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“Soy un hombre de la vida interior”: Cartarescu

Entrevista a Mircea Cãrtãrescu: habló de su obra, del conflicto entre Rusia y Ucrania y de sus visitas a Colombia.

  • El escritor rumano estuvo de visita en Medellín. FOTO Julio César Herrera
    El escritor rumano estuvo de visita en Medellín. FOTO Julio César Herrera
01 de mayo de 2022
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Mircea Cãrtãrescu, uno de los autores principales de la actual literatura europea y candidato al premio Nobel, visitó Medellín. Vino a la ciudad, a una charla de la tarde de Fiesta del Libro, en compañía de Enrique Redel –editor de Impedimenta, sello que ha publicado sus libros en español– y de Marian Ochoa, su traductora a la lengua de Cervantes, García Márquez y Borges.

Cãrtãrescu nació en Bucarest –capital de Rumania– en 1956. Es doctor en literatura de la Universidad de Bucarest, ha ejercido la docencia y la crítica literaria. En 2018 recibió el premio Formentor. Los relatos y poemarios del rumano se han granjeado el afecto de los lectores colombianos. El ruletista, Las bellas extranjeras, Nostalgia y El Levante lo han convertido en un éxito de ventas y en una firma muy ponderada por la prensa cultural.

Por ese motivo, la charla “Poblar de belleza el mundo”, realizada el lunes 25 de abril a las seis de la tarde en la UPB, contó con una nutrida asistencia. Antes del evento, Cãrtãrescu caminó por las coloridas calles de la Comuna 13 y conversó en un hotel de El Poblado con EL COLOMBIANO. Habló de su formación, del origen de su estilo literario y de los desafíos que la guerra de Ucrania le ha impuesto a Europa.

Buena parte de su bibliografía en castellano ha sido traducida por mujeres: por Pilar Giralt y por Marian Ochoa. ¿Hay en ello un símbolo?

“No he pensado nunca en ello. Tengo cierta tendencia hacia la parte femenina del mundo. Incluso escribí un libro titulado Por qué nos gustan las mujeres, pero creo que el hecho de que me traduzcan dos mujeres no tiene ninguna relevancia”.

Al escribir en una lengua y ser leído por otra comunidad lingüística, ¿se pierde el sentido de la obra, se transforma el sentido de la obra?

“Siempre se pierde algo, pero un buen traductor es una persona creativa. Te puede crear y te puede destruir. Los mejores traductores son artistas capaces de entender el sentido de tus textos y de reconfigurarlo en otro idioma. Los traductores son fundamentales para una cultura, sobre todo para las culturas y las lenguas de poca circulación. Una lengua enorme, inmensa, como el español, necesita menos traductores. Y sin embargo, una lengua como el rumano, que es hablada por pocos, poco conocida, necesita de los traductores para hacerse oír en el mundo”.

En su formación literaria, ¿qué autores de otras lenguas fueron importantes para ayudarle a descubrir su estilo y su voz literaria?

“Yo soy un gran lector. He leído de todo. También he impartido clases de literatura en la Universidad de Bucarest. He enseñado en Amsterdam, Viena, en Berlín. Para mí la literatura es la vida misma. He leído todo lo que he podido de todos los autores, empezando por los antiguos. He leído desde los clásicos antiguos hasta los últimos artistas debutantes, los que debutan ahora.

Por supuesto, en esa lista se encuentra el gran escritor colombiano Gabriel García Márquez, y hay otros grandes escritores latinoamericanos que han ejercido una gran influencia en mí: Ernesto Sábato, Julio Cortázar, José Lezama Lima y Jorge Luis Borges”.

¿Cómo construyó su estilo literario?

“Soy un autor de la vida interna. Me gusta crear una especie de mapa de mi propia mente. Mi literatura es del subconsciente, de los sueños. Me gusta mucho crear historias, personajes, y de esa manera intento responder a las grandes preguntas del mundo. Mi literatura ha sido definida muchas veces como literatura metafísica porque los grandes problemas que plantea están vinculados al destino humano. Está unida al camino del hombre en la faz de la Tierra, la historia, la violencia. Sobre todo aquello que un hombre le puede hacer a otro hombre”.

