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El triunfo que le puso fin a la desesperanza

Tres chicas, llegadas hace un año del Urabá antioqueño, ven ahora cómo sus vidas cambian y celebran título en fútbol de salón intercolegiado.

  • Yurian, en primer plano, condujo al título de fútbol de salón a la IE La Independencia. FOTO CORTESÍA iNTERCOLEGIADOS SUPÉRATE
    Yurian, en primer plano, condujo al título de fútbol de salón a la IE La Independencia. FOTO CORTESÍA iNTERCOLEGIADOS SUPÉRATE
  • Estas son las chicas de la IE La Independencia, campeonas en el fútbol de salón.
    Estas son las chicas de la IE La Independencia, campeonas en el fútbol de salón.
  • El baloncesto igualmente triunfó en la categoría B (IE La Paz). Celebran con su DT David González.
    El baloncesto igualmente triunfó en la categoría B (IE La Paz). Celebran con su DT David González.
  • Las niñas del colegio Coredi de Antioquia también fueron campeonas en voleibol.
    Las niñas del colegio Coredi de Antioquia también fueron campeonas en voleibol.
  • Ana Lorena Ortega y Estefanía González, al final del juego que les dio el título en futsal. Fotos CORTESÍA JUEGOS INTERCOLEGIADOSSUPÉRATE
    Ana Lorena Ortega y Estefanía González, al final del juego que les dio el título en futsal. Fotos CORTESÍA JUEGOS INTERCOLEGIADOSSUPÉRATE
22 de octubre de 2015
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Cuando en febrero del año pasado Aylin, Yurian y Ana Lorena llegaron de Chigorodó sintieron nervios. Muy niñas, pues no pasaban de los 15 años de edad, se iban a enfrentar a una vida nueva, a un clima que las golpeaba de frío por las noches y a gente que, en ese momento, les eran extrañas. Pero tres eran grupo y se defendieron contra todo.

Recomendadas por una profesora de ese municipio del Urabá antioqueño, quien les veía condiciones para la práctica del fútbol de salón, las chicas se instalaron en una casa de familia en el barrio Doce de Octubre, donde tuvieron comida, dormida y lo necesario para vivir, aunque, según su entrenador en Medellín, John Fernando Arias, había que recoger dinero para que se desplazaran al colegio o al lugar de entrenamientos y de ahí de nuevo a la casa, en una rutina que se hizo común en ellas.

Yurian Rojas salió del barrio Montecarlos, de Chigorodó, donde vivió niñez y adolescencia. Allá dejó “mamita, papito, tías, mi mamá y hermanas...”. Su voz se rompe cuando habla de ellas. Los primeros días en Medellín fueron terribles, de angustia, los recuerda bien. A tal punto que estuvo a punto de regresar dejando tirado todo.

“Pensé que nada iba a cambiar, aguantaba hambre, tenía miedo y me hacía falta mi mamá, pensaba que por qué me había venido para acá; no veía futuro y que los sueños que me había hecho no iban a ser realidad”.

Claudia Milena, la madre de Yurian, fue quien, a la postre, influyó más para que ella se quedara en la capital. “Es por usted mija”, no se cansó de repetirlo y de animarla a seguir adelante: “aquí no pasa nada con usted, en Medellín sí, pero es cuestión de aguantar, de esperar”, le repetía siempre que, llorando, su hija la llamaba.

Con su cabellera esponjada, que lava dos veces por semana, y demora dos horas escurriéndola y secándola, Yurian empezó a mostrarse en los rectángulos de juego de la Institución Educativa La Independencia, a donde llegó igualmente recomendada, al lado de Aylin Lagares y Ana Ortega, sus dos amigas con las que vino de Urabá y con quienes compartió situaciones similares tanto de angustia como de felicidad.

“A veces les faltaba comida, se mostraban aburridas, y hasta hablaron de humillaciones”, cuenta John Fernando, el líder de un proyecto de fútbol de salón en la IE La Independencia y quien se convirtió no solo en su entrenador sino en el acudiente, amigo, profesor y algo así como su tutor en la ciudad.

Las cosas, sin embargo, no son para toda la vida. Yurian y sus amigas encontraron en el equipo de colegio un grupo que les cambió el concepto y les ayudó para desechar ese pensamiento que tenían y saber que “las cosas se valoran más cuanto más sufridas son como lo dice mi mamá”, expresa Yurian, que ya goza con su primer título de importancia: el de la final nacional de Intercolegiados en un año que para ella es significativo: ganó todos los torneos a los que asistió (municipales, regionales y ahora el nacional), se graduará de bachiller y empezará a soñar con convertirse en odontóloga pues su pensamiento está enfocado en estudiar esa carrera.

Ella, Ana Lorena y Estefanía González (2) -una chica que llegó como refuerzo del colegio Débora Arango, de Belén Altavista-, convirtieron los goles que determinaron el 4-2 de la final sobre el representativo de Nuestra Señora del Pilar de Santander que les entregó la medalla de oro.

“Somos grandes compañeras y amigas”, dice la nueva campeona mientras cuenta que el éxito del equipo se debe a la unión, a que “la guerriamos” y a que nunca se recriminan en el campo de juego.

La desesperanza perdió la partida. En el frío piso del escenario capitalino, tiradas y dando vueltas, gritaron y festejaron. Un momento que quedó como testigo de una celebración en la que la felicidad fue más que el cansancio. Del torneo solo les quedan fotos y la amistad y en el pensamiento de Yurian, la feliz capitana del equipo, más viva que nunca la idea de darle a su mamá, algún día, una vivienda.

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