Si hubiera un certamen de innovación criminal, los candidatos sin escrúpulos podrían competir por el primer lugar: hay quienes hacen lo que sea –¡lo que sea!– con tal de ganar un puesto de elección popular.
Este fraude no sería fácil sin la complicidad de los votantes, quienes aceptan dádivas a cambio de marcar el número de un candidato en el tarjetón. Incluso viajan horas para votar en un municipio que no habían visto ni en Google Maps.
Según Verónica Tabares, vocera de la Misión de Observación Electoral (MOE) en Antioquia, las elecciones de mayor “movimiento” en cuanto a delitos electorales son las locales, “porque en algunos municipios los controles son menores y las posibilidades de que grupos con intereses particulares ejerzan control o cobren...