La frase llega como una bocanada de esperanza: “¡Sí se puede! ¡Sí se puede!”. El grito irrumpe entre los escombros. Primero es una voz; después, otra. Y luego, muchas.
Las manos se levantan en medio del polvo mientras las linternas iluminan el edificio colapsado sobre un mismo punto. Allí, entre el concreto y el silencio, acaba de aparecer una señal de vida.
Alguien ha encontrado una señal. Alguien ha escuchado algo. Alguien, allá abajo, todavía está vivo. Durante unos segundos, Cali parece detenerse. Ya no importan las grietas que atraviesan las paredes, ni los edificios partidos, ni el concreto que durante horas ha caído sobre las calles.
Tampoco importa el cansancio de quienes llevan toda la noche removiendo escombros. Hay un silencio extraño, casi religioso, mientras todos intentan escuchar. Puede ser una respiración. Puede ser un golpe. Puede ser una voz. Y si es una voz, todavía hay esperanza.
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La noche ha caído sobre Cali después del terremoto de magnitud 7,4 de este lunes.
Los epicentros de la tragedia, en una ciudad con 56 edificios colapsados, están llenos de decenas de voluntarios que cargan baldes de mano en mano, con escombros, para evacuar algunas áreas afectadas. En la capital del Valle, el suministro eléctrico y el internet fueron los primeros que se cortaron.
Hay gente que todavía lleva horas frente a los edificios derrumbados, en búsqueda de sus seres queridos. En muchos lugares de la ciudad, que por estos días se preparaba para el Festival Petronio Álvarez del Pacífico, la gente no duerme.
Algunos tienen las manos heridas y la ropa cubierta de polvo. Otros llegaron desde barrios lejanos apenas supieron lo que había ocurrido. Trajeron agua, baterías, herramientas. Algunos trajeron algo más sencillo. Sus manos. No todos buscan a un familiar.
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Algunos ni siquiera conocen a las personas atrapadas bajo el concreto. Pero permanecen allí porque, después de una tragedia, la distancia entre un desconocido y un hermano puede desaparecer en cuestión de minutos.
Entre ellos está Alejandro Agredo. Su hija permanece atrapada en uno de los edificios que colapsaron en el sur de Cali. Alejandro pregunta, escucha, espera. Mira hacia el montón de concreto en el edificio Torres del Limonar, en el sur de Cali, como si pudiera encontrarla con los ojos. Cada movimiento de los rescatistas despierta una posibilidad.
Cada silencio prolongado parece una amenaza. Pero Alejandro no está dispuesto a aceptar el peor desenlace. Ya encontraron personas con vida. Eso basta.
Por estos días Cali contiene la respiración. Hay que escuchar. Debajo de toneladas de concreto puede haber alguien pidiendo auxilio. Entonces comienzan a aparecer las historias que, una detrás de otra, le devuelven a la ciudad una razón para seguir despierta.
En Capri encontraron a un bebé de seis meses. Estaba cubierto de polvo. Había pasado quién sabe cuánto tiempo entre los restos de una edificación. Los rescatistas lo sacaron con cuidado, como si llevaran entre los brazos algo demasiado frágil para pertenecer a una noche como aquella. Pero estaba vivo. Y cuando el bebé llegó a las manos de los paramédicos, la tragedia adquiere durante unos segundos otro rostro.
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En otra escena, en una clínica un médico decide regresar al edificio para buscar a dos recién nacidos que permanecen dentro en un hospital de Apartadó, Antioquia. En otro centro médico, esta vez en Cali, después de evacuar las instalaciones, las enfermeras continúan atendiendo bebés en plena calle. Los hospitales ya no son necesariamente edificios. Son andenes. Son carpas. Son espacios improvisados donde alguien intenta salvar a alguien más.
Hay ciudadanos que han recorrido kilómetros para ayudar a personas cuyo nombre jamás conocerán. En Manizales, un hotel abre sus puertas para recibir gratuitamente a quienes se han quedado sin techo. En Cali aparecen habitaciones para médicos, rescatistas y trabajadores humanitarios que necesitan dormir unas horas antes de regresar a los lugares donde todavía se busca a los desaparecidos.
