Gildardo Gómez fue uno de los jugadores que actuó los dos partidos completos en la final de la Copa Libertadores de 1989. Fue lateral derecho en el Defensores del Chaco y lateral por la izquierda en El Campín en el duelo de vuelta. Se defendía por ambos perfiles.
Los momentos vividos por él son imborrables, pero especialmente el de vuelta, en el que necesitaban remontar un marcador de 2-0 y que no pudieron jugar en el Atanasio Girardot porque el estadio medellinense no tenía la capacidad para la final.
¿Qué diferencias encuentra entre ese partido de vuelta en el 89 y el de este Nacional de 2016?
“Muchas, nosotros llegamos con la obligación de remontar un 2-0 y ahora Nacional sacó un empate. Y el rival de nosotros era mucho más. El sistema de juego, las nóminas, en fin...”.
¿Ustedes jugaron tan mal para regresar perdedores?
“Jugamos bien, los goles fueron en jugadas aisladas. La idea nuestra era tener el balón y lo logramos, pero llegaron esos dos tantos y no crea que era fácil la tarea de cambiar el resultado así fuera en casa, porque Olimpia era un equipo con mucha tradición internacional”.
¿Qué destaca de ese Olimpia de la época?
“Era de los mejores de Suramérica. Incluso ya había sido campeón de la Copa Libertadores y varias veces subcampeón. Sin demeritar a Independiente del Valle, no tiene la categoría para ganarle a Nacional. Es un equipo que apenas se muestra internacionalmente, que ha hecho una sorprendente campaña y ya cumplió”.
¿Mucha la diferencia?
“Sí, en todo. Como equipo no hay comparación. Olimpia era un grande con jugadores de renombre como Almeida (Ever), Benítez (Gustavo), Mendoza (Alfredo), Bobadilla( Rafael) y Amarilla (Vicente), entre otros. Era un equipazo y favorito al título. Independiente del Valle tiene mucho camino por recorrer”.
¿Qué fue lo más difícil?
“Que los dos partidos los jugamos de visitante. Porque así se volcara la gente a Bogotá, en el Atanasio nos sentíamos más cómodos. Pero todo eso lo superamos”.
¿Qué era lo que más le gustaba de ese Nacional?
“Que tenía mucho equilibrio. Que se partía de la idea de mantener el cero y ser muy sólidos en defensa. De ahí hacia arriba se esperaba una genialidad de J. J. Tréllez, Albeiro Usuriaga o Jaime Arango. Además, teníamos jugadores claves en todas las líneas, empezando por René (Higuita) que era un genio y lo demostró con todos esos penaltis que agarró”.
Vivieron infinidad de anécdotas, ¿cuál recuerda?
“Qué más que el sufrimiento en ese partido en Bogotá. Creo que nos pasamos dándole la espalda al arco de René, porque nosotros los botábamos y él los tapaba. Tiemblo todavía de pensarlo”.
¿Qué hacía en esos momentos cruciales del juego?
“Cada que ellos iban a cobrar me volteaba y cerraba los ojos. A alguno de mis compañeros cogía y cuando escuchaba el grito de la gente, sabía que René lo había tapado. Fue una locura”.
¿Y qué sintió cuando Leonel lo convirtió?
“Las piernas no me respondían para correr y abrazarlo. Era una situación indescriptible. Uno ni se daba cuenta de lo que sucedía alrededor porque era un sueño lo que se vivía. Situaciones como esa, se viven muy poco en la vida. Es algo que uno espera con tanta ansiedad, que no lo cree cuando se consigue”.
¿Y lo que más recuerda de ese cotejo en la Capital?
“Que hubo mucha tensión, porque jugamos bien el primer tiempo, pero no anotamos. Pacho (Francisco Maturana) hizo un cambio clave entrando a Felipe Pérez por Arango y apareció Usuriaga en los momentos claves del partido”.
¿Por qué el título fue verde?
“Porque cada uno creyó en las condiciones que tenía y porque fuimos una familia que siempre tiró para el mismo lado”.
¿Cree en la segunda estrella para Nacional?
“No veo con qué le pueda ganar Independiente a Nacional. El verde es un equipo que viene jugando muy bien, con un estilo de juego que le imprimió Reinaldo (Rueda) y que ya, después de 27 años, merece volver a ganar, porque varias veces ha quedado cerca”
Regístrate al newsletter