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“Quintero es un personaje doblemente decepcionante”: Daniel Samper Ospina

El humorista y escritor Daniel Samper Ospina presenta en Medellín su sátira política Circombia.

  • El periodista fue director de Soho y columnista de la revista Semana. FOTO Carlos Velásquez
    El periodista fue director de Soho y columnista de la revista Semana. FOTO Carlos Velásquez
04 de octubre de 2023
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En su juventud, Daniel Samper Ospina quiso ser un poeta. Y no uno cualquiera: soñó ser un sonetista. Ahora es uno de los referentes del humor político en Colombia. De alguna manera le ha recibido el testigo a Lucas Caballero –Klim– y a Daniel Samper Pizano, su padre. Daniel –el hijo– presenta en el teatro de la Universidad de Medellín la obra Circombia.

EL COLOMBIANO habló con él sobre los años de Dejémonos de vaina, la serie inspirada en la vida cotidiana de su familia, del paso de la prensa a las redes sociales y de los políticos, que son quienes le dan el material para sus shows. Por supuesto, en este diálogo no faltaron los dardos a Gustavo Petro, a Daniel Quintero, a Iván Duque.

¿En su caso la cercanía con la prensa fue algo natural o recibió el impulso de su padre?

“Creo que fue natural. Él nunca me dijo: “mire, tiene que ser periodista”. Obviamente, algo se le impregna a uno cuando crece en ese ambiente. Y uno, me imagino, tiene una tendencia natural de imitar a su papá. A sus papás.

Crecí viendo a mi padre levantarse tempranísimo, lo recuerdo escribiendo desde las cinco de la mañana. Pero, curiosamente, quise estudiar literatura y él, en determinado momento, se opuso y me recomendó estudiar derecho. De hecho, empecé a estudiar derecho y me cambié de carrera a escondidas de él y del resto de la familia. Y cuando estaba cómodo en literatura conté la noticia”.

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¿Ese estudiar literatura era porque había una secreta vocación de novelista, de poeta, de escritor?

“De poeta. A mí lo que más me ha gustado siempre de la literatura es la poesía. En concreto, la poesía del Siglo de Oro y, en concreto, el soneto de esa época. Tuve un gran profesor en el colegio que me inculcó el amor y el respeto por el soneto. Y, entonces, esa fue mi primera gran aproximación al arte de escribir. También, igual, mamaba gallo y escribía en la revista del colegio textos más mamagallísticos.

Y quise estudiar literatura sabiéndose que probablemente eso me haría mejor periodista porque sabía que al final del camino sería periodista. Y ser periodista de formato escrito.

Así fue como me fui volviendo un periodista de revista. Por eso terminé escribiendo en Cromos. De ahí me llamaron a Soho como columnista. Ahí terminé metiéndome en la vida de editor de revistas y en la vida de escritor. También me llamaron de la revista Jet Set para hacer textos humorísticos. Luego, en un remezón que hubo en el mercado de los columnistas, llegué a Semana para escribir columnas humorísticas de corte político.

En un primer momento, mis pretensiones eran más literarias que humorísticas, por decirlo así. Quería escribir artículos del tipo de los de Juan José Millás. Pero, bueno, así me fue llevando la vida. Entonces, me dediqué a hacer sátira. Y he aprendido, en el camino, como se aprende en el periodismo, abriendo la trocha”.

¿Y cómo fue el paso al formato de los videos y los escenarios?

“Lo desencadenó el famoso episodio en que los youtubers reventaron la feria del libro de Bogotá. Yo me di cuenta de eso en carne propia porque tenía una firma de un libro que en ese momento estaba circulando con Alfaguara. Me organizaron en la editorial la firma. Fui, me acompañó mi hija menor. Estaba a reventar la feria y pregunté qué era lo que pasaba.

Entonces, me dijeron los de logística que allí estaba Germán Garmendia. Y yo no tenía ni idea de qué estaban hablando. Y la única persona que reaccionó fue mi hija menor. Dijo: “¿está Germán Garmendia, de verdad? ¿Está acá?”. Y yo quedé admirado de sus precoces conocimientos literarios. Le dije: “¿en qué género escribe el maestro? Es el heredero de Huidobro, de Neruda”. Me rapó el celular y me empezó a mostrar videos. Y ahí descubrí lo que era un youtuber”.

¿Qué tanto se conserva en un show en vivo el humor que tiene una columna?

“Esto ha sido maravilloso. Ha sido la forma de rescatar mi carrera, que iba hacia el naufragio prematuro por culpa de ese cambio en la era de comunicaciones, del cual me tocó ser testigo. Hago parte de una generación bisagra, en la cual me tocó crecer oyendo hablar de todas las cosas que hacían en las imprentas, crecer yo mismo acudiendo a cierres de edición eternos y, luego, me tuve que adecuar a esa especie de esquizofrenia que también son las redes sociales. Ha sido difícil, pero ha sido sobre todo interesante.

En esa transformación descubrí que el formato digital ha elevado la audiencia que yo podía tener en la columna. Claro, los mensajes por video, audiovisuales y demás viajan mucho más fácil que los lenguajes escritos. Esto me ha permitido llegar a nuevas audiencias, a nuevas generaciones, llegar un poco más lejos de lo que podía llegar una columna escrita. Y me ha permitido, sobre todo ahora, conectar de forma directa con esa audiencia a través de formatos escénicos que han sido muy interesantes, porque es la primera vez que oigo la risa. La risa de un escritor de sátira siempre es mental, porque la escritura es un ejercicio solitario.

