El espíritu de colectividad en el fútbol es algo tan instintivo que es capaz de materializarse aún en las situaciones más extremas.
Un caso particular y fascinante fue aquel Lazio de 1974 compuesto por jugadores que integraban dos facciones: una fascista y otra comunista. Tenían camerinos diferentes y llegaban incluso armados a los entrenamientos. Eso sí, dentro de la cancha funcionaban como una sola unidad, tanto así que salieron campeones en Italia y deleitaron a buena parte de Europa con su fútbol.
Pero, generalmente, la solidaridad en el balompié no se pone a prueba en condiciones tan adversas. Basta con el profesionalismo básico y el respeto por un deporte que, hasta el más frívolo de los futbolistas sabe, toca fibras sensibles en la sociedad.
De ahí la estupefacción de todo aquel que siente la más mínima afinidad con este deporte cuando presencia algo como lo que protagonizaron Dayro Moreno y Jeison Lucumí.
Un caso que se suma a un puñado de eventos en los cuales dos compañeros mostraron lo innoble del deporte más popular del mundo.
Deshonrosos antecedentes
El más reciente episodio de amplia trascendencia ocurrió en pleno Mundial de Brasil 2014, cuando Benjamin Moukandjo y Benoit Assou-Ekotto, jugadores de Camerún, se trenzaron a golpes en medio de la derrota de su equipo ante Croacia.
La Federación de su país los multó y los mantuvo desafectados por varios partidos.
Dos años atrás, otro sonado suceso con estrellas mundiales ocupó las portadas de los diarios europeos. En un partido por Champions League entre Real Madrid y Bayern de Múnich, el francés Frank Ribery se molestó porque su compañero Arjen Robben le quitó el balón en un tiro libre para dárselo a Toni Kroos, de gran efectividad en entrenamientos.
El disgusto del francés fue tal que en el vestuario atacó a golpes de Robben, quien salió al segundo tiempo con un morado en su pómulo derecho. La directiva bávara impuso una multa de 65.000 dólares a Ribery y la obligación de unas disculpas al holandés y al resto de la plantilla.
Finalmente, el incidente entre Lee Bowyer y Kieron Dier, de Newcastle, en 2005, es uno de los más famosos por la violencia con la que se enfrentaron en el terreno de juego.
Ambos acabarían expulsados y al día siguiente ofrecerían disculpas en un acto público a toda la sociedad inglesa, testigo del altercado.
En una entrevista que puede encontrarse en Youtube o en cuentas de Twitter como @fulbo_fulbo, el técnico del PSG, el alemán Thomas Tuchel, reflexiona acerca del daño que le está haciendo al fútbol el estado de confort en el que se encuentran los futbolistas actualmente.
“Las comodidades materiales y la idolatría que despiertan les está llevando a pensar que tienen inmunidad ética y comportamental. Creo que necesitamos asignarles más responsabilidad para con la sociedad”, apostilla.
Lástima que tengan que ocurrir casos como el del domingo en el Atanasio para advertir razones como la de Tuchel.