Llegó la hora cero. Este domingo, 41’287.084 colombianos están habilitados para votar en las elecciones legislativas, así como en las consultas presidenciales. En medio de discursos de renovación, independencia, coherencia y carácter, lo cierto es que –si los sondeos coinciden y no hay un batacazo electoral que eche al traste cualquier vaticinio–, la jornada estará marcada por una puja de primer orden.
Se trata de la disputa entre petrismo y uribismo por hacerse a mayorías en el Congreso que asumirá a partir del 20 de julio de 2026. No es una contienda cualquiera. En juego está la gobernabilidad del próximo inquilino de la Casa de Nariño, quien deberá sumar aliados y formar una coalición fuerte y estable en el Parlamento que pueda hacerle frente a uno u otro bando.
El derrotero es claro: una bancada minoritaria de gobierno y una oposición robusta podría redundar en el mismo escenario de pugnacidad, división y obstrucción que enfrentó el saliente presidente Gustavo Petro a la hora de tramitar sus reformas. De allí la importancia de los resultados de este domingo, cuando se definirá la recomposición del Congreso y habrá un reacomodo de fuerzas.
Si bien generalmente se impone un bando y a partir de entonces comienza un juego de negociación y acuerdos para sumar aliados, lo que pronostican las encuestas parece inédito y bien refleja la realidad política del país: un marcado favoritismo del Pacto Histórico y el Centro Democrático, que contarían con abultadas bancadas alrededor de las cuales gravitarán los demás partidos.
Según una reciente encuesta de las firmas Guarumo y Ecoanalítica, el 28,7 % los ciudadanos votaría por el Pacto, lo que implica –haciendo cuentas a mano alzada– que el petrismo podría sumar alrededor de 30 de las 102 curules del Senado. Es decir, de cumplirse el ambicioso vaticinio, al menos uno de cada cuatro congresistas de la cámara alta sería afín al proyecto del saliente jefe de Estado.
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Sin embargo, el Centro Democrático también daría un golpe en la mesa. Sería la segunda fuerza más votada con el 21,9 % de los respaldos, lo que podría traducirse en al menos 23 curules. De hecho, aun en ese escenario, que implicaría que el mandamás de la colectividad, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quede por fuera –dado que es el número 25 de la lista cerrada–, el uribismo seguiría siendo una fuerza determinante. Lo anterior implica que entre petrismo y uribismo estaría concentrado la mitad del Senado (Ver infografía).
Es decir, si en Colombia durante buena parte del siglo XX se impuso un marcado bipartidismo entre liberales y conservadores –que pareció mermar a la luz de la Constitución del 91 y la entrada de nuevas fuerzas–, ahora lo que se evidencia es otro tipo de modelo bipartidista. Eso sí, en un ambiente de polarización, división ideológica, confrontación y redes sociales.
“Ambos saldrán fortalecidos de estas elecciones. Se van a concentrar más las votaciones como consecuencia de la polarización. Los que quieren la continuidad del Gobierno se agrupan entorno al Pacto y no le van a dar mucha oportunidad a otros partidos de izquierda como Fuerza Ciudadana o las listas de Roy Barreras, mientras que los que están en oposición tienden a pensar que el voto útil es por el Centro Democrático”, explica el profesor Cristian Rojas, jefe del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana.
La puja por la mayoría
Aun si se cumple el pronóstico de las encuestas y tanto el petrismo como el uribismo alcanzan holgadas votaciones al Congreso, lo cierto es que aún necesitarían sumar aliados para conseguir mayorías. En este contexto entran en escena partidos tradicionales y fuerzas con maquinaria regional que inclinarían la balanza. Allí sobresalen colectividades del calibre del Partido Liberal (que tendría una intención de voto del 7,8 %), el Conservador (7,1 %) o La U (6,2 %), así como minoritarios que contribuirán a uno u otro lado.
El número mágico es 52 votos, es decir, la mitad más uno de los integrantes del Senado.
¿Cómo se inclinarán las colectividades? EL COLOMBIANO consultó con algunos congresistas liberales y conservadores, y la respuesta es la misma: solo hasta pasadas las elecciones de este domingo, con el escenario del Congreso definido, tomarán decisiones. Justamente, a partir de este lunes los diferentes candidatos en disputa por llegar a la Casa de Nariño buscarán a uno o otro sector en búsqueda de apoyos para la primera vuelta presidencial.
“La distribución del Senado dependerá de quién será el próximo presidente. Aún con bancadas de 20 o 25 senadores, falta muchísimo para llegar a la mayoría. El gran desafío para el próximo presidente es qué hará con los otros partidos y cómo logra armar una coalición (...) acá hay partidos que están a la espera de negociar burocracia, contratos y partidas presupuestales”, agrega el profesor Rojas.
En ello coincide la profesora de la Universidad Externado Eugénie Richard –experta en marketing político y comunicación gubernamental–, quien resalta que los partidos minoritarios y medianos serán actores bisagra. “Ninguno de los dos grandes bloques podrá sacar reformas sin contar con los votos de los demás. Esos partidos tendrán el poder de definir las bancadas, pero a cambio de incidir en la agenda o participar en las mesas directivas”.
Si bien la concertación, la capacidad de alcanzar acuerdos y, por supuesto, ceder, será clave a la hora de que el próximo gobierno impulse sus reformas, lo será también su habilidad a la hora de negociar.
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“El tipo de negociaciones depende del clientelismo y de la apertura del gobierno a oír posiciones contrarias. En contextos de mucha polarización esto parece muy improbable”, precisa a su turno Andrés Caro, director de la Fundación para el Estado de Derecho, que trabaja en pro de la separación de poderes y la ciudadanía democrática.
La batalla por el poder apenas arranca. Lo que ocurra este domingo será determinante de cara a la primera vuelta. Lo que viene ahora, ya con bancadas delineadas, serán llamadas, coqueteos y un sinfín de tintos en búsqueda de aliados.
¿Algún bando tendrá mayorías? Para la profesora Richard la conclusión es tajante: “Lo que veremos durante los próximos años es una política de coalición. Eso no significa que el próximo presidente no tendrá gobernabilidad, sino que habrá pragmatismo”.