Como queriendo aprisionar los recuerdos de los años en los que jugaba descalza por las calles de barro en su vereda Pavarandocito, Domny Mayo se aprieta las sienes y sentencia: “‘Gokú’ siempre se quedaba vigilando que no apareciera el dueño del palo de guayaba de leche. Cuando veía venir a don Pedro Blandón gritaba, y nos echábamos a correr como locos”.
Eran los años en los que Luis Alfredo Oquendo, o “Gokú” como lo llamaban sus amigos, se volaba de la escuela para robarse los frutos del árbol más frondoso de su pueblo enmarcado en platanales. Fue en esa localidad de Mutatá donde pasó su infancia entre el río y juegos pueriles. Ese sitio del Urabá antioqueño, que ha soportado las arremetidas de los grupos ilegales con la entereza que soporta...