Hablemos un poco de su formación musical, del tango, por ejemplo.

“Uno de los libros fundamentales sobre la cultura latinoamericana es un texto de Ezquiel Martínez Estrada. El extraordinario ensayista argentino incluye un artículo dedicado al tango. Ahí señala que el tango es algo más que un baile, hace parte de la espiritualidad latinoamericana. Y Gardel es uno de los símbolos de este baile tan representativo, es conocido unánimemente y es muy apreciado, incluso en mi país. Nosotros en Rumania tenemos una cultura del tango. Entre ellos está un tango muy conocido que se titula Sarasa, sobre la cual escribí un relato. Este tango es de origen argentino y ha enriquecido y aportado frescura a la cultura rumana”.

En sus textos hay un juego con el doble, la presencia del doble. Hablemos de esta figura en su literatura...

“El doble tiene su origen en la literatura romántica. Lo encontramos en el romanticismo alemán, en relatos de Hoffmann, por ejemplo. Refleja una obsesión poderosa. Todos los días nos miramos al espejo y creemos, imaginamos, que lo que estamos viendo, esa figura, somos nosotros mismos, pero de hecho no es así en absoluto. Eso que vemos es un monstruo extraño: tiene el corazón en la parte derecha, el hígado en la parte izquierda y el anillo de compromiso en el anular de la mano derecha. Así pues, eso que vemos no somos nosotros, sino nuestro inverso. Todo desdoblamiento es una paradoja y un fantasma. Cuando nos vemos a nosotros mismos es un sueño autoescópico. Es una señal de que estamos en una encrucijada de nuestra vida, que va a sucedernos algo que no tiene por qué ser necesariamente positivo. Toda mi literatura está atravesada por la imagen de mi propio doble: un gemelo que se llama Victor. Yo tuve un gemelo, que murió con un año. Y de hecho yo nunca sabré si quien murió fue él o fui yo”.

En su caso, ¿los géneros literarios tienen diferentes exigencias o todos se nutren mutuamente?

“Mis textos son orgánicos, yo verdaderamente no los controlo. Es como si mis libros se escribieran solos. Cuando me siento ante mi escritorio es como si tuviera una doble personalidad. En la vida corriente soy la persona más sencilla, más corriente. Soy una persona abierta, sencilla, amigable, pero cuando me siento ante mi escritorio, me convierto en otra persona. Me olvido de toda mi vida. Escribo y me convierto en una especie de médium a través del cual pasa la literatura que escribo.

De hecho, la escritura no tiene mucho que ver conmigo. Es como si viniera de otro mundo. Es como si me estuvieran dictando. De tal manera que muchas veces ni siquiera yo reconozco las páginas que he escrito”.

¿Cuáles son las conexiones de sus novelas, de sus poemas, con la realidad concreta de Rumania, de Europa?

“El realismo es una zona absolutamente necesaria en la literatura, incluso para la fantástica. Para que tu literatura fantástica resulte creíble tienes que empezar con una nota poderosamente realista, de la misma manera que un avión para poder despegar tiene que circular mucho. Un largo recorrido por la pista. Y cuanto más corra por esa pista, más podrá elevarse verticalmente. Buena parte de aquello que escribo es intensamente realista, se conecta con mi actitud ante la historia, la de mi país. Incluye algo que podría llamarse una dimensión política. En otoño, por ejemplo, aparecerá el volumen final de mi trilogía Cegador, y ese es un volumen puramente político. Es una radiografía de lo que sucedió en Rumanía durante la dictadura comunista. También una radiografía del alma rumana, del espíritu humano. Es mi único libro panfletario y satírico, porque esas personas que impusieron la dictadura en Rumanía me arrebataron la juventud. Así que este libro es mi revancha en contra de ellos”.

¿Cuál es la posición del artista, del escritor, del intelectual frente a lo que está pasando hoy en Europa?

