Si los textos tuvieran sonido, para contar la historia de Milena Carmona sonaría “El muelle de San Blas”: la canción de una espera que parece no terminar. El 7 de julio de 2021, su esposo fue capturado, llevado preso, torturado y aislado. Desde entonces, ella lo espera.
Pasó cinco años en la celda de una correccional para menores porque no había a dónde más llevarlo. Las condiciones, dice ella, eran inhumanas. Esta semana supo, de manera extraoficial, que su esposo fue trasladado para ser juzgado en Estados Unidos. Él y otros colombianos señalados como responsables del magnicidio del presidente de Haití, Jovenel Moïse.
En diálogo con EL COLOMBIANO, Milena contó su versión de lo que pasó. No es la verdad absoluta, sino la de ellos: la de Milena y Jheyner Alberto Carmona Flórez, una pareja que soñaba con viajar por el mundo y que, en julio de 2021, vieron cómo sus vidas y sus planes se trastocaron por lo que ella llama una trampa.
Milena asegura que él es inocente, que fue convertido en un chivo expiatorio y que desde entonces ella ha tenido que esperar mientras intenta entender cómo la vida que habían imaginado juntos terminó convertida en una historia de cárcel, torturas e injusticia.
¿Ustedes recibieron alguna comunicación oficial sobre el traslado a Estados Unidos?
“No. Nosotros, como familias, no hemos recibido ninguna comunicación oficial por parte de ninguna entidad, ni de Colombia ni de Haití.
Lo que sí sabemos es por fuentes propias, que nosotros siempre hemos tenido, personas que nos han ayudado desde el principio, y, pues, de esa forma fue que nosotros nos enteramos. Pero no tenemos oficialmente una información donde nos digan: fueron trasladados, están en determinado edificio, no”.
¿Por qué Estados Unidos asumió el proceso?
“Porque todo nace allá. La empresa que los contrató a ellos es de los Estados Unidos. Es CTU Security, una empresa de muchos años, no era un garaje como pensamos, es una empresa que estaba consolidada y tenía muchos proyectos a su cargo en diferentes partes del mundo para prestar servicios de seguridad.
Mi esposo fue contratado para ser escolta. También le iban a brindar apoyo técnico y táctico a la fuerza pública en ese país, porque esto era un proyecto que se llamaba ‘rescatando a Haití’. Hay como muchas condiciones, o por decirlo así, que Estados Unidos acoge para tomar el caso. Además, Haití es un país que no brinda ningún tipo de garantía a nadie”.
¿Cree que allá habrá garantías?
“Pues en condiciones de habitabilidad sí. Me imagino que ya habrán sido llevados al médico porque todos están enfermos, ya tendrán sus uniformes decentemente limpios, comida buena, dentro de lo que se puede, obviamente, agua potable, porque ellos no tuvieron acceso absolutamente a nada en Haití.
Lo que a mí sí me preocupa es el tema jurídico, respecto a la interpretación que la Fiscalía de ese país les dé a los cargos que les vaya a imputar. En este momento tienen tres cargos. Me preocupa la interpretación que se dé a las pruebas que dice tener la Fiscalía en contra de mi esposo”.
¿En qué quedó el proceso en Haití?
“En nada, porque en ese país nunca avanza nada. Pero, bueno, el primer juez les imputó siete cargos y el segundo juez, al no encontrar pruebas de hechos contundentes ni de facto, como se llaman en derecho, desestimó cinco cargos y solo les dejó dos.
O sea, bajó de perpetradores a conspiradores. Pero no hay una prueba donde ellos se vean conspirando ni haciendo nada en contra de una persona que ni conocían. En el caso particular, pues, mi esposo no conocía al presidente, ni físicamente ni de nombre ni nada”.
¿En Estados Unidos siguen con los mismos delitos?
“Eso lo tendremos que ver con el abogado, porque esa es una de mis primeras dudas. Por ejemplo quiero saber si van a empezar de cero o si en caso de ser condenado le tendrán en cuenta los años que ha estado preso, varias cosas que nos deben aclarar”.
¿Cómo terminó su esposo en todo esto?
“Mi esposo fue llamado a un trabajo para una empresa de los Estados Unidos, para que cuidara personas muy importantes, entre ellas un presidente y candidatos presidenciales, y él aceptó.
La convocatoria la hizo inicialmente un conocido de mi esposo, al igual que conocidos de todos sus demás compañeros que hoy están detenidos. Ellos aceptan de voz y de confianza, y todos se fueron al viaje sin ningún documento firmado, sin ningún pago anticipado ni nada.
