El 15 de febrero de 1966 cayó abatido el cura Camilo Torres, quien para entonces llevaba cuatro meses vinculado a las filas guerrilleras del ELN, que en ese momento se hacían llamar Fuerzas de Liberación Nacional.
Los hechos ocurrieron en el corregimiento de El Carmen, zona rural de San Vicente de Chucurí, en Santander, cuando Torres y otros cuatro guerrilleros se enfrentaron a una patrulla militar de la Quinta Brigada. Al lado quedó su carabina .30 que portaba ese día.
Este viernes, casi 60 años después, ese grupo armado comunicó que supuestamente habían encontrado los restos del guerrillero, justo en un año electoral y después de que el presidente Gustavo Petro ha instado a esa guerrilla a “reflexionar” para que vuelvan a contemplar la posibilidad de unos diálogos de paz.
Esos llamados del jefe de Estado no han sido solo verbales, sino también simbólicos, como cuando apareció en una fotografía al lado de la sotana de Torres exhibida en una caja de cristal en la Casa de Nariño. “Religión y revolución podían ir de la mano”, dijo en abril de 2025. ¿A qué le apunta el ELN con ese anuncio sin evidencias?
El ELN quiere “reencaucharse”
Para Isidro Vanegas, historiador e investigador de temas relacionados con el socialismo en el siglo XX, el anuncio del ELN busca principalmente legitimidad política, protagonismo mediático y la instrumentalización de un símbolo histórico para “reencauchar” a la organización en el escenario público actual en un año electoral.
“Es como sospechosamente oportuno el encuentro de esos restos. Es clarísimo el afán de salir con algo, como de reencaucharse”, afirma el profesor de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), en Tunja.
Para el doctor en historia de la Universidad de la Sorbona, en Francia, lo que el ELN intenta con ese comunicado es ligar su identidad actual a la figura de Torres para construir una representación específica sobre sí mismos. El anuncio también sirve, dice, para reforzar una imagen que el historiador cuestiona: la de Camilo Torres como un “apóstol de la paz”.
Mientras el ELN lo presenta como mártir, la fuente critica esa posición y, por el contrario, dice que Torres tomó las armas por voluntad propia, abandonó proyectos políticos legales (como el Frente Unido) y murió en combate, armado y dispuesto a matar.
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De hecho, en los registros noticiosos de la época, se menciona que él y cuatro guerrilleros más, antes de ser abatidos, asesinaron cuatro militares que repelieron el ataque.
Vanegas aclara que el ELN fue fundado por un grupo de jóvenes que, tras recibir instrucción militar en Cuba a principios de los años 60, regresaron a Colombia para formar una guerrilla dirigida por Fabio Vásquez Castaño y sus hermanos Manuel y Antonio.
Mientras los Vásquez ya habían consolidado la organización en Santander, y realizado acciones armadas como la toma de Simacota, Camilo Torres todavía era un líder político legal, profesor de la Universidad Nacional y capellán.
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Por su parte, el periodista e investigador Walter J. Broderick, autor de la biografía “Camilo, el cura guerrillero”, reaccionó con escepticismo al anuncio del ELN. “¿Cómo que lo encontraron? ¿Tropezaron con el cuerpo o cómo fue?”, cuestionó en Caracol Radio.
La estrategia detrás del anuncio
Gerson Arias, politólogo e investigador asociado de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), considera que el anuncio del ELN no es un hecho aislado ni casual, sino una acción cuidadosamente sincronizada con varios factores políticos, simbólicos y operativos que atraviesan hoy a esa guerrilla.
El primer elemento es el calendario: en febrero se cumplen sesenta años de la muerte en combate de Camilo Torres, una figura central en la narrativa ideológica de esa guerrilla. Un segundo componente tiene que ver con la estructura operativa del grupo. Arias recuerda que el Frente de Guerra Urbano Nacional del ELN lleva el nombre de “Comandante en Jefe Camilo Torres Restrepo” y mantiene presencia en al menos once ciudades.
Además: ELN atacó con drones y explosivos la base militar de Aguachica, Cesar: al menos 7 muertos y 31 heridos.
En ese sentido, la conmemoración no solo cumple una función memorial, sino que puede estar articulada a una estrategia de intensificación de la actividad urbana durante este año, enviando señales internas de cohesión, proyección y capacidad de acción en escenarios urbanos. El tercer eje del análisis apunta al contexto político y geopolítico.
Según Arias, el ELN está construyendo un relato de justificación ideológica de la lucha armada, apoyado en varios factores: el reciente ataque de Estados Unidos a Venezuela, la frustración por la no culminación de los diálogos con Gustavo Petro y la decisión estratégica de preservar su capacidad militar.
Actualmente, señala, el grupo mantiene entre 6.000 y 7.000 hombres en armas, además de redes de milicias, lo que refuerza un mensaje interno de continuidad y vigencia del proyecto armado.