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¿Por qué Alemania no devuelve las estatuas de San Agustín? Estas son las pruebas que presentó Colombia

Las autoridades colombianas reunieron nuevas pruebas que demostrarían que el arqueólogo alemán Konrad Theodor Preuss sabía que estaba violando la ley cuando sacó de Colombia 34 estatuas del Parque Arqueológico de San Agustín hace más de un siglo.

  • Una de las estatuas de piedra del Parque Arqueológico de San Agustín, en el departamento del Huila. Las piezas extraídas de este territorio a principios del siglo XX permanecen en el centro de un debate diplomático entre Colombia y Alemania FOTO: Colprensa.
    Una de las estatuas de piedra del Parque Arqueológico de San Agustín, en el departamento del Huila. Las piezas extraídas de este territorio a principios del siglo XX permanecen en el centro de un debate diplomático entre Colombia y Alemania FOTO: Colprensa.
  • Konrad Theodor Preuss FOTO: Kulturstiftung.
    Konrad Theodor Preuss FOTO: Kulturstiftung.
hace 3 horas
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Más de un siglo después de que 34 estatuas prehispánicas salieran de Colombia rumbo a Alemania, nuevas pruebas documentales reactivaron el reclamo por su devolución. Cartas del etnólogo prusiano Konrad Theodor Preuss (1869-1938), recopiladas por investigadores y presentadas por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), indican que el científico conocía las restricciones legales para sacar piezas arqueológicas del país cuando las trasladó al Museo Etnológico de Berlín.

En una misiva de 1915 dirigida a Wilhelm von Bode, director de los Museos Reales de Berlín, Preuss admitía estar al tanto de que en Colombia regía el Decreto 21 de 1906, una normativa estatal que prohibía expresamente la exportación y alteración de antigüedades. “Con cierta cautela, sin embargo, no hay peligro de sacar las cosas”, aseguraba el investigador. Tras ser denunciado por funcionarios locales del municipio de San Agustín, el etnólogo recurrió al robo: cercenó y dividió varias esculturas con serruchos —entre ellas la célebre figura del ‘Resandero’ y una gran urna funeraria— para facilitar su transporte y las registró fraudulentamente ante las aduanas como simples «minerales».

«Preuss fue un ladrón honrado porque dejó registro de todo lo que se robó», sostuvo el investigador David Dellenback, quien en 1992 accedió a las bodegas berlinesas e inventarió no solo 21 estatuas de San Agustín (Huila), sino 14 piezas adicionales procedentes de Nariño que ni siquiera figuraban en los registros oficiales. Pese a la contundencia del fraude, las 34 piezas continúan confinadas a más de 9.400 kilómetros de su lugar de origen.

Konrad Theodor Preuss FOTO: Kulturstiftung.
Konrad Theodor Preuss FOTO: Kulturstiftung.

La revelación de estas pruebas desmontó el argumento central con el que la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano (SPK) había rechazado formalmente la solicitud de repatriación presentada por Colombia en 2021.

En una carta de enero de 2025, Hermann Parzinger, entonces presidente de la SPK, argumentó que bajo la ley alemana la restitución solo aplica si los objetos provienen de un contexto colonial o de apropiaciones éticamente inaceptables. Dado que Colombia era una república independiente a comienzos del siglo XX, la institución sostuvo que la norma no aplicaba y añadió que, al ser piezas precristianas, no existía una comunidad viva con descendencia directa comprobable.

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Aunque la cúpula de la SPK tuvo que admitir por escrito que las cartas de Preuss constituían evidencia nueva no considerada previamente, la devolución sigue estancada. Con la reciente transición política en Alemania y la llegada del gobierno de Friedrich Merz, juristas e investigadores denuncian el uso de una maniobra dilatoria.

En marzo de 2026, el Museo Etnológico de Berlín exigió a las autoridades colombianas una nueva y compleja “investigación de procedencia”, solicitando rastrear el itinerario de transporte de cada estatua, estación por estación, desde las montañas del Huila hasta el puerto de Barranquilla.

