Una llamada entre Gustavo Petro y Donald Trump no es un diálogo común y corriente entre dos presidentes: no hablan el mismo idioma y tienen una relación tormentosa que no genera certidumbre. Lo único seguro es que la que se produjo este viernes quizá sea la última porque el mandatario colombiano entrega el poder en poco más de un mes.
Petro describió el intercambio como “amable”. El magnate, según la versión del colombiano, lo calificó como “good man” (buen hombre), un giro para una relación que ha tenido altos y bajos recientes.
El tema central de la llamada, de acuerdo a lo comunicado por Petro y la Presidencia, fue la permanencia del hoy mandatario y su familia en la lista OFAC (Lista Clinton) desde octubre de 2025.
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Petro manifestó su sorpresa al notar que Trump, supuestamente, no sabía que tanto él como su familia seguían incluidos y aseguró que el líder estadounidense prometió actuar para sacarlos pronto de ella.
Un punto curioso en la conversación fue la mención de Abelardo De la Espriella, recientemente elegido presidente de Colombia. Petro señaló que a Trump “le extrañó” saber que el mandatario saliente no apoyaba políticamente a “El Tigre”.
Trump ha sido enfático en su respaldo al líder de “Defensores de la Patria”, a quien calificó en la Casa Blanca como un “luchador” cuya victoria representa una “gran victoria” para Estados Unidos.
Más allá de la retórica, Petro aprovechó para exponer los “resultados positivos” de su programa de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, solicitando que el esquema sea mantenido por su eficacia.
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Hay que recordar que la última vez que hablaron los dos mandatarios fue en la Casa Blanca el martes 3 de febrero de 2026, luego de que la relación entre ambos había estado marcada por choques, especialmente por las políticas migratorias de EE. UU. y críticas mutuas. Días previos al encuentro, el propio Trump había emitido fuertes críticas hacia el gobierno colombiano.
Ambos líderes sostuvieron un diálogo de carácter formal que se extendió por más de dos horas. Durante este tiempo, rebajaron los ánimos y acordaron un “borrón y cuenta nueva” en sus interacciones públicas.
Pero meses después, Estados Unidos jugó un papel protagonista en las elecciones. No solo por la presencia del senador Bernie Moreno —republicano de ascendencia colombiana— y de María Elvira Salazar, sino también porque el secretario de Estado Marco Rubio tomó dos decisiones polémicas.
Primero, impidió que Petro se reuniera con el alcalde de Nueva York, el progresista Zohran Mamdani, cuando viajó al Consejo de Seguridad de la ONU. Segundo, ordenó la detención del activista cercano al petrismo Beto Coral, quien no tiene permiso migratorio para vivir en Estados Unidos, pese a solicitar el asilo desde hace varios años.
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En ese momento, el diálogo presencial entre Petro y Trump se centró en la lucha conjunta contra el narcotráfico, el establecimiento de nuevas pautas para la erradicación de cultivos ilícitos, y la situación de seguridad en la frontera. Tras este encuentro, la administración estadounidense devolvió las visas temporales tanto al presidente Petro como a su canciller. Pero la permanencia en esa “lista negra” continuó.
¿Petro saldrá de la lista Clinton?
Para el abogado Mauricio Beltrán, la exclusión del presidente Gustavo Petro de la lista OFAC, conocida popularmente como “Lista Clinton”, requiere la aprobación directa del Gobierno de Estados Unidos, es decir, el Departamento del Tesoro, o una resolución favorable dentro de un proceso formal de exclusión, sustentado con pruebas técnicas y jurídicas.
En ese sentido, si el presidente Trump presenta una solicitud formal a nombre de su Gobierno, el mandatario podría ser retirado de la lista por esa vía.
De lo contrario, Petro tendría que acudir a un procedimiento administrativo de exclusión, a través de sus abogados, quienes deberían aportar pruebas documentales contundentes que demuestren que ni él ni su núcleo familiar —Verónica Alcocer, Nicolás Petro Burgos y Armando Benedetti— mantienen vínculos con el lavado de activos, el narcotráfico o fuentes de financiación ilícitas.
Además, sería necesario demostrar un cambio de circunstancias, es decir, acreditar que los motivos, señalamientos o sospechas de carácter político o judicial que dieron lugar a su inclusión ya no existen.