“Estoy muy implicado en esta increíble escalada de la violencia en Ucrania. De esta guerra de Ucrania, de esta guerra de Putin. En varias ocasiones he publicado artículos en las más importantes revistas del mundo en los que manifiesto que se trata de una guerra brutal. Una guerra propia de la Edad Media. Rumania está muy implicada en este problema: tiene una frontera muy grande con Ucrania. La guerra está junto a nosotros.

Si Ucrania no resiste, nosotros podemos ser la siguiente víctima. Hacemos todo lo posible para ayudar al heroico pueblo ucraniano. Estamos ayudando a todos aquellos que han huido de la guerra y que se han establecido en Rumanía. Yo en este momento tengo una familia de ucranianos alojada en mi casa”.

A Jorge Luis Borges durante buena parte de su vida le preguntaron por el Nobel. Usted es uno de los candidatos para recibir ese premio...

“A mí lo que me preocupa es escribir mis libros, y me interesa menos jugar este rol social del juego literario. Por supuesto, los premios son importantes porque hacen que tu voz se oiga con más intensidad, pero yo no escribo para los premios ni para la gloria ni para conseguir un número enorme de libros publicados. Esta es la satisfacción del escritor, regalar alegría a aquellos que lo leen. Siempre que se acerca un lector a mí y me dice que le ha gustado un libro mío me ha dado un Premio Nobel”.

¿Qué podemos conocer los lectores colombianos y latinoamericanos de la literatura rumana?, ¿cuáles autores y obras recomienda?

“La literatura rumana es una literatura muy imaginativa, se parece mucho a la literatura latinoamericana de los años sesenta. Nosotros tenemos muchos artistas que escribieron de una forma bastante parecida a los autores latinoamericanos. Sin embargo, puesto que no consiguieron popularizarse, no consiguieron ser traducidos. Digamos que han quedado en una zona oscura. Los rumanos hemos tenido siempre, en todas las épocas, grandes narradores. Comenzando, por ejemplo, con el conocidísimo Mircea Eliade, que fue también un gran historiador de las religiones; se me ocurre mencionar a Mihail Sebastian, un gran escritor.

Tenemos escritores que merecen ser conocidos en todo el mundo”.

Tras sus visitas a Colombia, ¿qué impresión le ha dejado, qué imágenes se lleva?

No puedo decir que he llegado a conocer Colombia en estas dos visitas que he realizado hasta ahora. Hablando en términos subjetivos, mi impresión es extraordinaria. Me gusta muchísimo este país. Me gustaría vivir más tiempo aquí. Me parece, pero también es una impresión subjetiva, que es muy dinámico. Un país con futuro, uno de los países latinoamericanos que podría servir como modelo a otros. Aquí la gente sabe vivir, saben disfrutar lo que les ofrece la vida.

La gente me parece abierta, amigable y muy entusiasta. Y lo que hoy le falta a Europa es precisamente el entusiasmo, allí la gente es gris, ya no se nos alegra, no disfruta de nada. Mientras que aquí todo está lleno de colores, sientes que merece vivir la vida a pesar de los profundos problemas sociales que no podemos abordar ahora.

He visto lugares en Colombia que me han hecho recordar los espacios de mi infancia. Nací en un barrio periférico de Bucarest, en una zona muy pobre que pude recordar por lo que he visto aquí, en Ciudad Bolívar en Bogotá.

Mis padres eran pobres, no podían comprar libros, así que yo hice solo mi propia biblioteca. Lo que vi en Ciudad Bolívar y en la comuna 13 me ha conmovido profundamente porque he tenido la revelación de que puede ser feliz a pesar de la pobreza”

Su recorrido

La obra literaria de Mircea Cãrtãrescu ha sido reconocida con los laureles más prestigiosos de su país: tres veces ha obtenido el Premio de Unión de Escritores Rumanos y en una ocasión el Premio de la Academia Rumana. En el plano internacional ha recibido el Premio Thomas Mann y el Formentor de las Letras.

En 2018 fue el autor invitado por la Feria del Libro de Madrid para pronunciar la conferencia inuagural, que tituló “La Utopia de la lectura”. Desde hace unos cuantos años su nombre suena con fuerza entre los candidatos más opcionados para recibir el Premio Nobel de Literatura.

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