La ciudad empieza a organizarse alrededor de una palabra que nadie pronuncia demasiado, pero que está presente en cada gesto: solidaridad. Mientras tanto, junto a los edificios destruidos, los familiares esperan. Unos sentados. Otros de pie. Esperan abrazados. Esperan mirando a los rescatistas. Algunos preguntan cuánto falta. Otros solo ayudan.
El médico paisa que salvó a dos bebés
En medio del caos, cuando la prioridad era evacuar la clínica y ponerse a salvo, el médico Germán Somoyar tomó una decisión que pudo costarle la vida: regresar al interior de la Clínica Panamericana de Apartadó, en Antioquia, para rescatar a dos bebés recién nacidos.
Mientras pacientes, familiares y trabajadores eran evacuados, se advirtió que Mateo y Salomón permanecían en el área de obstetricia.
El riesgo dentro de la edificación continuaba, pero Somoyar decidió volver por ellos. El médico ingresó nuevamente a la zona afectada, logró llegar hasta los recién nacidos y los tomó en sus brazos para sacarlos del lugar y ponerlos a salvo. El momento en que los pequeños finalmente estuvieron fuera de peligro representó un alivio.
Las guardianas del HUV
En medio de la emergencia provocada por el terremoto, un grupo de enfermeras del Hospital Universitario del Valle, en Cali, tuvo que continuar su trabajo fuera de las instalaciones del centro médico, luego de que la estructura fuera evacuada.
Entre los pacientes que debían ser protegidos estaban varios recién nacidos que permanecían en el área de neonatos. Ante la necesidad de abandonar el edificio, las trabajadoras de la salud trasladaron temporalmente la atención de los pequeños al exterior y permanecieron junto a ellos.
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En plena calle, las enfermeras continuaron realizando valoraciones, suministrando medicamentos y adelantando las labores necesarias para garantizar el cuidado de los bebés. La emergencia no detuvo su compromiso con los pacientes más vulnerables.
En Cali y Manizales habilitan hoteles para hospedar damnificados
Ya comenzaron a aparecer historias de solidaridad que muestran cómo distintos sectores decidieron poner sus recursos al servicio de quienes más lo necesitan.
En Manizales, el Hotel Campestre Monte Carlo, ubicado en el sector de Santa Águeda, decidió ofrecer alojamiento gratuito a personas afectadas por el terremoto en esa ciudad.
El establecimiento dispuso inicialmente de 10 habitaciones, con capacidad para unas 50 personas, pero también cuenta con otros espacios que podrían permitir ampliar la atención hasta 200 damnificados.
En Cali, Hoteles Spiwak habilitó habitaciones gratuitas para rescatistas, personal humanitario y médicos que se encuentran trabajando en la respuesta a la emergencia. La propuesta busca ofrecer un espacio de descanso y alojamiento a quienes permanecen en medio de la tragedia.
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Un padre busca a su hija
En medio de las labores de rescate que se adelantan en Cali, una de las historias que más conmueve tras el terremoto es la de Iliana Giraldo, una niña de 11 años que permanece atrapada bajo los escombros de una edificación en el barrio Capri.
Mientras los equipos de emergencia trabajan para localizarla y llegar hasta ella, su padre, Alexánder Giraldo, permanece en el lugar, sobre los restos de la estructura, siguiendo con angustia cada avance de los rescatistas.
Un video que circula en redes sociales muestra al padre esperando en medio de los escombros, sin apartarse del lugar mientras los organismos de socorro continúan con la búsqueda.
Manos que valen oro
En medio de la emergencia provocada por el terremoto, cientos de voluntarios en ciudades como Cali, Quibdó, Pereira y Manizales se han convertido en protagonistas de una de las respuestas más conmovedoras de la tragedia.
En Cali, una de las escenas más emotivas se registró en el barrio Tequendama, donde rescatistas y voluntarios civiles trabajaron entre los escombros hasta conseguir encontrar y extraer con vida a una persona que permanecía atrapada.