En un sentido similar se pronuncia Juan Nicolás Garzón, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de La Sabana, quien en diálogo con EL COLOMBIANO afirmó que la gran motivación de la llamada de Petro a Trump fue estrictamente personal y familiar, centrada en su permanencia en la lista de la OFAC.
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La razón es que esa lista, dice, es como un “hoyo negro” que enreda y complica la vida financiera y personal de Petro después de dejar la Casa de Nariño y ya no tener el poder.
Señala que “Petro enfrenta una fuerte presión familiar” y advierte que, de no resolverse ahora que tiene el poder, viajar e intentar ser un referente internacional tras dejar la presidencia se le volvería “casi inviable”. Cree que Trump tomó el camino de la no confrontación con un presidente que ya está “de salida” y que acude a él en una posición de debilidad para pedir favores.
Además, sobre la relación que Trump pueda llegar a tener con Abelardo De la Espriella como presidente, dice que el magnate es alguien que “cambia de parecer muy rápidamente” y a quien le gusta dar “golpes de opinión” y sorpresas, por eso no se puede dar “nada por sentado” con él.
“No es del todo amigable”
Fabián Cárdenas, profesor de la Universidad Javeriana y experto en derecho internacional, sostiene en diálogo con este diario que la relación entre Petro y Trump pasó de una etapa de confrontación a un diálogo más cordial que todavía se mantiene tras la visita del mandatario colombiano a la Casa Blanca a comienzos de año.
Sin embargo, dice la fuente, “en ningún momento podemos afirmar que Petro y Trump tienen una relación del todo amigable. De hecho, la misma solicitud que hace Petro de ser retirado de la lista de la OFAC, es muestra de ello”.
Además, señala que “es evidente que el presidente Trump ha restablecido el diálogo con Petro, pero en ningún momento ha tomado acciones concretas para aliviar esa esa presión que tiene Petro y su familia, derivada de la de la de la lista Clinton, así como de la lista de la OFAC”.
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Cárdenas advierte que igual todavía persisten diferencias de fondo y que Petro busca mejorar el vínculo con Washington mediante gestos como la reducción de cultivos ilícitos y la solicitud de salir de la lista de la OFAC, sin que Trump haya respondido con acciones concretas.
Para el académico, la relación bilateral está determinada por la fuerte dependencia económica y estratégica de Colombia respecto a Estados Unidos.
Destaca que cerca del 43% del comercio exterior colombiano y casi el 50% de la inversión extranjera directa dependen de ese país, lo que convierte a Colombia en el principal socio estratégico de Washington en la región.
En ese sentido, el distanciamiento entre ambos gobiernos es temporal y, en un eventual cambio de gobierno, podría retomarse una cooperación más estrecha, incluso mediante un “Plan Colombia 2.0”, con mayores recursos para seguridad, lucha contra el narcotráfico y una mayor presencia estadounidense.
Asimismo, afirma que Truth Social se ha convertido en una herramienta de una nueva diplomacia, mediante la cual Trump interviene de forma abierta en la política latinoamericana, respaldando públicamente candidatos y gobiernos, entre ellos Abelardo De la Espriella en Colombia.
El experto recuerda que la influencia de los gringos en nuestro país ha sido histórica —desde la separación de Panamá a principios del siglo XX hasta la actualidad— y sostiene que la estrecha relación económica, política y de seguridad hace que el país permanezca “casi inseparablemente ligado” a Washington, una condición que, a su juicio, no tiene comparación en el resto de América Latina.
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“Esa enorme dependencia económica de los Estados Unidos, de algún modo siempre ha puesto a Colombia inevitablemente en la necesidad de alinearse con las políticas de ellos. De hecho, Colombia históricamente fue el primer gran aliado de ellos en América Latina”, afirmó el profesor de la Universidad Javeriana.
Ahora, desde el 7 de agosto, la relación va a cambiar y Estados Unidos vuelve a tener a un aliado histórico en la región que le permitirá profundizar sus intereses geopolíticos, como puede ser el panorama en Venezuela tras la captura del dictador Nicolás Maduro o de lo que pueda suceder con Cuba, otro país que es prioritario para la política exterior liderada por Marco Rubio con el beneplácito de Trump.
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