A veces héroes, a veces villanos. Esclavos de sus actuaciones, un día aplaudidos y al otro abucheados. Esa es la vida del futbolista profesional, que debe hacerse el de la vista gorda y el sordo para poder asumir la presión que implica su carrera.
Jugar en un club como Atlético Nacional implica tener la presión de millones de hinchas que siguen al club verde. No es fácil y muchos buenos jugadores han fracasado vistiendo la camiseta del club antioqueño.
En la actualidad hay varios que no han sido del agrado del hincha, pero de a poco vienen cambiando esa percepción por su rendimiento.
“Me equivoqué cuando le respondí a los hinchas por Twitter. Estaba ansioso por demostrar con Nacional lo que le puedo aportar y me molestaron los comentarios, pero estamos expuestos a eso”, dice el paraguayo Pablo Zeballos que tras su debut oficial recibió infinidad de comentarios negativos: “que es lento, que está gordo, que Nacional perdió esa platica”, entre otras críticas a las cuáles respondió en dicha red social.
Después, guardó silencio y vinieron los goles. Pablo acumula 2 en Liga y 2 en la Copa Libertadores.
Situación similar experimenta Jonathan Copete. Desde que llegó a Nacional en julio de 2014 no ha convencido a la parcialidad antioqueña, pero nunca se refirió al tema, porque indica que hay que saber manejar esos comentarios sobre todo, por la familia.
“Mi esposa Maryury Rondón y mi hijo Jonathan Alexánder son quienes realmente comprenden lo que uno siente cuando es silbado”.
Dice Copete que a veces prefiere que ellos no vayan al estadio para que no oigan el maltrato al que puede ser sometido, el que muchas veces no entiende su hijo.
“Estamos expuestos a eso, pero me gustaría que los hinchas se pusieran en el lugar de los jugadores y que sus padres y familiares escuchen todo lo que nos dicen a ver cómo se sentirían. Solo los invito a esa reflexión”.
Jairo Palomino fue tildado de “mercenario”, porque muchos juzgaron su situación con el equipo árabe sin conocer la realidad del tema.
Este es su tercer paso por Nacional. El primero fue exitoso. El segundo, debía resolver los temas con el club árabe que no lo dejaban concentrarse completamente y ya hoy por fin solo piensa nuevamente en rendir con Nacional y así lo ha demostrado en los partidos que le ha tocado actuar, en los que ha sido de los más destacados.
“El hincha tiene todo el derecho de exigir porque compra una boleta. Lo único que uno como jugador pide es respeto con uno y su familia”.
Palomino está contento porque ha cambiado los silbidos por aplausos, pero es consciente de que lo más difícil es mantener los aplausos.
A Camilo Vargas, la novela de su llegada a Nacional lo hizo llegar a pensar, incluso en el retiro del fútbol. Y es que, más allá de la rivalidad entre el conjunto verdolaga y Santa Fe, existe el tema familiar. Hay cosas que son de la intimidad del jugador y la especulación de los medios de comunicación y los hinchas, hicieron que llegara a la ciudad con un ambiente desfavorable de la hinchada.
Incluso, le ha tocado casi que humillarse, con videos y audios, pidiendo perdón para que los aficionados verdolagas lo dejen trabajar tranquilo.
Debutó con Pasto y pese a la derrota verdolaga se notó su entrega, compromiso que ratificó en la victoria 4-0 ante Uniautónoma, cuando por primera vez actuó en el Atanasio Girardot.
“Agradezco a la hinchada porque sentí el cariño de la gente y ese respaldo para uno como jugador es fundamental”.
Sin embargo, ese cariño no fue gratuito, se lo ganó de atajada en atajada y con seguridad bajo los tres palos.
Qué decir del venezolano Alejandro Guerra que, además de vivir con el drama del asesinato de su hermano y de sus lesiones constantes, debió aguantar el escarnio público.
“Mi esposa Cris Espejo y Rosa, mi mamá, siempre están pendientes de mí y eso es lo que me ha dado fuerzas para superar los malos tiempos y la tranquilidad para dedicarme al trabajo”.
Eso se nota este semestre, porque se ha vuelto uno de los más destacados del club e irónicamente ahora es pedido por quienes le gritaban “malo” desde sus asientos.
“Trato de divertirme con responsabilidad, me agrada que las cosas me salgan y que el público disfrute de mi trabajo. Al fin y al cabo esto es un juego para divertirse”.
No se trata de defender a los futbolistas, sino que como señala un dicho popular: “nuestros actos son los que nos definen”.
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