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El momento del rescate estuvo acompañado de lágrimas, abrazos y gritos de celebración, después de horas de incertidumbre y esfuerzo. En las Torres del Limonar, otros voluntarios se sumaron a las labores de búsqueda.
En medio de calles afectadas por los cortes de energía y con herramientas básicas, los ciudadanos trabajaron junto a los organismos de socorro para remover toneladas de concreto y buscar posibles sobrevivientes.
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Vida en Cali en medio de los escombros
En el barrio Capri, sur de Cali, los organismos de socorro lograron rescatar con vida a Salomón, un bebé de meses que había quedado atrapado entre los escombros de un edificio de cinco pisos, que colapsó. Junto al pequeño fue rescatado Juan David, su padre.
Tras varios minutos de incertidumbre, los socorristas lograron identificar señales de vida entre los restos de la estructura y concentraron sus esfuerzos en llegar hasta las personas que permanecían atrapadas.
El bebé había permanecido durante horas bajo los escombros y, pese a las condiciones adversas, logró sobrevivir. Todavía siguen buscando a Valentina, su mamá.
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Preguntas y respuestas
- ¿Quién es la niña que permanece atrapada en los escombros de Torres del Limonar?
- En el barrio Capri, en el sur de Cali, los organismos de socorro rescataron con vida a Salomón, un bebé de pocos meses, y a su padre, Juan David, después de que quedaran atrapados bajo los escombros de un edificio de cinco pisos. La noticia señala que continúa la búsqueda de Valentina, la madre del bebé.
- La niña es Iliana Giraldo, de 11 años, quien permanece atrapada bajo los escombros de una edificación en el barrio Capri. Su padre, Alexander Giraldo, permanece en el lugar mientras los equipos de emergencia adelantan las labores para localizarla y rescatarla.
- ¿Qué médico regresó a una clínica en Apartadó para rescatar a dos bebés?
- El médico Germán Somoyar regresó a la Clínica Panamericana de Apartadó, en Antioquia, para rescatar a dos recién nacidos, Mateo y Salomón, que permanecían en el área de obstetricia después de que la clínica fuera evacuada por el riesgo generado por el terremoto.
- ¿Qué hoteles están ofreciendo alojamiento gratuito a los afectados por el terremoto?
- En Manizales, el Hotel Campestre Monte Carlo ofreció inicialmente 10 habitaciones gratuitas para personas afectadas, con una capacidad aproximada de 50 personas y posibilidad de ampliar la atención. En Cali, Hoteles Spiwak habilitó habitaciones gratuitas para médicos, rescatistas y personal humanitario que participa en la atención de la emergencia.
- ¿Quién es la niña que permanece atrapada en los escombros de Torres del Limonar?
- En el barrio Capri, en el sur de Cali, los organismos de socorro rescataron con vida a Salomón, un bebé de pocos meses, y a su padre, Juan David, después de que quedaran atrapados bajo los escombros de un edificio de cinco pisos. La noticia señala que continúa la búsqueda de Valentina, la madre del bebé.
- La niña es Iliana Giraldo, de 11 años, quien permanece atrapada bajo los escombros de una edificación en el barrio Capri. Su padre, Alexander Giraldo, permanece en el lugar mientras los equipos de emergencia adelantan las labores para localizarla y rescatarla.
- ¿Qué médico regresó a una clínica en Apartadó para rescatar a dos bebés?
- El médico Germán Somoyar regresó a la Clínica Panamericana de Apartadó, en Antioquia, para rescatar a dos recién nacidos, Mateo y Salomón, que permanecían en el área de obstetricia después de que la clínica fuera evacuada por el riesgo generado por el terremoto.
- ¿Qué hoteles están ofreciendo alojamiento gratuito a los afectados por el terremoto?
- En Manizales, el Hotel Campestre Monte Carlo ofreció inicialmente 10 habitaciones gratuitas para personas afectadas, con una capacidad aproximada de 50 personas y posibilidad de ampliar la atención. En Cali, Hoteles Spiwak habilitó habitaciones gratuitas para médicos, rescatistas y personal humanitario que participa en la atención de la emergencia.