Antes que el amor, fue el lugar, pues se necesitan muchas casualidades -Milan Kundera habla de seis en su novela La insoportable levedad del ser- para que dos personas coincidan en el mismo sitio en el preciso instante.
Ezequiel Benjumea, sin embargo, nunca ha hecho esas cuentas. El único cálculo exacto que guarda en su memoria es que llegó a la esquina de la carrera Bolívar con la calle Colombia hace 22 años como vendedor de mangos y que fue allí donde conoció a Libia Isabel Osorio, también “manguera”, a quien años más tarde convirtió en su esposa.
De esta historia de amor hay una testigo excepcional: La Gorda del parque Berrío o Torso de mujer, como llamó el artista Fernando Botero a esta escultura a la que nadie en Medellín identifica con el...