Tenía 12 años cuando Angie Saray González se desprendió del calor de Yuli, su madre.
A la mujer que labora arreglando uñas en Turbo le dijeron que su hija era un diamante del atletismo, y que para hacerlo brillar era oportuno ingresarla al Centro de Desarrollo Deportivo ubicado en ese municipio del Urabá antioqueño.
Ella, al ver la ilusión de la pequeña, y luego de meditarlo varias noches, terminó aceptando la petición.
Y si Angie Saray salió a gran velocidad de su hogar, así mismo, ahora con 15 de edad, empieza a recoger frutos.
Sus resultados vienen sorprendiendo. Uno de ellos, el que logró hace dos semanas en Cali.
Con un tiempo de 38.87 segundos batió la marca nacional infantil de 300 metros planos que estaba en poder de Yomara Hinestroza (39.05) desde 2002.
“Es una niña con un gran talento. Posee una mente fuerte, llegará lejos”, expresa su entrenador, Jhonley Mosquera.
En el Centro de Desarrollo sus superiores también la elogian. “No olvido el primer día que empecé el proceso con ella. De inmediato mostró responsabilidad, respeto y disciplina. Es muy atenta, extrovertida y siempre está dispuesta a aprender. No solo en el deporte, en el estudio también cumple”, dice Sandra Demarchi, trabajadora social.
María Endira Gulfo, sicóloga, agrega: “Lo que se propone, lucha por conseguirlo”.
“Mi objetivo, a corto plazo, es ser medallista en el Mundial de Kenia en 2017, y a largo, clasificarme a los Juegos de Tokio-2020, sé que debo ir paso a paso”, comenta Angie Saray, quien de hecho ya hace parte de la preselección Colombia que actuará en los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires-2018.
Por ahora, la estudiante de décimo grado del Ángel Milán Perea se alista para darle más alegrías a este colegio y Antioquia en la final de los Juegos Supérate en Bogotá, en los que logró tres oros en 2015.
“La rivalidad será más dura, pues me mediré a niñas de 16 y 17 años, aunque con la buena preparación que he tenido podré defenderme”, indica la menor, quien competirá en las pruebas de 100, 400 y 4x100 metros planos.
Agrega que los sacrificios y esfuerzos que ha hecho han valido la pena. “Un deportista de alto rendimiento es consciente de que debe llevar una vida diferente a las personas del común para poder salir adelante. Alejarse de la familia es lo más complicado, se sufre, muchas veces se siente soledad, pero cuando hay amor por algo todo se vuelve más fácil”, finaliza la atleta de pelo largo y crespo, quien con veloces zancadas avanza firme por sus metas
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