Para expertos internacionales en derecho del arte como Hannes Hartung y el activista Kwame Opoku, exigir este tipo de trazabilidad sobre un robo probado de hace más de un siglo no busca esclarecer la verdad, sino paralizar indefinidamente el proceso de restitución. En la diplomacia colombiana existe, además, la sospecha de que Berlín busca ganar tiempo a la espera de giros políticos en Bogotá.

El estancamiento contrasta con el antecedente de 2023, cuando la exministra de Cultura alemana Claudia Roth gestionó la repatriación de dos máscaras sagradas del pueblo Kogui. La propia Roth llegó a declarar que, si se demostraba el engaño de Preuss, se trataba sencillamente de un “robo” y las piezas debían devolverse con una indemnización. No obstante, la postura institucional alemana cambió radicalmente con la nueva coyuntura política.

En 2013, un intento del ICANH de homenajear a Preuss trasladando estatuas a Bogotá desató masivas protestas e indignación en San Agustín. La presión social derivó en un fallo histórico del Tribunal Administrativo de Cundinamarca en 2017, que obligó al Estado colombiano a perseguir jurídicamente la repatriación del patrimonio.

La embajadora de Colombia en Alemania, Yadir Salazar Mejía, ha rechazado tajantemente las fórmulas intermedias planteadas desde Berlín, como préstamos temporales o esquemas de usufructo compartido. Apoyada en los artículos 63 y 72 de la Constitución de 1991, la diplomática ha dejado clara la postura del país: los bienes culturales son inalienables y el patrimonio no se comparte.

Mientras la disputa burocrática se eterniza en los escritorios europeos, a miles de kilómetros el impacto de la ausencia de las estatuas se vive en el plano espiritual.

En el Parque Arqueológico de San Agustín, la comunidad indígena Yanakuna continúa realizando ritos de armonización y preparación del suelo sagrado para el eventual retorno de sus monumentos.

Para los sabedores tradicionales y líderes comunitarios como Segundo Burbano y Jair Quinayas, las esculturas secuestradas en los depósitos alemanes no son artefactos inanimados ni piezas de exhibición, sino «espíritus de piedra» que albergan las almas de sus antepasados y cuyo retorno es imprescindible para restaurar el equilibrio del territorio.

*Información tomada de El Espectador y el diario alemán Die Tageszeitung (taz) en el marco del intercambio Alemania-América Latina del International Journalisten Programme (IJP)*.

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Bloque de preguntas y respuestas

¿Qué pruebas existen de que las estatuas de San Agustín fueron sacadas ilegalmente de Colombia?
La prueba principal son las cartas personales del propio etnólogo prusiano Konrad Theodor Preuss escritas entre 1913 y 1920. En esa correspondencia, Preuss admitió conocer el Decreto 21 de 1906 que prohibía exportar patrimonio colombiano, confesó haber cortado las estatuas con serruchos para facilitar su transporte y confirmó que las registró de forma falsa ante las aduanas como «minerales» para evadir a las autoridades.
¿Qué responde el gobierno de Alemania y el Museo de Berlín para no devolver las piezas?
La Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano (SPK) argumenta que la ley alemana de restitución solo aplica si las piezas provienen de un «contexto colonial» o si existe una comunidad viva con descendencia directa comprobable con los creadores originales. Al haber sido Colombia una república independiente a inicios del siglo XX y al ser piezas de época precristiana, Berlín sostiene que el reclamo no encaja en sus criterios legales actuales.
¿Por qué se acusa a Alemania de usar una estrategia dilatoria en 2026?
En marzo de 2026, el Museo Etnológico de Berlín solicitó a la diplomacia colombiana una nueva «investigación de procedencia» para rastrear estación por estación el recorrido de las estatuas desde San Agustín hasta el puerto de Barranquilla. Juristas e investigadores internacionales califican este requisito como una traba burocrática para paralizar el proceso, pues consideran que el delito de saqueo ya está plenamente probado con los archivos históricos.

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