Las convocatorias de apoyo a la cultura parecen aumentar en Colombia.
El Mincultura abrió esta semana su Convocatoria de Estímulos, que inició en 1997 y que este año tiene una inversión de 13.800 millones de pesos.
En lo local, las de la Secretaría de Cultura de Medellín, que esta vez llegan a la edición 12, se esperan para esta semana, arrancando con un presupuesto de 6.800 millones, que aumentará después con los premios y la de infraestructura. Las de la Gobernación de Antioquia, desde el Instituto de Cultura, y que se proponen desde 2012, son graduales. Este 2015 ya han abierto dos, las de Patrimonio y Circulación.
¿Para qué son?
La idea en general de estas convocatorias es incentivar y estimular a los creadores y gestores culturales, y así generar un crecimiento del sector. Para muchos es la oportunidad de cumplir un sueño, aunque Javier Jurado, director de Medellín en Escena, señala que no hay una medición del impacto en la ciudad. En teatro, por ejemplo, no ha habido un análisis serio de si las becas están formando público o si desde 2004 sí se ha evolucionado cultural y artísticamente con los programas propuestos.
De todas maneras, para Javier es indudable que las convocatorias de arte y cultura son útiles. “Yo creo que la gran conclusión, siendo un poco aventado, es que el oficio se ha dignificado en general. Es indudable que hay un cambio”, si bien precisa que todavía hay problemas, como un divorcio entre la cultura y la educación que afecta los procesos.
Cada caso es diferente, y muchas veces personal, no colectivo. Para Ana María Bedoya, periodista que ganó una Beca de creación en 2011, le pareció una gran oportunidad para que su trabajo de grado se convirtiera en libro. Lo fundamental, expresa, fue la posibilidad de poderse dedicar a ello, sin preocuparse económicamente, “entregarle a la ciudad un trabajo al que uno le puso su alma y que queda para la memoria”.
Felipe Tovar coincide. En 2013 ganó una beca de Composición Coral, y además de la tranquilidad económica, agrega que fue indispensable para la realización, porque para un joven compositor no es fácil conseguir una agrupación o contactos para trabajar. “La composición se hubiera podido terminar sin la beca, aunque no habría quedado igual. Lo que sí dejaría en duda es si hubiera podido presentarla tan fácilmente, que tanta gente se hubiera enterado de mi trabajo”.
De los hechos que Carlos Guisao, subsecretario de Cultura de Medellín, resalta, está la concentración que los recursos de las becas les permiten a los participantes, la activación del sector, la oportunidad para los artistas emergentes y la calidad, porque hay una competencia sana, que implica hacer buenos proyectos. En tema de literatura, los autores desconocidos tienen posibilidades. Nathalia Franco, jefe del Fondo Editorial de Eafit, comenta que los escritores nuevos ganan la opción de ser publicados y “nosotros nos hemos encontrado con libros muy buenos, historias muy bien contadas. Es un gana-gana”.
El camino es interesante, aunque no esté terminado y aún haya mucho qué hacer en términos culturales. No obstante, si bien son oportunidades para aprovechar y aprender, como dice Carolina Calle, joven cineasta, “son un motor de arranque si me las gano, pero no son un freno cuando no. Lo importante es no quedarse quieto” .