Pero, cuando uno está en un escenario y oye directamente la risa, eso se vuelve adictivo. Además, no hay mejor editor que el escenario para que uno pueda ir puliendo una obra. Chiste que no haga reír se retira inmediatamente del repertorio.

Al final lo que hago es escribir: escribo los libretos de los noticieros digitales que hago y escribo el libreto de la obra. No he renunciado de ninguna manera a mi vocación de escribir”.

En un sociedad polarizada, el escritor de sátiras tiene muchas cosas en contra...

“Total, eso sí es terrible. El humor tiene que ir siempre a contrapelo del poder y señalar los abusos y los excesos del poder, sin importar quién ocupe el poder.

La gente que antes me rechiflaba por criticar a Uribe, ahorita seguramente me ven con más simpatía porque hago lo mismo que hice con Uribe, pero con Petro. Y al revés. Había mucho petrismo que me ovacionaba cada vez que veía que yo le tomaba del pelo a la derecha y ahora se indigna cuando ve que esas mismas técnicas de humor las aplico en contra de su líder. Uno se gana el respeto si la audiencia ve que uno ha sido satírico con todos y no que ha sido selectivo.

Me he dado cuenta de que el poder le teme al humor y que mientras más caudillo sea el líder más le teme al humor, porque el humor también lo desnuda. El humor es una forma de poner en duda esas verdades grandilocuentes que siempre oyes desde un balcón. Y en la medida en que uno vuelva risible al caudillo lo humaniza.

Trato de mostrarle a mi audiencia, por ejemplo, que Petro es un tipo común y corriente que dice muchas bobadas. Y que cuando se para en la ONU y dice que hay que expandir el virus de la vida por las estrellas del universo lo que está haciendo es una ridiculez, porque es un pretencioso. No está siendo un poeta, ni un líder universal, ni nada”.

De estos políticos, ¿cuál ha sido el que más fácil ha resultado caricaturizar?

“Diría que Duque era muy fácil de caricaturizar sobre todo en el formato de la obra. Porque era un hombre de lapsus muy evidentes. Es decir, cuando él decía “así lo querí” bastaba con poner el video. O cuando él empezaba a hablar con la voz ronca ante la tropa, como si fuera Alf. Todo eso quedaba consignado y él era muy dado a ese tipo de humor involuntario.

Petro ha dado mucha papaya también. Es decir, como humorista no me quejo para nada del gobierno de Petro, porque creo que nos ha inspirado mucho. Pero es un humor que hay que escudriñar. Hay que analizar su retórica loca, cantinflesca y pretenciosa en los discursos. Entonces, son chistes que se tienen que demorar un poquito más”.

¿Y Quintero?

“Primero le doy mis felicitaciones a Medellín por haber salido de Quintero, por poderlo llamar exalcalde. Ahora, uno no sabe para dónde va la cosa, porque también es curioso y raro que él haya decidido renunciar. Me debato todavía entre dos versiones. Una: puede estar huyendo y que por eso renunció antes de que lo coja la noche o que lo atrape el incendio. O la otra es que está preparando alegremente su catapulta presidencial de la mano del gobierno de Petro.

Este es un país tan absurdo que las dos cosas no son necesariamente ajenas la una a la otra. Puede que esté huyendo y que su forma de huir sea lanzarse a la presidencia. Perfectamente puede pasar eso.

Quintero me parece un personaje nefasto. Es decepcionante. Es doblemente decepcionante, porque al subir al poder enarbolando la bandera de la discrepancia y ejercer el poder de la manera en que lo hizo frustró precisamente esa salida. Eso me preocupa mucho. Creo que con Petro está pasando algo parecido también.

Yo, por ejemplo, temo que después de este pésimo gobierno, Petro pase a la historia no por ser el primer líder de izquierda que logra llegar a la presidencia, sino por ser el único. El que subió a la presidencia y cerró de una vez esa opción para que otros volvieran a subir por haberlo hecho tan mal”.

Supongo que en muchas ocasiones le mencionarán el elefante del proceso 8.000...

“Los youtubers hacen un formato muy divertido que es el Road Yourself. Toman las críticas, insultos y demás que les dejan las personas que los detestan y con ellos componen algo, una canción o un video.

Y de esa forma logran darle la vuelta al asunto. Es decir, ganar plata con los insultos que les tiran. Entonces, ese instinto de autoburla creo que hay que defenderlo siempre. Y es lo que a uno de alguna manera lo autoriza para hablar de los demás también”.

¿Hay mucho temor siempre los minutos antes de salir al escenario sin saber quién está en el público, sin saber si las bromas van a funcionar?

“Tengo una cosa en el equipo que es la prohibición absoluta de que me digan quién está. Esta obra estuvo de moda entre el circuito del poder de Bogotá. Iban muchos líderes políticos, iban ministros, iban senadores. Y era fundamental que no me contaran para no predisponerme de ninguna manera. La risa es muy adictiva. Antonio Sanint, mi amigo, decía que la risa es peor que el bazuco para un comediante. Y tiene toda la razón. Uno hace lo que sea cuando ve que la gente se está riendo por tratar de que se ría más”.

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