Mi esposo llegó a Haití y lo tuvieron un mes encerrado en un hotel mientras recibía las indicaciones de sus jefes de los Estados Unidos. Les dijeron que esperaran el contrato y las instrucciones sobre a quién debían prestarle los servicios de seguridad. Pero todo era una trampa”.
¿Qué pasó la noche del homicidio del presidente?
“Esa noche la empresa que los contrató de los Estados Unidos, les dice que deben acompañar a la policía haitiana en un operativo de captura, era una asistencia de un arresto de una persona muy importante.
Y ellos creyeron y fueron, les dieron armas con la marca institucional de la policía de ese país, y cuando ellos llegan al perímetro de la casa presidencial, ahí los dejan solos y la policía se desaparece, y así es como quedan involucrados, señalados de ser los asesinos, y esto era lo que esta organización criminal necesitaba mostrar, un grupo de personas para responsabilizar”.
¿Él aceptó su culpabilidad?
“El día que los capturaron los torturaron como no te imaginas y, bajo esas condiciones, les hicieron firmar unos documentos que estaban en un idioma que ellos no conocían. Luego supimos que esos papeles eran la aceptación”.
¿Lo pudo visitar en Haití?
“No. Es un país envuelto en una crisis política y de seguridad tenaz. Eso incrementaba los costos, porque nosotros cotizamos escolta y aparte de eso, tiquetes, el hotel, comida, como los viáticos. Era un presupuesto bastante alto para personas como nosotros, que no tenemos el dinero, ni somos personas de estratos altos”.
¿Pero sí podían llamarlos?
“Bastante complejo también, la señal era tenaz, lo hacíamos cada tres meses de cuatro o cinco minutos por videollamada y nada más”.
¿Alguna vez le dijo que quería tirar la toalla?
¿Cómo hizo él para sobrellevar esos cinco años en preso en Haití?
“Es una persona que no se queda quieta nunca. A pesar de que estaba allá, ponía a sus compañeros a hacer ejercicio. Los espacios son muy reducidos. Él sabe inglés, sabe francés y saber francés le facilitaba el idioma de allá, que es el creol que también lo aprendió a hablar.
Se convirtió en traductor para los demás, por ejemplo cuando llegaba la comida o cuando comprábamos algo, cuando les enviábamos su caja, cuando pasaba algo allá.
Él fácilmente hablaba en ese idioma. Aprendió a dibujar. Era como, por decirlo así, ese pasatiempo o actividad, más bien, para tener la mente como en otra cosa, a pesar de las limitaciones”.
¿Y físicamente, cómo está de salud?
“Todos están enfermos, pero mi esposo es una persona joven, muy activa. No se ha dejado caer. Obviamente, por las condiciones en las que está y la mala alimentación, hay cosas que ya están ocurriendo. Por ejemplo, se puso muy amarillo, toda su piel, y su dentadura también está muy desmejorada. Pero, de todos, él se mantiene muy bien físicamente”.
¿Cómo ha sido este tiempo para usted?
“Han sido años muy difíciles, obviamente, como emocional. Estar bien para mí es sinónimo como de culpabilidad. Salir, levantarme, ir al baño, ducharme con agua decente, comer comida decente y saber que él no tiene esa posibilidad.
A veces eso me duele muchísimo. El sentirme bien me hace sentir mal también. El estar bien me hace sentir mal, porque no deseo que él esté así. Él no se merece estar ahí. Pero, bueno, por alguna razón de Dios será, digo yo.
Y, obviamente, su mamá ha estado totalmente devastada. Sus abuelos, él es su único hijo y eso lo hace más difícil. Esa familia es muy aferrada a Dios, pero, por más fe, a veces también uno flaquea un poquito”.
¿Cómo intenta ayudarlo desde acá?
¿Qué pasó con las gestiones que hicieron durante el gobierno Petro?
“No nos fue tan bien. Yo entiendo que los militares no son del gusto de muchas personas, pero, como muchas veces lo dije en la Cancillería, aquí no estamos hablando de qué uniforme tiene usted, qué piensa usted, sino de que es un ser humano que está en una situación y requiere una atención, punto.
Aquí no somos abogados ni jueces, nosotros no estuvimos con ellos; sencillamente, una asistencia es lo que pedimos y, pues, no se dio de la mejor manera”.
¿Tiene visa para ir a verlo a Estados Unidos?
“No tengo, pero haré la gestión”.