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Libros para entender el misterio de la maternidad, más allá del cliché y la postal

Ya nadie en sus cabales le regala a la mamá una olla arrocera o una plancha para la ropa. No lo hace porque la misma noción de la maternidad ha cambiado al punto de que las mujeres se preguntan por su utilidad. Una lista de lecturas recomendadas.

  • Las relaciones entre las madres y los hijos ha sido uno de los motivos de escritura más fecundos de la historia de la literatura. Foto: Camilo Suárez
    Las relaciones entre las madres y los hijos ha sido uno de los motivos de escritura más fecundos de la historia de la literatura. Foto: Camilo Suárez
hace 2 horas
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No hay misterio superior al de la maternidad. No hablo de que no sepamos qué ocurre en el interior de una mujer durante la gestación. Por saberlo, el misterio se amplía al punto de superar a los demás. ¿Exageración? Pensemos en la ciencia. Hay estudios que dicen que las células de los bebés sobreviven en la madre, incluso años después del parto. Otros afirman que la forma del cerebro de las mujeres cambia durante el embarazo. Hasta hay una palabra para ese fenómeno: se llama matrescencia. Todo esto nos lleva a decir que cuando una mujer se vuelve madre cambia de identidad, de sustancia.

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Desde siempre, la maternidad ha sido una veta riquísima para los artistas. Seguramente porque las madres son las responsables de sembrar en el individuo una idea del yo. Es decir, de alguna manera somos aquello que nuestra madre hizo de nosotros, tanto lo bueno como lo no tan bueno. Recordemos los versos de Mother, de Pink Floyd: “Tranquilo, cariño, no llores/ Mamá hará que todas tus pesadillas se hagan realidad/ Mamá pondrá todos sus miedos dentro de ti/ Mamá te mantendrá aquí bajo su ala”. En síntesis, somos la suma de la belleza y oscuridad de nuestras madres.

Los evolucionistas explican el lazo entre la madre y la cría humanas a partir del tamaño del cráneo humano. Es decir, la “máquina” que crea los símbolos es la causante de que el parto de las hembras humanas haya sido un asunto de cuidado. También, el peso de la cabeza es una de las explicaciones del tiempo que tarda un bebé humano en alcanzar la autonomía. Por esos simples pero cruciales motivos, las relaciones entre las mujeres y los bebés son el cimento de la sociedad y, también, una cadena que ellas cargaron –cargan– desde los tiempos de las cavernas hasta los de la estación espacial.

De esa galaxia de obras literarias en las que la maternidad tiene un peso relevante, EL COLOMBIANO escogió seis para recomendarlas a sus lectores. Los criterios de escogencia fueron sencillos. Primero, que hubiesen sido escritas por mujeres. No se trata de un sesgo de género o de sexo. Simplemente, hay cuestiones en las que los hombres no deberíamos meter las narices. El segundo tiene que ver con la amplitud del fenómeno. Se quiso escoger obras en las que la madres hablaran de sus hijos, las hijas de las madres. También se incluyó un libro que verbaliza el rechazo de algunas por la mera idea de ser madres. Y, para cerrar, se tomó en cuenta la variedad lingüística. Hay libros escritos originalmente en español, en inglés y en francés.

Por supuesto, esta, como cualquier sugerencia, no agota el universo de posibilidades. A quien le interese el asunto le sentaría bien leer los libros de Vivian Gornick, las cartas y los poemas de Sylvia Plath, ver las películas Lamb, Witches, Mommy, Amazona, Juno, Mother! e Hija del volcán.

Los libros incluidos pasan del registro testimonial de una embarazada a las memorias de una hija sobre la muerte de su madre. También ponen en palabras ese cordón umbilical de emociones que no se corta con tijera ni cuchillo. Además, hay uno que se va lanza en ristre contra los papeles que las mujeres han tenido que asumir cuando tienen un hijo. Todos los libros mencionados están en las antípodas de los clichés, las postales y los versos de cajón.

Contra los hijos, de Lina Meruane. ensayo

En algún ensayo, Jesús Martín Barbero dijo que la revolución verdadera del siglo XX no fue política, sino cultural. Se refería a los cambios propiciados por el incremento de la presencia femenina en diferentes estamentos de la sociedad. En efecto, el hecho de que las mujeres accedan a escenarios académicos, económicos y políticos transformó de raíz las dinámicas del poder y la representación. Algo de ese espíritu se materializó en el rechazo de centenares de mujeres a la maternidad y los rituales que esta conlleva. En Contra los hijos, la escritora chilena Lina Meruane pone en tela de juicio la creencia que la plenitud de las mujeres pasa por darle vida a otros.

“¿No nos habíamos liberado, las mujeres, de la condena o de la cadena de los hijos? ¿No habíamos dejado de procrear con tanto ahínco? ¿No conseguimos estudiar carreras y oficios que nos hicieron independientes? ¿No logramos salir de la casa dejando atrás las culpas? ¿No nos independizamos económicamente? ¿No habíamos logrado que los progenitores asumieran una paternidad consecuente? ¿No dejamos de tolerar infelices arreglos de pareja?”, dispara Meruane una descarga de preguntas en uno de los pasajes del libro. Curiosamente –o no–, el debate central de la maternidad lo dan la mujeres que no quieres ser madres.

Nueve lunas, de Gabriela wiener. No ficción

A principios del milenio, en las páginas de la revista peruana Etiqueta Negra, la cronista Gabriela Wiener rescató los principios del periodismo gonzo para contar su vida de migrante en España.

