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Kompany y la reflexión sobre racismo que le da la vuelta al mundo, cuestionó a Mourinho y defendió a Vinicius

La voz del técnico de Luis Díaz aporta una reflexión poco habitual: profunda, crítica y alejada de los bandos.

  • Vincent Kompany defendió a Vinicius y criticó a Mourinho. FOTO BAYERN MUNICH
    Vincent Kompany defendió a Vinicius y criticó a Mourinho. FOTO BAYERN MUNICH
hace 1 hora
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El fútbol europeo vive una nueva sacudida moral tras el incidente protagonizado por Vinicius Jr. durante un partido entre Real Madrid y Benfica. Pero más allá de lo ocurrido en el césped, han sido las reflexiones del exdefensor y actual entrenador belga Vincent Kompany las que han aportado una mirada profunda, matizada y poco habitual sobre un problema que el deporte arrastra desde hace décadas: el racismo y la polarización en torno a él.

Su intervención no fue una condena simplista ni una defensa corporativa. Fue, más bien, un análisis humano de un fenómeno complejo, dividido —según él— en tres escenarios: lo que pasa en el campo, lo que ocurre en las gradas y lo que sucede después en el discurso público.

Lo ocurrido en el campo: una reacción que no se puede fingir

Kompany parte de una premisa clara: la reacción emocional de Vinicius Jr. durante el partido no parece fabricada.

Para el belga, no existe ningún beneficio en exponerse voluntariamente a una tormenta mediática y emocional denunciando insultos racistas. Al contrario, hacerlo implica cargar con una presión enorme. Por eso interpreta la conducta del brasileño como un acto de convicción, no de cálculo.

En esa misma línea, destaca el papel de Kylian Mbappé, testigo privilegiado de la acción. Conocido por su prudencia en declaraciones públicas, el delantero francés fue claro al afirmar que escuchó y presenció lo ocurrido, reforzando la credibilidad del episodio.

Sin embargo, el caso se complica por la negativa del jugador rival implicado, lo que convierte el incidente en un terreno difícil de probar desde lo disciplinario.

Las gradas: cuando el problema deja de ser individual

Para Kompany, el conflicto no se limita a un intercambio entre futbolistas. Lo verdaderamente alarmante es la participación de sectores del público.

Señala la presencia de gestos racistas visibles en videos y cánticos ofensivos desde las tribunas. Este elemento transforma el incidente en algo sistémico, no aislado. Cuando la discriminación surge desde la masa anónima, identificar culpables y aplicar sanciones se vuelve mucho más complejo.

El ex capitán del Manchester City insiste en que ignorar esta dimensión sería minimizar el problema real.

El tercer tiempo: el discurso posterior como campo de batalla

Kompany es especialmente crítico con lo ocurrido después del partido. Allí entra en escena José Mourinho, quien cuestionó el comportamiento y las celebraciones de Vinicius Jr., sugiriendo que podrían haber influido en la reacción del público.

Desde la perspectiva del belga, este enfoque representa un error de liderazgo. Atacar el carácter de quien denuncia racismo —en lugar de centrarse en los hechos— puede desviar la conversación y legitimar indirectamente la agresión.

Para Kompany, los líderes del fútbol tienen la responsabilidad de proteger valores fundamentales, incluso cuando eso suponga incomodidad o controversia.

El argumento de Eusébio y la memoria histórica

Uno de los puntos más sensibles fue la referencia de Mourinho a Eusébio, leyenda histórica del Benfica, como prueba de que el club no puede ser racista.

Kompany cuestiona esa lógica. Recuerda que los futbolistas negros de los años 60 vivieron en contextos donde denunciar discriminación era prácticamente imposible. Su supervivencia dependía del silencio y de rendir mucho más que los demás para ser aceptados.

Usar ese pasado para invalidar denuncias actuales ignora tanto la evolución social como el sufrimiento que esos jugadores debieron soportar.

La desigualdad de voz en el fútbol europeo

El belga introduce además una reflexión clave: no todos los futbolistas tienen la misma capacidad para defenderse.

Mientras Vinicius Jr. cuenta con visibilidad global y respaldo institucional, otros jugadores en ligas menos mediáticas —menciona casos en Europa del Este— pueden carecer de protección si sufren situaciones similares.

Esto revela una brecha preocupante: el acceso a la justicia deportiva depende, en parte, del estatus del jugador.

¿Hay espacio para el perdón?

Lejos de adoptar una postura punitiva absoluta, Kompany plantea la posibilidad de la reconciliación. Si un futbolista cometió una falta grave, debería existir la opción de admitir el error y pedir disculpas, lo que podría influir en la sanción.

Sin embargo, advierte que la polarización actual reduce todo a bandos irreconciliables. El debate se vuelve binario: culpable o inocente, víctima o provocador, sin espacio para matices ni reparación.

Experiencias personales: el racismo no es teoría

El testimonio adquiere mayor peso cuando Kompany recuerda episodios vividos en primera persona y por otros jugadores.

Cita los casos de Samuel Eto’o, Mario Balotelli y Patrick Vieira, todos víctimas de abusos raciales pese a sus exitosas carreras.

También evoca un partido de juventud en el estadio del Real Betis, donde él y un compañero fueron objeto de cánticos racistas. Paradójicamente, recuerda ese día como uno de los más impactantes de su carrera no solo por la hostilidad, sino porque muchos aficionados del propio club protestaron contra los ultras responsables.

Ese gesto le mostró que el fútbol contiene tanto intolerancia como resistencia a ella.

Consecuencias invisibles: exclusión y falta de oportunidades

Más allá del episodio concreto, Kompany apunta a un efecto profundo y duradero. Crecer en entornos donde el racismo está presente puede traducirse en aislamiento social y pérdida de oportunidades.

Las personas terminan empujadas hacia identidades enfrentadas, en lugar de integrarse en un proyecto común. Superar esa dinámica requiere tiempo, educación y voluntad colectiva, algo que el deporte aún no ha conseguido plenamente.

Mourinho, entre la crítica y el respeto

A pesar de su desacuerdo con las declaraciones del técnico portugués, Kompany evita demonizarlo. Reconoce su trayectoria y el cariño que le profesan muchos exjugadores.

Su conclusión es matizada: Mourinho no es una mala persona, pero en esta ocasión —según el belga— cometió un error significativo.

Un llamado a reconstruir puentes

El mensaje final de Kompany no es de confrontación sino de esperanza. El objetivo no debería ser profundizar divisiones, sino buscar soluciones que permitan avanzar juntos.

El fútbol, con su influencia global, puede amplificar el odio o convertirse en una herramienta de cambio social. Todo depende de cómo respondan sus protagonistas.

En palabras implícitas del belga, la verdadera victoria no se mide en goles ni trofeos, sino en la capacidad del deporte para defender la dignidad humana.

Porque lo que está en juego no es solo la reputación de un jugador o un club, sino la credibilidad moral del fútbol como espectáculo universal.

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