Casi la mitad de los adolescentes de 14 años muestran interés por disciplinas artísticas, pero solo uno de cada 25 termina trabajando en el sector creativo al llegar a los 30 años. Esta drástica caída no responde únicamente a la falta de talento; es el resultado de un sistema de embudo alimentado por presiones sociales, familiares y escolares que penalizan especialmente a las mujeres y a los estudiantes de entornos con bajos ingresos.
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Estas son algunas de las conclusiones de un estudio, liderado por la Facultad de Educación de la Universidad de Cambridge y financiado por la Fundación Nuffield, que ha analizado los registros educativos de 1,7 millones de alumnos en Inglaterra. Los resultados, que se presentan esta semana, dibujan un panorama donde las aspiraciones creativas se ven truncadas por un consenso social que prioriza las materias consideradas académicas por encima de la vocación.
Según los investigadores, la participación en asignaturas de arte, música o teatro cae en picado en cada etapa educativa. El informe destaca que las niñas de familias con menos recursos enfrentan una “doble desventaja”, siendo el grupo que más rápido abandona estas trayectorias debido a la falta de referentes y al miedo estructural a la precariedad económica.
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La investigación pone el foco en cómo el entorno más cercano moldea las decisiones del alumnado. El equipo de Cambridge describe una dinámica de “empuje y atracción”: mientras que muchos jóvenes disfrutan de las artes, sus familias, amigos y orientadores suelen aconsejarles que den prioridad a materias científicas o técnicas. Esta recomendación se basa en la percepción de que el sector creativo conlleva un riesgo financiero excesivo.
“Si tienes un título universitario en una materia creativa, es mucho más probable que acabes en una carrera creativa. Sin embargo, los jóvenes de familias de bajos ingresos, y especialmente las niñas, tienen menos probabilidades de llegar al punto en el que estudiar un grado creativo sea siquiera una opción”, explica Sonia Ilie, profesora de la Facultad de Educación de Cambridge y autora principal del informe.
Para Ilie, este fenómeno refleja “estructuras sociales más amplias y un esnobismo persistente” en torno a ciertas cualificaciones. El informe señala que esta presión no siempre coincide con las guías oficiales de las escuelas, sino que emana de una jerarquía cultural que devalúa el trabajo creativo frente al manual o el puramente académico.
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