Estos principios ponen en el centro de la narración las vivencias del periodista, al punto de convertirlo en el protagonista de sus historias. Teniendo esto en cuenta, no resulta extraño que Wiener narrara las vivencias de su embarazo con el mismo desenfado que antes había contado sus visitas a los clubes swingers y a las casas de las parejas polígamas.

A lo largo de Nueve Lunas, la periodista examina las creencias sociales sobre la maternidad al tiempo que cuenta su vida de migrante latina en España. “Aquí no hay magia ni almíbar; hay pornografía, abortos, pisos pequeños y una madre joven que lucha contra la precariedad lejos de su país. Porque ésta es también la historia de una migrante que llegó a España sin que a nadie le importara lo que había logrado en el hemisferio sur”, se lee en la contracarátula de la versión revisada del libro.

Nueve Lunas se inscribe en la línea literaria de las madres que cuestionan las narrativas sobre la maternidad y las mujeres.

Pendiente, de Mariana Dimópulos. Novela

La sociedad se construye sobre el amor de las madres por sus hijos. Todos los demás amores pueden fallar, diluirse, pero el vínculo de las mujeres con los niños que salieron de sus entrañas debe mantenerse inconmovible. Al menos debe ser así si la sociedad quiere seguir siendo. Sin embargo, la protagonista de la novela de Dimópulos ve a su hijo de un mes de edad y no siente algo. Sería cruel y preciso decir que siente la nada. La mujer vive con su marido, recuerda una historia romántica de su pasado y ronda por el cuarto de su hijo, a la espera que aflore en ella alguna emoción sentimiento.

“Mariana Dimópulos prende la luz y reporta, tranquila, sin levantar la voz, con su lenguaje afinado y justo, también con la fuerza de su escritura extraordinaria”, escribió Esther Cross sobre esta novela breve, publicada por Adriana Hidalgo Editora.

Mariana Dimópulos es narradora, ensayista y traductora. Dicta seminarios de Posgrado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Ha publicado novelas, ensayos e investigaciones académicas. Hace parte de una generación de argentinas que se ha granjeado fama internacional por sus libros.

Una muerte muy dulce, de Simone de Beauvoir, Memorias

La posteridad recuerda a Simone de Beauvoir por El segundo sexo, el libro que le dio sustento teórico al feminismo del siglo pasado. Sin embargo, la francesa escribió algunos títulos que soportan bien el paso del tiempo. Uno de ellos es Una muerte muy dulce, el relato de los últimos días de vida de su madre. “No hay muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. La muerte es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida”, dice Simone en el libro.

Simone narra con crudeza los estragos del cáncer en el cuerpo y la mente de su madre. Sin melodrama, cuenta los altibajos de su relación con ella. Y, desde luego, reflexiona sobre la mortalidad, las relaciones humanas y los anhelos del cuerpo. Publicado en 1964, el libro se articula muy bien con las ideas existencialistas, de la que Simone fue una abanderada, al lado de Jean Paul Sartre y Albert Camus. Una muerte muy dulce es uno de los títulos del ciclo autobiográfico de la filósofa, que al tiempo también contaría la muerte de Sartre.

Matate, amor, de Ariana Harwicz. Novela

Seguramente hay pocos mejores trampolines mediáticos para un libro que una directora de cine se inspire en él para hacer una película. Si a esto se le suma que los papeles principales están a cargo de Jennifer Lawrence y de Robert Pattinson, el éxito internacional está casi que asegurado. Eso le pasó a Matate, amor, la novela de Ariana Harwicz, que dio el salto de libro de culto en español a best seller en los países de lengua inglesa. Pero, hablemos del libro.

Finalista en 2018 del Booker Internacional, la novela muestra aquello que ocurre en la mente de las mujeres que sufren la depresión posparto. Contado así, parece una historia sencilla. No obstante, la voz de la protagonista fluye con la fuerza del monólogo obsesivo, en el que su marido y su bebé adquieren el peso de presencias extrañas. “Escribí Matate, amor durmiendo con el enloquecedor llanto del bebé encima, mirando a los gatos bajo la escarcha, con roedores desfilando por la casa”, dice la autora en la contratapa de la edición de Anagrama. En este libro, la maternidad es un laberinto en el que la madre es acechada por el bebé, por el marido, por la sociedad.

Mi refugio y mi tormenta, de Arundhati Roy. Memorias.

La historia de la maternidad también ha sido contada por las hijas. La novelista Arundhati Roy esperó hasta la muerte de su madre para escribir un libro que le ha tomado toda la vida, en sus propias palabras. Embargada por el dolor de la perdida, Roy puso la lupa en la figura de su madre, de la que escapó en el juventud. Escribió sobre ella para entenderse a sí misma y para entender a esa mujer que modeló su temperamento y postura frente al mundo. A final de cuentas, los padres y demás figuras cuidadoras en la infancia dejan huellas en la mente del individuo que le costará el resto de la existencia entender. “Este es un texto radicalmente honesto, divertido y profundamente conmovedor. Con la amplitud, el alcance y la profundidad de novelas tan icónicas como El dios de las pequeñas cosas, este libro es un canto a la libertad y un homenaje al amor espinoso, un último abrazo entre madre e hija”, se lee en contracarátula de la edición española del libro.

Roy ganó celebridad internacional en 1997 gracias a su libro El dios de las pequeñas cosas, que obtuvo el Premio Booker, uno de los laureles de mayor prestigio de la lengua inglesa.

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