatizar aún más en nuestros procesos formativos, que sea la década del humanismo, porque es lo único que nos va a diferenciar de las máquinas, que estarán en capacidad de realizar todo tipo de cálculos con total precisión y a una mayor velocidad”.
No todos aprendemos igual ¿Cómo te imaginas en el futuro que los sistemas educativos como los nuestros estén preparados para promover lo mejor de cada estudiante, respetando sus diferencias?
“Una parte muy importante es la orientación profesional con base en los perfiles de los estudiantes. Debemos ayudar a los estudiantes a que se sientan afines con su elección, a que escojan el programa más afín con sus saberes y aprendizajes. Tener una orientación con independencia para poder elegir a partir de las capacidades y preferencias. En este contexto urge también, de acuerdo con la Unesco, promover el aprender a aprender, es decir, adquirir los instrumentos del saber: atención, memoria y pensamiento, con la convicción de que se aprende de todas las experiencias, durante toda la vida. Estudiar siempre es positivo; igualmente aprender a hacer, aprender a ser, a convivir y aprender a emprender. Debemos recordar el lúcido pensamiento de Alvin Toffler cuando manifiesta que “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer ni escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender”.
Pensando en el futuro, ¿cómo visualizas en Colombia esa interacción entre la educación para el trabajo y la educación superior?
“Estoy observando que las universidades han venido estudiando cómo acortar el tiempo de sus programas, veo a universidades pensando ofertar programas técnicos y tecnologías. Hoy en día la educación debe ser flexible, y adaptarse a las necesidades de los entornos. Todos los actores de la educación estamos en la obligación de cerrar la brecha de la pertinencia de la educación. Cada sector tiene sus necesidades. Debemos empezar a formar por demanda, hoy en día la educación debe ser flexible y adaptarse, no solo a las demandas de los sectores productivos, sino a los intereses generales de la población determinados por las condiciones sociales, regionales, económicas y humanas de sus entornos. Siempre hay resistencias. La Cuarta Revolución Industrial no la podemos detener, es irreversible, lo que debemos hacer los empresarios, el Gobierno y la academia es lograr desarrollar las competencias técnicas, digitales, humanas, socioemocionales que faciliten a los empresarios y estudiantes el poder insertarnos con éxito en ese mundo disruptivo de Revolución 4.0”